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Voces en el desierto

El martes llega otro Día Mundial del Medio Ambiente. ¿Hay algo que celebrar? Reunidas por 'La Verdad', responden a esta pregunta veinte personas que trabajan con un fin común: conseguir un futuro más sostenible

Veinte representantes de entidades que trabajan con criterios sostenibles, reunidos por 'La Verdad'./Martínez Bueso
Veinte representantes de entidades que trabajan con criterios sostenibles, reunidos por 'La Verdad'. / Martínez Bueso
Miguel Ángel Ruiz
MIGUEL ÁNGEL RUIZ

El vuelo de un martinete común interrumpió durante unos segundos la sesión fotográfica convocada por 'La Verdad' en la Contraparada del río Segura (Murcia). No es fácil ver una de estas garzas de hábitos nocturnos. Un guiño inesperado de la naturaleza para un reportaje con motivo del Día Mundial del Medio Ambiente, que se celebra el martes. Las veinte personas que posaban para la cámara de Martínez Bueso al atardecer del pasado miércoles siguieron la trayectoria de la esquiva ave acuática con una sonrisa y quizá pensaron que su trabajo tiene sentido. Las botellas y otros residuos acumulados en el cauce, a pocos metros de distancia, también les recordaron que queda mucho por hacer.

Especialmente acuciada por el cambio climático, en un rincón de la península donde cada vez llueve menos y las temperaturas son más altas, la Región de Murcia está respondiendo al desafío de un futuro más sostenible con iniciativas que surgen desde la base de la sociedad. Una nueva infantería verde, sumada a las veteranas organizaciones ecologistas, que arrima el hombro desde diferentes ámbitos: el voluntariado, la empresa, la investigación, la ciencia ciudadana, la Justicia e incluso la administración. Algunas de esas voces en el desierto han aceptado la invitación de este periódico para reflexionar sobre el 'estado medioambiental' de la Comunidad Autónoma y situar las principales urgencias. Frenar la degradación del Mar Menor aparece como la necesidad más acuciante.

Precisamente como respuesta a la degradación de la laguna, hace casi tres años surgió la iniciativa medioambiental más relevante de la Región en los últimos tiempos: el Pacto por el Mar Menor, que reúne a más de mil personas y treinta y una organizaciones. Una plataforma social, horizontal e inclusiva, que ha convertido la contaminación del humedal en un problema internacional. Primero llevando su denuncia al Parlamento Europeo y después a través de un reportaje en la televisión pública alemana. «Creo que nuestra plataforma, junto con otros colectivos, ha contribuido a crear conciencia sobre este grave problema», opina Isabel Rubio, miembro del grupo de coordinación de una alianza que busca «establecer puentes entre la comunidad científica, representantes de grupos políticos y la sociedad civil para encontrar soluciones ante la entrada de nutrientes procedentes de la actividad agrícola que se ha instalado en el entorno del Mar Menor en las últimas décadas».

No solo la sociedad civil ha reaccionado ante el proceso de eutrofización de la mayor laguna salada de Europa. También la Justicia, después de una investigación de la Fiscalía que acabó hace unos meses con la imputación de 37 personas entre cargos políticos, funcionarios y empresarios agrícolas, por la contaminación del humedal. ¿Es la Región de Murcia un territorio abonado para los delitos ambientales? «El murciano, en general, es cumplidor de la normativa ambiental pero en casos de infracción la administración debe ser más eficaz en su sanción y en el restablecimiento de la legalidad», señala el fiscal de Medio Ambiente y Urbanismo del Tribunal Superior de Justicia, Miguel de Mata. «Hay que depurar burocracia porque no es admisible que se tarde años en sancionar las infracciones, y las sanciones han de ser eficaces, porque ocurre en muchos casos que la sanción es tan benévola que compensa la infracción», cree el fiscal, que considera necesario «hacer mayores esfuerzos para educar en valores y explicar las consecuencias de las agresiones al medio ambiente, pues nos va mucho en ello».

La denuncia pública ha sido uno de los medios tradicionales para avanzar en la protección del medio ambiente en la Región de Murcia ante la lentitud o desidia de la administración, la falta de normativa o directamente por su incumplimiento, como recuerda Rubén Vives, de Ecologistas en Acción, organización que cumple ahora dos décadas: «Estos años de lucha se han traducido en numerosos éxitos», relata, «y en una mayor concienciación ambiental que se refleja en la menor tolerancia a las agresiones y los desastres ambientales. Pero por desgracia no está todo ganado, ya que ahora estamos viviendo un retroceso institucional».

El papel de la administración

¿Están dando la talla las instituciones públicas de la Región, tradicionalmente criticadas por los ecologistas? «Actualmente se está haciendo un gran esfuerzo para la adecuada planificación de las áreas protegidas y la biodiversidad. Luego vendrá el reto de la gestión en base a esta planificación. En la Dirección General de Medio Natural se está realizando un trabajo ingente, y creo merecido reconocer el trabajo de un gran equipo humano, comprometido, que a menudo se enfrenta a situaciones complejas y delicadas», argumenta Andrés Muñoz Corbalán, director-conservador de los parques regionales de Sierra Espuña y Calblanque, dos de los espacios protegidos que soportan una mayor presión de visitantes.

«Y es que las áreas protegidas, que suponen en torno a un 25% de nuestro territorio, siguen generando demasiadas tensiones sociales y territoriales. Y esto es indicativo de que hay algo que tenemos que mejorar. Creo que, desde un punto de vista social, los espacios naturales son un escenario ideal para desarrollar nuevas fórmulas de gobernabilidad que ayuden a superar de una vez estas ya viejas tensiones a través de la participación real y efectiva de todos los implicados. Modelos de gestión como la Carta Europea de Turismo Sostenible están dando muy buenos resultados, incluyendo el desarrollo de una economía sostenible, activa y diversa», propone.

El auge del voluntariado es un motivo para el optimismo: ya sea recogiendo y documentando basuras marinas (Ambiente Europeo), estudiando el caballito de mar (Hippocampus) o reforestando (ARBA)

Esta idea la cogió al vuelo hace tiempo Andrés García Lara, propietario de la Hospedería Bajo el Cejo, que ha situado su alojamiento de El Berro, en Sierra Espuña, en el 'top ten' de los hoteles con encanto más apreciados de España. Lo dicen sus clientes y lo confirma TripAdvisor, la Biblia del viajero bien informado. «Hablar de sostenibilidad está de moda; lo difícil es ser coherente con tus hechos, y esa es la mejor herramienta para atraer al turista de calidad, respetuoso con la naturaleza. Nuestro territorio dispone de unas buenas condiciones para ser comercializado, pero debemos colaborar con la población local para que se siga manteniendo el paisaje agrícola, las costumbres, el comercio... Lo que nunca deberíamos hacer es poner solo el foco en el desarrollo turístico de la zona sin tener en cuenta la naturaleza, las necesidades de su gente o el paisaje». Palabra de un empresario turístico que recibe al cliente como a un amigo y le ofrece una experiencia inolvidable. El revitalizante zumo de manzana y mandarina en el desayuno ayuda.

Otro ejemplo admirable de compromiso con el medio ambiente y el consumo responsable: Foodtopia, un proyecto de «economía local resiliente» que combina producción agrícola, transformación y distribución de alimentos a escala de barrio. Kilómetro cero puro y duro. Cuenta con tres locales (Parque Científico de Espinardo, Polígono Industrial Oeste y barrio del Carmen de Murcia) donde se despachan platos de cocina tradicional que cuestan entre uno y dos euros y medio. Comida saludable sin generar residuos.

«Una familia de cuatro miembros al borde de la exclusión gasta al mes 720 euros en alimentarse. De ese coste, solo 320 euros son comida, el resto es basura: botellas de plástico, envases... Pagamos por la comida seis veces su valor», avisa Jesús Pagán, fundador de Foodtopia junto a Norberto Navarro, Leopoldo Torriti y Jesús Linares. «Aunando conocimiento y experiencia demostramos que es posible hacer las cosas de otra manera», asegura este ingeniero térmico que ve perdida la batalla por hacer del planeta un lugar más acogedor: «La dieta diaria consume más de un tercio de la energía mundial y es responsable de la mitad de las patologías climáticas, genera un increíble gasto sanitario y es el principal motor de la exclusión social. Solo nos queda la resiliencia [capacidad de los seres humanos para adaptarse positivamente a situaciones adversas]», sentencia.

Los residuos plásticos y las basuras marinas se han convertido en una de las grandes amenazas ambientales de nuestro tiempo. La asociación Ambiente Europeo trabaja para acabar con la plastificación de los océanos organizando recogidas en zonas costeras y buscando soluciones en origen, sobre todo con pescadores y agricultores. Hay motivo: solo la Marina de Cope (Águilas y Lorca) acumula el 67% de los residuos plásticos en la costa de la Región.

El auge del voluntariado es un motivo para el optimismo. Con casi cincuenta socios, enorme voluntad y casi sin medios, la asociación Hippocampus, que preside Cristina Mena, lleva once años estudiando el caballito del Mar Menor y divulgando la singularidad de esta especie. Por desgracia, sus esfuerzos revelan datos preocupantes: de una población estimada de 196.000 hipocampos en 2012 se ha pasado a 3.640 en la actualidad.

Ciencia ciudadana

Otro caso modélico de ciencia ciudadana es el Anuario Ornitológico de la Región, que coordina desde 2001 el educador ambiental Ángel Guardiola cubriendo así una importante laguna de conocimiento: 541 colaboradores han alimentado en este tiempo una base de datos abierta en internet que acumula más de 10.000 citas de aves de 357 especies en 42 municipios.

El pujante movimiento reforestador también se nutre de amantes de la naturaleza que aportan su tiempo y su trabajo de forma altruista. La Asociación para la Recuperación del Bosque Autóctono (ARBA) es un buen ejemplo. Su grupo de Cartagena, que coordina el profesor José Luis Sánchez Vidal, está compuesto por diez entusiastas que reciben el apoyo de decenas de personas cuando se convocan plantaciones, riegos, recogidas de semillas o siembras en viveros. «En unas condiciones durísimas estamos consiguiendo unas tasas de supervivencia altísimas, en torno al 95% de lo plantado. Para la próxima temporada tenemos planificada la restauración ambiental de la zona incendiada en 2011 en la Sierra de la Muela. Durante cuatro años y en unas seis hectáreas se sustituirá la pinada de repoblación, muy pobre ecológicamente y muy susceptible de sufrir incendios forestales, por un bosque diverso en el que van a crecer, junto a algunos pinos, cipreses de Cartagena, lentiscos, coscojas, palmitos, enebros, acebuches, aladiernos y madroños», explica.

«En muchos casos la sanción es tan benévola que compensa la infracción», advierte el fiscal de Medio Ambiente

También vela por la vegetación, aunque de menor porte, la investigadora de la Universidad Politécnica de Cartagena María José Vicente, inmersa en los proyectos de recuperación de tres especies de flora amenazadas: el garbancillo de Tallante, la jara de Cartagena y la manzanilla de Escombreras. «Las medidas de recuperación y conservación de la fauna amenazada despiertan más simpatía y voluntades que las encaminadas a la protección de la flora, casi siempre desconocida para la población que la tiene que proteger», se lamenta la profesora.

La preocupación por el medio ambiente se traduce también en colectivos que se preocupan por unas ciudades más amables, como Murcia en Bici, que cumple quince años promoviendo el uso de las dos ruedas como vehículo urbano. «Cada vez se hacen más desplazamientos en bici para ir a trabajar, a la Universidad, al colegio e incluso a comprar, pero es una pena que muchos lo hagan por la acera, por sentirse inseguros e incluso intimidados en la calzada por el vehículo a motor. Necesitamos más infraestructuras y más seguras para que el usuario de la bicicleta se sienta seguro», denuncia Dori Romero, secretaria de la asociación.

Las ciudades, donde vive la mayor parte de la población, se construyen y planifican con escasos o nulos criterios medioambientales, en opinión del arquitecto Pablo Carbonell, fundador del estudio Ecoproyecta, que apuesta por cuidar el paisaje, la movilidad sostenible, la calidad del espacio público y la integración de la naturaleza en las áreas urbanas: «Si algo podemos aprovechar en nuestra región es la herencia cultural de la ciudad mediterránea, vinculada a un uso habitual y próximo del espacio público, así como a un paisaje productivo, como es la huerta, que históricamente ha logrado un cierto equilibrio entre la naturaleza y el hombre».

Precisamente, la Asociación para la Conservación de la Huerta y el Patrimonio de Murcia (Huermur) surgió como reacción ante las agresiones a este paisaje tradicional del entorno de la capital. El entubado de acequias, la tala de árboles y el abandono de infraestructuras hidráulicas han encontrado una dura oposición en un grupo de jóvenes que lleva diez años batallando contra el Ayuntamiento y la Junta de Hacendados. «Hoy la huerta está en la agenda pública y política, hemos conseguido proteger numerosos elementos patrimoniales y salvar zonas de huerta. También se han conseguido victorias judiciales que sientan un precedente, pero hay que seguir defendiendo este legado milenario, porque la huerta es lo que nos define históricamente», mantiene el presidente de Huermur, Sergio Pacheco.

La huerta de Murcia es también uno de los ámbitos de actuación de la asociación Columbares, una organización surgida en los años setenta del siglo pasado a partir de los movimientos vecinales que cuenta con una importante cartera de proyectos ambientales, coordinados por la bióloga Carmen Molina. La recuperación de la anguila en el río Segura y la red de regadío tradicional, la defensa de la pesca artesanal y el programa Hogares Verdes son algunas de sus iniciativas más relevantes.

La óptica del Bioderecho

Desde el punto de vista legal, la Región de Murcia no ha cumplido ni siquiera unos mínimos, según la profesora de Derecho Administrativo de la UMU Blanca Soro: «Se observa una desconsideración absoluta de los derechos de los grupos vulnerables y de las generaciones futuras. Demasiados daños ambientales, demasiado tiempo perdido», pone el dedo en la llaga esta experta en Bioderecho. ¿Qué hacer? «Dotar de más medios personales a las consejerías con competencias ambientales, ejercer las competencias normativas, aprobar urgentemente los planes de gestión de espacios naturales, que prevalezca el interés general sobre intereses particulares, repensar la agricultura intensiva y el urbanismo desmedido, apostar por la economía circular y afrontar desde todas las políticas el reto del cambio climático». Que alguien tome nota.

Una receta compartida por el abogado Eduardo Salazar, que ha ayudado a tumbar proyectos amenazantes contra el patrimonio natural y cultural, como el 'parking' de San Esteban, la actuación de interés regional Marina de Cope y la recalificación de la urbanización Joven Futura -aunque en este caso la sentencia llegó tarde, con los edificios ya construidos en un espacio protegido de la huerta de Murcia y cientos de personas viviendo en ellos-. «Hay que incentivar la participación ciudadana y fortalecer la respuesta judicial, además de dar la palabra a los extraordinarios técnicos que tenemos en la Administración ambiental», aconseja.

También es muy crítica la investigadora Julia Martínez, que ha censurado el modelo de desarrollo económico de la Región desde el Observatorio de la Sostenibilidad y la Fundación Nueva Cultura del Agua, radicada en Zaragoza y una de las entidades más críticas con los trasvases y en general con la gestión de los recursos hídricos en el levante: «Nos hemos empeñado en depender de los recursos que no tenemos con un regadío que duplica los recursos disponibles, agota manantiales, sobreexplota acuíferos, mantiene los caudales del Segura y otros cauces bajo mínimos y nos hace más vulnerables frente al cambio climático», denuncia.

Una CHS más verde

La escasez de agua y una nueva mirada de la sociedad, más preocupada por la sostenibilidad, imponen un nuevo paradigma. También en órganos de la administración como la Confederación Hidrográfica del Segura, donde el ingeniero Eduardo Lafuente sintetiza ese cambio de chip. «Con la Directiva Marco del Agua entra en juego una nueva demanda ambiental: los caudales ecológicos y el buen estado de las masas de agua», explica el coordinador del proyecto Segura Riverlink, en su día un «exotismo» dentro de un organismo como la CHS que ha supuesto la eliminación de barreras en el cauce para la libre circulación de los peces y la recuperación de bosque de ribera mediante acuerdos de custodia de territorio.

El director de la Asociación de Naturalistas del Sureste (ANSE), Pedro García, es una de las voces más autorizadas para resumir el papel de los movimientos conservacionistas en la Región de Murcia. Al frente de una organización con 45 años de historia, asegura que todas sus actuaciones han estado encaminadas hacia «un futuro sostenible desde un punto de vista ambiental y social; implicándonos en la búsqueda de alternativas; buscando alianzas; desarrollando proyectos demostrativos que implican a múltiples sectores imprescindibles para el cambio; velando por el cumplimiento de las leyes de defensa de la naturaleza, el medio ambiente y las personas; y confiando en que el tiempo y el trabajo responsable y respetuoso terminarán dando sus frutos». Así sea.

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