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El plan de recuperación de aves esteparias propone ampliar los espacios protegidos

Ejemplar de avutarda, el ave de mayor tamaño de la península ibérica, presente en el Altiplano./RAMÓN NAVARRO
Ejemplar de avutarda, el ave de mayor tamaño de la península ibérica, presente en el Altiplano. / RAMÓN NAVARRO

Medio Ambiente constata que la mayoría de las especies viven fuera de las zonas ZEPA, que deberían crecer en miles de hectáreas

Miguel Ángel Ruiz
MIGUEL ÁNGEL RUIZ

Las aves esteparias se salen de los espacios protegidos para conservar sus poblaciones en la Región. Algunas de las más amenazadas, como la alondra ricotí, la avutarda, el sisón, la ortega y el cernícalo primilla, viven en su mayor parte fuera de las Zonas de Especial Protección para las Aves (ZEPA), lo que hace necesario ampliarlas o crear otras nuevas para evitar su extinción. Esta es una de las principales conclusiones del plan de recuperación elaborado por la Dirección General de Medio Natural, un documento técnico que se expuso el pasado martes en el Consejo Asesor de Medio Ambiente y que recorre los últimos pasos de su tramitación antes de ser aprobado.

Poco conocidas y estudiadas, las esteparias forman uno de los grupos de aves más amenazados. Su escasa popularidad nunca ha generado un gran interés para protegerlas. De diferentes tipos y costumbres, coinciden en que utilizan zonas llanas durante su ciclo vital, tanto naturales -saladares y zonas de matorral bajo- como campos de cultivo de secano. El abandono del medio rural les perjudica porque necesitan amplios terrenos abiertos con vegetación de escaso porte. Otra causa de su declive ha sido la caza, hasta que se prohibió s u aprovechamiento cinegético a principios de los años ochenta del siglo pasado.

El ámbito territorial del plan elaborado por los técnicos de fauna de la Consejería coincide total o parcialmente con ocho zonas ZEPA y diez Lugares de Importancia Comunitaria (LIC), pero gran parte de las 95.414 hectáreas idóneas para la conservación o expansión de nuevas poblaciones están fuera de estas áreas. Las cinco zonas protegidas como ZEPA por su interés para las esteparias solo suman 38.000 hectáreas. Son las Estepas de Yecla; Sierra del Molino, Embalse del Quípar y Llanos del Cagitán; Saladares del Guadalentín; Llano de las Cabras; y Humedal de Ajauque y Rambla Salada.

Para garantizar la supervivencia de las aves esteparias habría que proteger también los enclaves de La Barahonda (Jumilla); Cañadas del Águila y de Albatana (Jumilla); Herrada del Manco (Yecla); Campo de El Ardal (Jumilla y Yecla); Solana del Picarcho (Cieza y Jumilla); Zarcilla de Ramos-La Fuensanta (Lorca); El Sabinar-Campo de San Juan (Moratalla); y Campos de Caravaca de la Cruz y Moratalla. Amplias zonas que suman decenas de miles de hectáreas en el Altiplano, Noroeste, Lorca y Cieza.

El programa de actuaciones identifica trece áreas esteparias en la Región de Murcia y veinte especies, siete de ellas tan escasas que precisan de medidas concretas para garantizar su conservación: avutarda, sisón, ortega, ganga común, cernícalo primilla, aguilucho cenizo y alondra ricotí. La Red Natura 2000 ofrece una «cobertura insuficiente» para estas especies, según el plan de recuperación, porque algunas de las áreas más importantes para su conservación no fueron declaradas ZEPA en 2000 y 2001, y varias de las zonas que sí fueron protegidas han permanecido sin el desarrollo de la normativa legal.

«El resultado práctico es que queda en manos de particulares la gestión de los territorios, con muchas menos posibilidades de financiación y con un aumento en las cargas sociales sobre las propiedades privadas, lo que influye en una peor percepción de la conservación y de los beneficios de la biodiversidad, además de afectar a la viabilidad de las poblaciones de aves», advierte el documento.

Medio agrario en buen estado

A la complejidad de gestionar la subsistencia de unas aves que necesitan de un medio agrario en buen estado se añade la dificultad añadida de que la mayoría se mueven en zonas sin protección ambiental. «Esta excesiva dependencia del hábitat de los gestores privados debe ser reducida y compartida con la administración para mejorar las prácticas y rebajar la presión que soportan los agricultores», proponen los técnicos.

Porque estas especies no solo viven en espacios naturales, sino también en cultivos herbáceos y de cereales. De hecho, de las 95.414 hectáreas localizadas como hábitat de estas aves, más de 9.000 son agrícolas, propiedad de más de cien profesionales del campo que recibirán ayudas económicas de la Comunidad Autónoma procedentes del Plan de Desarrollo Rural (PDR). Algo más de nueve millones de euros, durante un periodo de cinco años, en compensación por el desarrollo de buenas prácticas agroambientales en sus tierras.

El Plan de Recuperación de Aves Esteparias llega con veinte años de retraso. Cuando se apruebe en Consejo de Gobierno -aún tiene que ser revisado por el Consejo Económico y Social y los Servicios jurídicos de la Comunidad Autómoma- se unirá a otros programas de conservación en marcha: los del águila perdicera, la nutria, el fartet y la malvasía cabeciblanca (fauna) y el narciso de Villafuerte, brezo blanco, jara de Cartagena, sabina de las dunas, ortiga en flor y garbancillo de Tallante (flora).

Los parques solares, una nueva amenaza

La Oficina de Impulso Socioeconómico del Medio Ambiente (Oisma), que depende de la Dirección General de Medio Natural, propone un catálogo de medidas para acabar con las amenazas tradicionales de las esteparias. Las principales son la ocupación o destrucción de su hábitat, la transformación de cultivos de secano en regadíos, la reforestación de zonas agrícolas, el uso de fertilizantes y productos fitosanitarios de forma indiscriminada, el empleo poco cuidadoso de maquinaria, los cambios en la gestión ganadera, las nuevas infraestructuras y los desarrollos urbanísticos. También los tendidos eléctricos y los parques eólicos y solares. Especialmente estos últimos, avisan los expertos, porque seleccionan como ubicación precisamente zonas esteparias -amplias y llanas-, «de manera que compiten directamente con las aves por el uso del espacio».

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