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«La inteligencia sin compasión puede ser algo terrorífico»
Con 'Elogio de la curiosidad' cierra hoy el ciclo 'La nueva Torre de Babel', en el Aula de Cultura de Cajamurcia
10.10.07 -
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«La inteligencia sin compasión puede ser algo terrorífico»
DIVULGADOR. José Manuel Sánchez Ron. / MAITE BARTOLOMÉ
Es José Manuel Sánchez Ron uno de los divulgadores científicos más distinguidos del panorama nacional. Cierra hoy el ciclo La nueva Torre de Babel, en el Aula de Cultura de Cajamurcia, en Murcia, con una charla titulada Elogio de la curiosidad. Habla el autor de El futuro es un país tranquilo de inteligencia y compasión; curiosa e ilustrada argamasa.

- ¿Somos muy cotillas y muy poco curiosos en este país?

- En la ciencia, la curiosidad es sistemática y ordenada y sirve para intentar comprender cómo es el mundo, pero, teniendo en cuenta que, como país, nuestra relación con la ciencia no ha sido especialmente satisfactoria, no podemos considerarnos una nación sanamente curiosa. Quizá por eso somos más cotillas que curiosos.

- Y, ¿cómo estimular, la curiosidad entre los ciudadanos?

- La curiosidad sana consiste en hacerse preguntas, buscar respuestas y contrastarlas después. Deberíamos enseñar a los niños, y también a los universitarios, a preguntar. Como profesor de Universidad, una de las cosas que me encuentro todos los días es que los alumnos preguntan poco y son muy poco curiosos. Prefieren recibir el conocimiento adquirido a tratar de cuestionarlo.

- ¿La curiosidad nos hace libres?

- Sí, la ciencia es el instrumento que los humanos han creado que más libertades nos ha concedido. Nos proporciona, por ejemplo, libertad frente a los mitos. Otra cosa es que nos haga más felices porque la curiosidad no necesariamente va relacionada con la satisfacción; es muy posible que con lo que nos topemos ni nos satisfaga ni nos haga dichosos en absoluto. La ciencia no nos asegura, ni mucho menos, que vayamos a tener otra vida después de la muerte..., eso no nos hace más felices, pero sí más dignos.

- Pues el refranero dice aquello de 'la curiosidad mató al gato'...

- Ya. Para mi asombro, las definiciones de curiosidad en el diccionario de la Academia se refieren a la mala curiosidad; mientras que el Diccionario de Autoridades sí se refiere a la sana curiosidad. Quizá sea un término con mala prensa.

- ¿Qué le provoca una intensa, inevitable curiosidad a Sánchez Ron?

- No tengo ninguna curiosidad por saber lo que hacen o piensan la gente con la que no me relaciono y me gustaría saber contestar a todas las preguntas que me plantea la curiosidad por la naturaleza. Creíamos que, más o menos, sabíamos la composición del Universo y en los últimos años se ha descubierto que conocemos muy poco, que no sabemos qué es y de qué está compuesta la materia oscura, que constituye la mayor parte del Universo.

- ¿Y qué le provoca una total indiferencia?

- Más que indiferencia..., repulsión: la insana curiosidad que se muestra en todos esos programas basura de televisión. Pero la sana curiosidad ha sido el motor de la humanidad y de la historia y sin ella continuaríamos como los primeros homínidos; no habríamos inventado ni la rueda ni sabríamos nada sobre el origen de las enfermedades.

- La ciencia y la moral andan en ocasiones a la greña, por ejemplo en temas como la investigación de células madre...

- Satisfacer nuestra curiosidad nos lleva a mundos que nos plantean problemas con respecto a los códigos morales que habíamos establecido. La cuestión es si queremos mantener esos códigos o adecuarlos a las nuevas posibilidades. Pero no todo valor heredado debe ser un valor que hay que mantener a toda costa; algunos sí y otros no. No quiero decir que todo lo que es posible deba ser realizado, pero no todos los códigos morales son un argumento válido. Satisfacer la curiosidad nos plantea problemas de índole moral tan vivos como interesantes.

- ¿Los científicos son los nuevos héroes del siglo XXI?

- Cuando miro a mi alrededor veo que no. La discusión mayoritaria en nuestro país, para mi disgusto, no es sobre la ciencia, la cultura o la literatura sino sobre la política, sobre una política entendida, a mi juicio, de una manera muy pobre. En el siglo XX la ciencia ha sido la gran protagonista. En el último número del siglo XX la revista Times eligió al hombre del siglo: Albert Einstein y los finalistas fueron Gandhi y Roosvelt. Vivimos en un tiempo inmerso en una revolución científica que tiene su epicentro en las ciencias biomédicas, que hablan de todos nosotros, pero no parece que en este país eso nos preocupe mucho.

- ¿Somos los ciudadanos conscientes de lo que se cuece en los laboratorios?

- No del todo, pero sí más que en el pasado. Las noticias sobre resultados científicos, sobre todo en los periódicos más que en la televisión, son más normales. También cada vez se publican más libros, buenos libros, de divulgación científica. Pero todavía existe ese 'yo soy de letras' que es un tanto ridículo en gente culta, como si uno de ciencias no supiese quien es Proust o Neruda. La educación científica de la mayor parte de la sociedad es muy limitada pero existen mayores facilidades de acceso.

- Craig Venter, asegura haber construido un cromosoma sintético en un laboratorio. ¿Es tan asombroso como parece?

- Sí, asombroso y peligroso. Construir quiere decir diseñar y como los cromosomas son las unidades hereditarias que condensan las instrucciones con las cuales se va a fabricar el ser vivo correspondiente, es algo muy preocupante porque la ciencia nos está dando instrumentos para intervenir en la evolución de las especies, que pueden provocar enormes desigualdades sociales. El conocimiento, a veces, da miedo.

- Vamos, que no nos vamos a quitar de encima en mito del científico loco...

- Esa imagen, en cualquier caso, es injusta. Si compramos cómo vivía un rey hace tres siglos y cómo viven ahora una buena parte de los ciudadanos, no hay duda: vivimos mejor que Felipe II y la razón no está tanto en la mejora de los derechos civiles como en los conocimientos científicos que tenemos y gracias a ellos vivimos más y mejor.

- ¿Es optimista?

- Bueeenooo...., no demasiado. Cuando veo la condición humana, cuando veo la política entendida en su sentido más innoble, los millones de usuarios de programas basura, el tratamiento que damos al planeta pese a las muy preocupantes evidencias que existen..., eso, desde luego, no me hace ser muy optimista.

- Ahora hay un científico, Bernat Soria, sentado en el Consejo de Ministros, ¿qué le parece?

- No es el primero porque Javier Solana era físico de materia condensada. Pero me parece muy bien y, sobre todo, en un campo como la salud pública en un momento de revolución tecnocientífica asociada a las ciencias biomédicas. Es magnífico que haya científicos en el Gobierno y debería haber más en el Congreso de los Diputados, en el que pocas veces se habla de ciencia. Y si no hay científicos si debería haber asesores que provengan del mundo de la ciencia y de otras muchas áreas. Lo terrible es que la política se convierta en una profesión y no en una reunión de profesionales de diferentes ramas que representan al pueblo.

- ¿Los científicos deberían salir de los laboratorios?

- Sin duda y salen cada día más.

- Y, ¿a usted le han tentado?

- Bueno, siempre he intentado esquivar la tentación.

- Usted es académico de la RAE, ¿cuál es su palabra fetiche?

- Compasión..., también inteligencia. La compasión con la inteligencia combina muy bien, de la misma forma que inteligencia sin compasión puede resultar terrorífico.

- ¿Nos hace falta compasión?

Absolutamente.

- ¿Quién ha sido el gran curioso?

- Probablemente Aristóteles, qye escribió sobre biología, matemáticas, astronomía, filosofía; se asomó a casi todos los campos de lo que hoy llamamos el saber o el conocimiento y, sin duda, tuvo que ser un gran curioso.

- Recomiéndeme un libro para aprender a ser curioso

- Para ser curioso y, a la vez, compasivo, cualquier libro de un biólogo, gran divulgador y escritor, Stephen Jay Gould, y, en concreto, La falsa medida del hombre.


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