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El Ministerio identifica la Región como un punto negro de electrocución de rapaces

Un ejemplar de busardo ratonero electrocutado en una línea que pasa por Gea y Truyols (Murcia)./LV
Un ejemplar de busardo ratonero electrocutado en una línea que pasa por Gea y Truyols (Murcia). / LV

Un estudio cifra en más de 7.000 las aves que caen cada año en los tendidos eléctricos, pero la Comunidad solo admite 588 entre 2012 y 2016

Miguel Ángel Ruiz
MIGUEL ÁNGEL RUIZ

Un informe oficial aporta datos por primera vez sobre el número de rapaces que mueren cada año en los tendidos eléctricos: casi 33.000 en toda España, de acuerdo con una investigación elaborada por dos ingenieros de montes del Ministerio de Medio Ambiente (M. Ángeles Soria) y la empresa pública Tragsatec (Francisco Guil Celada). Un problema muy grave para la conservación de 24 especies de aves que tienen su principal amenaza en los apoyos electrificados en los que se posan para descansar o comer una presa, o incluso establecer un nido. En el caso del águila imperial, el águila perdicera y la avutarda hubara canaria, estos accidentes suponen su principal causa de mortalidad.

La Región de Murcia destaca en este estudio como el segundo punto negro de la península, con más de 7.000 ejemplares caídos anualmente por electrocución, choque o enganche con cables. Solo Zaragoza tendría un balance más siniestro, con 8.222 rapaces, Segovia estaría por debajo con 6.492 y ya a bastante distancia, Ciudad Real (2.527), Valladolid (2.308) y Toledo (1.939). En toda Andalucía solo se registrarían 689 casos, y 362 en la Comunidad Valenciana.

Unas cifras alarmantes que la Comunidad Autónoma no acepta como válidas. La Consejería de Turismo, Cultura y Medio Ambiente solo ha contabilizado 588 aves muertas en el periodo 2012-2016, el 91% de ellas rapaces, lo que supone una media de 107 al año. La Administración regional admite que estos datos podrían elevarse aplicando la tasa de desaparición -el número de ejemplares que no son encontrados por efecto de los depredadores u otros motivos-, pero que en cualquier caso los resultados del estudio «no parecen muy ajustados a la realidad».

Los autores del informe, que se expuso en el VII Congreso Forestal Español, no han hecho trabajo de campo en la Región, sino que han extrapolado los resultados de muestreos practicados en Castilla-La Mancha: la tasa de mortalidad y año se calculó en Albacete, «que también aparece con un nivel alto de riesgo y que cuenta con una red de tendidos eléctricos semejante a la de Murcia», y la tasa de desaparición se analizó en Ciudad Real y Toledo a lo largo de doce meses de seguimiento, explica a 'La Verdad' uno de los responsables de este trabajo, Francisco Guil.

Porque las aves encontradas al pie de los postes son solo una parte de las que pierden la vida electrocutadas. Los investigadores aseguran que han aplicado una tasa muy conservadora -la desaparición anual del 9,5% de los cadáveres-. Con el porcentaje que aplican otros técnicos -el 15%-, el total de rapaces muertas al año se elevaría hasta casi 78.000, advierten.

Los datos obtenidos se extrapolaron en función del número de apoyos eléctricos potencialmente peligrosos de cada comunidad, lo que explicaría cifras tan bajas en algunas comunidades como Andalucía y Valencia: los que no cumplen con el Real Decreto 1432/2008, que solo contempla los situados en espacios protegidos -Zonas de Especial Protección para Aves (ZEPA) y áreas prioritarias de conservación-. La Región de Murcia cuenta con 9.830 de estas estructuras en espacios críticos, el décimo mayor número de España.

«Estos datos proceden de una metodología elaborada a nivel nacional que extrapola el número de apoyos que no cumplen con la normativa y por tanto son susceptibles de provocar mortandad . Murcia ha hecho un estudio muy exhaustivo de todas las líneas y por ello puede ser que tengamos un porcentaje alto sobre el total nacional, aunque el dato que nos asignan, dada la metodología empleada, nos parece bastante excesivo», argumenta el Gobierno regional.

Un águila imperial 'cuesta' 140.000 euros

El estudio -titulado 'Primera aproximación general al impacto provocado por la electrocución de rapaces: incidencia sobre las aves e impacto económico asociado'- cuantifica el valor de la pérdida de biodiversidad provocada por los accidentes en tendidos eléctricos. Los autores aplican el índice MORA -Modelo de Oferta de Responsabilidad Ambiental-. Esta guía del Ministerio de Medio Ambiente asigna los siguientes 'precios': águila imperial, 139.290 euros; águila real y buitre negro, 92.860; águila perdicera, halcón peregrino y alimoche, 46.430. De este modo, el impacto económico anual sería de unos 141 millones al año en toda España y de 4,3 en la Región de Murcia.

El estudio no incluye datos de País Vasco, Navarra, Extremadura, Baleares, Canarias y Madrid, que no aportaron al Ministerio información sobre sus apoyos peligrosos para las aves.

Francisco Guil defiende el rigor de su método pero reconoce el esfuerzo de Murcia por corregir líneas eléctricas peligrosas: «Es una de las comunidades autónomas que más y mejor ha trabajado con los tendidos y desde hace 15 años ha realizado un enorme esfuerzo en la reducción de la mortalidad por electrocución, aprovechando múltiples fondos y fuentes de financiación». El ingeniero de montes de Tragsatec se refiere a los diferentes proyectos Life desarrollados en zonas ZEPA y al decreto regional que regula el diseño de los tendidos eléctricos de alta tensión de nueva instalación para que sean seguros.

Uno de los proyectos Life para la mejora de tendidos eléctricos en la Región de Murcia sirvió para corregir más de mil apoyos, con la ayuda técnica y financiera de Iberdrola, en las zonas ZEPA de Sierra Espuña, Gigante, Mojantes, La Muela-Cabo Tiñoso y El Valle. «Nos parece una cifra desproporcionada y que no responde a la realidad», señala un portavoz de la compañía eléctrica. «Cada vez que encontramos un ave muerta la entregamos al Seprona o a Medio Ambiente y corregimos el apoyo», asegura. «Quedan algunos puntos negros, pero se está trabajando constantemente», insiste Iberdrola.

Salvapájaros en los cables

Iberdrola enumera algunas de las medidas aplicadas para reducir el impacto de los tendidos en la avifauna: colocación de elementos disuasorios como pirámides, paraguas y crucetas de sección tubular, forrado de puentes y conductores, cambio de configuraciones en las crucetas y colocación de elementos especiales en los conductores -los llamados salvapájaros- para evitar colisiones.

Para la sociedad científica y conservacionista SEO/BirdLife, promotora de la plataforma SOS Tendidos, el informe «se queda muy corto» porque no solo faltan datos de varias comunidades, sino que no se analizan los tendidos situados fuera de zonas protegidas, «algunos de ellos muy peligrosos», lo que elevaría el número de aves electrocutadas cada año a «cientos de miles», asegura Nicolás López, responsable del Programa de Conservación de Especies Amenazadas de esta ONG. «Nosotros nos basamos en la mortalidad registrada en los centros de recuperación de cadáveres y animales recogidos todavía con vida cuya causa de ingreso es la electrocución. A todos ellos habría que sumar todas las aves ingresadas por colisión», defiende.

Informe completo en este enlace.

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