Años atrás por estas fechas, recuerdo que acudía al colegio con guantes y calado con una gorra hasta las orejas. Hacía un frío que pelaba. Ahora basta con salir a la calle para comprobar los efectos de un cambio climático cuyas consecuencias dilucidan los científicos. Entre tanto, Greenpeace dio ayer un golpe de efecto echando mano del Photoshop para tratar de visualizar lo que nos espera, según esta organización ecologista. El rigor científico de estas simulaciones resulta discutible, aunque es cierto que no buscan sentar cátedra. Más bien avisa de lo que podría suceder si se confirman las previsiones más pesimistas. Sólo esperamos que Greenpeace no desatine esta vez con sus pronósticos, como hizo en marzo al señalar que en la cuenca del Segura sobrarían 308 hectómetros anuales si cambiaba su gestión, cuando la realidad es que las aportaciones del río no llegan a los 200.
Llama la atención que hayan elegido el Ebro a su paso por Zaragoza -que sufre fuertes estiajes y también enormes riadas- para sostener sus tesis, con un mensaje subliminal antitrasvasista. Junto a eso, proyecta los desatinos urbanísticos de La Manga, con el efecto publicitario añadido sobre el patrimonio de los propietarios de la zona. Si bien es cierto que estudios científicos de hace 20 años ya avisaban del peligro, pero se ha construido más. ¿Alarmismo u oportunidad para cambiar las cosas? Ustedes verán.