Miércoles, 11 de abril de 2007
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Publicado: 13:00

el bando de la huerta
La reina infantil se sacó la espina
La cabeza del Bando de la Huerta se cerró con las carrozas de las representantes reales y sus damas
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La reina infantil de la Huerta, Isabel Baena Bernal, y sus catorce damas de honor, se pudieron sacar ayer la espina que tenían por no haber podido salir en el Bando infantil, el pasado lunes debido a la lluvia.
Las pequeñas huertanicas desfilaron ayer en el Bando de la Huerta de los mayores, bien guapas y sonrientes, cumpliendo su deseo más añorado: ser protagonistas del festejo más popular y representativo de Murcia.
También salió la reina mayor, Alicia Barquero, y sus catorce damas de honor, en una carroza que llevaba como respaldo una cómoda antigua. Otra de las carrozas que llamaron la atención durante el desfile fue la de las lavanderas. Aunque no es nueva, siempre impacta a la gente joven comprobar cómo lavaban sus antepasadas a la orilla de los azarbes y meranchos en una era en la que priman las lavadoras automáticas.
Las bolilleras también gustaron al público. Iban entrechocando sus palillos mientras tejían con la habilidad de auténticas arañas unos preciosos encajes en sus almohadillas. La plataforma que remedaba una taberna, con sus barriles de vino y con las mesas de morera para jugar al cinquillo, a la brisca o degustar unas buenas patatas con ajo fue otra de las estampas costumbristas que se recrearon.
Los de la peña El Carro, de Torreagüera, hicieron acto de presencia en el desfile, con diversidad de carruajes, rememorando los que se utilizaban en los distintos oficios y también para paserar por carriles y sendas de la huerta.
Un grupo de jinetes caracolearon a lo largo del recorrido demostrando que los equinos fueron animales apreciados y muy utilizados en la vida tradicional huertana.
Hubo cabezudos representando gusanos de seda porque esa fue la base de la economía de las familias huertanas durante siglos. Cuando se vendían los capillos, la familia conseguía un respiro económico y empleaban parte del dinero obtenido en comprar el ajuar para las hijas casaderas o levantar la barraca de los hijos.
Todas las raíces de la huerta, sus costumbres más ancestrales, fueron recreadas en un desfile colorista y alegre, en el que no faltó la música ni los bailes.
Un ceñil de sangre, como se llamaba a la rueda impulsada por el hombre o por un animal para sacar agua de las acequias o del río, salió impulsada por los pies de un huertano. El carretón del hilero, como se llamaba a los traperos, que a cambio de ropa vieja daban molinicos de aire y vasijas de cerámica, fue otra de las estampas recreadas durante el desfile.

 
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