Miércoles, 11 de abril de 2007
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Publicado: 10:31

fiestas de primavera
El Bando de la Huerta recupera sus raíces
La lluvia dio ayer una tregua a los miles de murcianos que disfrutaron con la jornada más huertana del año y con el colorido desfile
El Bando de la Huerta salió ayer con el sol iluminando todo su esplendor, contra todo pronóstico, y Murcia entera vibró con sus raíces hortelanas expuestas a través del gran cortejo costumbrista.
La Patrulla Águila de San Javier, formada por siete cazas, sobrevoló la Gran Vía desde el Puente de los Peligros hasta la Plaza Fuensanta, revistiendo el cielo con los colores de la bandera de España, como gallardo techo para el Bando de la Huerta, que busca su reconocimiento como festejo de interés turístico internacional.
Las miles de personas que estaban en la Gran Vía viendo el desfile giraron sus cabezas al cielo tan pronto sientieron el zumbido de los motores, y expresaron un gran «!oooh!» admirativo, mientras los aviones cruzaban el cielo con su estela roja y gualda.
Una gran plataforma con una pareja de huertanos gigantes en cartón piedra, levantando un tablacho, abrió el Bando de la Huerta 2007, que se caracterizó por una mayor abundancia de escenas costumbristas. Los tradicionales gigantes y cabezudos fueron precedidos por un grupo de dulzainas encabezadas por el pintor Víctor Rosique, autor del cartel del Bando de este año. La gran cesta de limones llevaba el ramaje un poco mustio, seguramente por la escasez de agua que aflige a la huerta.
La carroza del perráneo llevaba al panochista Francisco Rodríguez Gallardo esperfollando las suflamas del Bando, ayudado por Marita Abellán y el pequeño Álvaro García Ros, nieto del desaparecido panochista Pepe Ros, que emulaba a su abuelo con gracia y desparpajo.
Bailando iba el grupo folclórico Virgen de la Fuensanta, de la peña San Isidro La anocha, que demostró su veteranía y buen hacer en el revuelo de sus refajos y en la música de sus laudes y guitarras. La carroza de la peña El Almendro lució una sabrosa paella de arroz con serranas, mientras su presidenta Carmen Pérez y otros miembros de la peña se afanaban en lavar los caracoles, en vivo y en directo, o hacían cordeta.
El grupo de oficios de Cobatillas mostró como iban antiguamente los obreros por los carriles y sendas, montados en una bici y bien pertrechados con sus útiles de trabajo.
Su presidente José Antonio Sánchez mostraba con orgullo los pertrechos del lañaor, aquél que remendaba sartenes y cocios. También las herramientas del carpintero y del albañil, útiles que le ha costado un gran esfuerzo reunir.
No faltaron los animales en el Bando. Se lucieron hermosas vacas del terreno, esas de rojo pelaje de las que quedan pocas, y que con tanta fuerza tiraban de las carretas, o dejaban manar de su espléndidas ubres rica leche con la que criar a los zagales.
Francisco Buendía se lució con su toro amaestrado, llevando detrás a una joven emuladora sobre otro toro. La reata de 25 mulas epató al público, sobre todo a los más pequeños. Nunca habían visto nada semejante, y eso que no iban enganchadas en un carro de mucho peso, como era costumbre.
Las grandes reatas eran el equivalente a los grandes trailers de ahora. Las antiguas maquinarias, aquellas que asombraron a los huertanos cuando se comenzaron a comercializar, también pudieron verse. Desfiló una gran trilladora segadora, de la peña El Garabato, y una máquina de aventar en una plataforma que remedaba una era, con su burro comiendo paja y todo. También hubo un molino harinero.

 
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