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«Me he enamorado de la Marina de Cope. Estos pequeños paraísos los tenemos que preservar»

Isabel Muñoz (d) da instrucciones durante una sesión de fotos, el martes pasado en El Cantal (Lorca)./MARTÍNEZ BUESO
Isabel Muñoz (d) da instrucciones durante una sesión de fotos, el martes pasado en El Cantal (Lorca). / MARTÍNEZ BUESO

La prestigiosa fotógrafa Isabel Muñoz, ganadora de dos premios World Press Photo, denuncia la amenaza de las basuras marinas con una serie localizada en la costa de Águilas y Lorca

Miguel Ángel Ruiz
MIGUEL ÁNGEL RUIZ

Una de las miradas más sensibles e inteligentes de la fotografía española se ha enamorado de la Marina de Cope. De su paisaje árido, de sus playas solitarias, de su impronta todavía auténtica. «Es como una tierra de Robinsones», resume impactada Isabel Muñoz (Barcelona, 1951), que ha recorrido el mundo buscando con su cámara el misterio del hombre –de Papúa Nueva Guinea a Etiopía, de Borneo al Congo, de Irán a Camboya– y sin embargo ha encontrado en la costa de Águilas y Lorca un territorio vibrante y primigenio que la ha sacudido. «¿Cómo no conocía yo esto? A veces no hay que irse tan lejos para descubrir lugares mágicos. ¡Qué poco sabemos!», admite la ganadora de dos premios World Press Photo (2000 y 2005) y de la Medalla de Oro al Mérito en Bellas Artes (2009), cubierta de ropa de arriba a abajo para proteger del sol su piel, que acusa la excesiva exposición al nitrato de plata durante décadas de revelado artesanal. 

Isabel Muñoz, pelo negrísimo y entusiasmo juvenil, conversa con 'La Verdad' en la aldea lorquina de El Cantal, desde donde se otea la silueta grisácea de Cabo Cope y la línea de trece kilómetros de calas que se suceden hasta el Lomo de Bas. Está a punto de sumergirse en la piscina de la Asociación de Turismo Activo Marina de Cope para trabajar en una idea que le propusieron hace apenas unos días y que le enganchó al instante, tanto como para interrumpir su colección de retratos de grandes simios, el proyecto que –admite– le ha cambiado la vida. Por encargo de la Asociación Ambiente Europeo, que dirige desde Murcia el abogado Daniel Rolleri, la autora de series sobre el cuerpo, la danza, la infancia y las mujeres ha asumido el reto de documentar el problema de las basuras marinas.

–¿Eso le ha traído hasta aquí? 

–Fue por una conversación con Jero [Jerónimo Molero, documentalista y colaborador de Ambiente Europeo]. Cuando me comentó lo que estaba sucediendo con el plástico y el mar, cómo se estaba contaminando el medio marino y afectando a los peces, y que nosotros, nuestros hijos y nuestros nietos nos estamos comiento ese plástico, realmente eso me hizo ¡dum, dum dum!

Los desechos procedentes de la agricultura, las botellas y bolsas que abandonamos en las playas o tiramos desde los barcos, los aparejos de pesca perdidos... Una marea tóxica, global e incontrolada que se alimenta cada día con ocho millones de residuos y que Isabel Muñoz va a denunciar en un reportaje realizado bajo el agua. Sus protagonistas serán los propios habitantes de un territorio muy castigado por esta invasión de plásticos, convertidos por la fotógrafa en un 'atrezzo' sugerente para 'vestir' o acompañar a las personas en imágenes que reunirán aspectos presentes en toda su obra:el cuerpo, el retrato, la sensualidad y el amor por la danza.  

–Tuberías y plásticos de invernaderos, redes, bolsas, latas y botellas asfixian nuestros mares. ¿Qué dice esto de nosotros? 

–Es un tema cultural y hay que aprender. Hay cosas con las que tú naces:la forma de amar, de respetar al otro... Pero no todo el mundo nace con la conciencia medioambiental. Hasta que me explicaron lo que ocurría con las basuras marinas, yo no era consciente del problema. Lo que sí me preocupa es conocer una cosa y darle la espalda. Tenemos que enseñar a la gente, es una obligación.

Una de las fotografías de la serie 'Agua', cedidas por la autora a 'La Verdad'.
Una de las fotografías de la serie 'Agua', cedidas por la autora a 'La Verdad'. / ISABEL MUÑOZ

Diez millones de toneladas de residuos cada año

Algunos de los datos que han removido por dentro a Isabel Muñoz: más de diez millones de toneladas de basuras van a parar cada año a los mares de todo el mundo, que sin embargo proporcionan el 70% del oxígeno y suponen el 95% del espacio disponible para la vida. Centrando el foco en la Marina de Cope, el enclave elegido por Isabel Muñoz para llamar la atención sobre esta amenaza universal, quizá sean suficientes dos ejemplos: en una superficie de seis metros cuadrados acotada en la playa de Rambla Elena se contabilizaron 27.000 porciones de plásticos, y 1.200 gránulos de poliespán en apenas dos metros en la ensenada de la Fuente. Material sintético que acaba con frecuencia en el estómago de peces y tortugas y se incorpora a la cadena trófica. Ambiente Europeo, que impulsa desde hace seis años proyectos ambientales centrados en reducir la llegada de residuos al mar, ha movilizado ya a 7.500 voluntarios en 250 limpiezas realizadas en toda España –muchas de ellas en la Región de Murcia–, que han servido para inventariar 700.000 residuos. Su metodología consiste en hacer una ficha de cada objeto recogido para actuar en origen. Para cuidar el litoral resulta tan efectivo retirar la basura como saber de dónde vienen unos residuos que pueden tardar más de un siglo en descomponerse.

–¿Qué historia quiere contar? 

–Me gustaría que se conozca la Marina de Cope y todas las personas que están detrás trabajando en su conservación, y que la gente se cuestione qué estamos haciendo con la naturaleza, en este caso con el mar, con los plásticos. Me gustaría hablar de este paraíso para que cuidemos lo que nos han dado. Yo tengo 65 años y ya estoy de vuelta, pero tengo nietos y ellos también tendrán nietos, así que me gustaría que les transmitiéramos en buenas condiciones esto que nos han dado. 

–¿Quiénes son sus protagonistas? 

–Para mí, el ser humano, en este caso representado por personas que o bien son de aquí o han elegido este lugar porque se han enamorado de él. Que para mí tiene incluso más valor porque se trata de una elección. Para quienes han nacido aquí, es un regalo que les ha dado la naturaleza. Serán retratos de personas que tienen contacto con el agua, con la naturaleza, y que estén implicadas. Más adelante vendré para fotografiar los exteriores. 

–¿Qué le dice este paisaje? 

–He descubierto muchas cosas, y además ahora me pillas en ese momento de enamoramiento total. Primero fue la llegada, es una tierra que cuando la miras al principio está seca y dura, pero la vida es dura... Y te das cuenta de que dentro de esa sequedad y esa dureza hay una gran belleza. Esto es como la tierra de los Robinsones, aquí todavía te encuentras sitios donde no hay ni luz eléctrica y eso, viniendo de donde vienes, fue un gran choque. Llegué de noche a un lugar con muy poca contaminación lumínica, donde puedes contemplar cómo las estrellas van saliendo. Ypor la mañana, cuando vi esas costas, esas playas desiertas, y cuando ya encima te metes en el agua... Tuvimos la suerte de que había mucha visibilidad y de repende fue para mí como el momento de la creación. Cogimos esos plásticos que se tiran aquí, comencé a trabajar y me salieron imágenes de 'Dios creó...'. Vosotros estáis acostumbrados pero yo, que he tenido mucha relación con el agua, casi no me acordaba. Recuerdo de pequeña, en la Costa Brava, que podías ver el camino que iban dejando las estrellas de mar por la arena. Eso para mí ya no existía, pero de repente aquí ha sido una sensación muy fuerte. Me he enamorado de este lugar, y yo además soy muy fiel.  

–En esa gran llanura litoral, un espacio natural protegido, se iba a construir una macrourbanización... 

–Mejor que se quede así. Esto lo tenemos que conservar, porque ya sabemos lo que pasa cuando no tenemos ese cuidado. Estos pequeños paraísos los tenemos que preservar. Yaunque te entran ganas de decir 'me lo voy a quedar para mí, que no se entere nadie', tampoco es eso; hay que divulgarlo y que se conozca. 

Una madre y su hijo, ante la cámara de Isabel Muñoz.
Una madre y su hijo, ante la cámara de Isabel Muñoz. / ISABEL MUÑOZ

Trece horas en el mar

Isabel Muñoz aún no ha decidido cómo va a titular este trabajo, ni siquiera si finalmente será en blanco y negro o color [como las dos fotografías que ha cedido a 'La Verdad', un avance del trabajo iniciado la semana pasada] «De momento lo veo en blanco y negro», explica, «pero todavía no está definido. El color cuenta tanto que esa parte misteriosa que a mí me gusta no aparece». Con la garganta quemada después de pasar trece horas en el mar el lunes pasado, la autora de impactantes fotos de los integrantes de maras salvadoreñas relata el desafío y el aliciente que le supone desenvolverse en el medio acuático, para ella una novedad: «Cuando te metes bajo el agua hay algo mágico, y es que cuando abres los ojos tú no ves bien y te olvidas de la cámara, y esos ojos que no mienten nuncan están ahí. Yhay relaciones maravillosas, esa mirada con tu hijo, con tu primer amor, las caricias, las preocupaciones... Yo espero recogerlo todo porque la vida es eso».

–Ha emprendido este proyecto con mucha ilusión... 

–Para mí es una forma de vida, no un trabajo. No puedo hacer algo que no me ilusione, en lo que no crea. Yademás tenemos el deber de intentarlo. Creo en esta lucha.

–¿Se ha descubierto algún pecado ambiental al profundizar en el problema de las basuras marinas? 

–Lo he descubierto, sí, no te preocupes (risas), estoy en ello y no es confesable hasta que lo arregle. Cometemos muchos, sí.

–Quizá el medio ambiente era un paso lógico después de trabajos que reflejan problemas sociales. 

–Sí, esto me lo he encontrado. Ahora acabo de estar en el Congo y cuando vienes con el corazón partido necesitas esponjarlo un poco, algo que yo conseguía antes a través de la danza. Yde repente cuando me propusieron esto... El regalo que me han hecho descubriéndome este paraíso no lo he podido digerir todavía.

El acercamiento a los grandes simios ha supuesto una nueva etapa más vital que artística para Isabel Muñoz, que no encuentra muchas diferencias entre retratar un grupo humano o de gorilas. Ese trabajo se ha plasmado en la serie 'Álbum de familia', pero su autora aún no lo da por terminado: «Según cómo se mueva la persona, te cuenta cosas. El cuerpo es un libro de lo que somos, y yo lo utilizo para contar cosas. A mí siempre me ha interesado el ser humano y su dignidad. Sus distintas culturas, sus formas de amar, sus formas de sufrir, y en esa búsqueda he intentado encontrar las tribus que pueden considerarse el eslabón perdido, de dónde venimos. Estaba en Papúa Nueva Guinea una noche y me di cuenta de que el eslabón más cercano son los grandes simios. Y yo, que siempre he dicho que la naturaleza es tan mágica que no puedo añadirle algo, dije que esta vez no podía resistirme, así que comencé con ese álbum de familia de los grandes simios, con el que sigo. Y he descubierto algo que me ha hecho cambiar muchísimas cosas».

–¿Ha aprendido algo de las personas a través de los primates? 

–Claro, totalmente, es que sentimos igual y amamos igual. Lo que ocurre es que ellos no pueden comunicarse porque tienen un problema en la glotis que no les permite hablar, pero utilizan el lenguaje de signos y además hay muchas formas de hablar. Yhay algo que tengo muy claro:tienen derechos. No soy una antropóloga ni una primatóloga pero a través de las imágenes se ve. Cuando ves un abrazo entre dos bonobos y uno de ellos está cerrando los ojos... Es que nosotros cerramos los ojos para sentir más a la persona que estamos abrazando y que queremos. Hay muchas más cosas. Yo desde luego lo he sentido, me he comunicado con ellos. 

–¿Lleva a cuestas la historia de los protagonistas de sus fotografías? 

–Conozco sus historias y recuerdo sus caras, a veces sus nombres. Están contigo, no puedo fotografiar nada que no ame, y de los seres amados no te olvidas nunca. 

–Usted ha retratado el mundo de la tauromaquia... 

–Sé lo que me vas a preguntar. He estado haciendo fotos de tauromaquia durante cinco años, he estado enamorada de ella, he hecho una serie y un libro, pero ahora estoy en un momento de reflexión después de mi experiencia en el Congo con los grandes simios. Por un lado está lo que yo he sentido y por otro lo que siento ahora. De hecho, hace unos días me preguntaron por este asunto en una entrevista y me vi contestando de forma automática y me dije: ojo ahí, frena, frena, frena. Porque mis sentimientos ahora son otros. Te la contestaré cuando te pueda contestar. Me gusta compartir no solo mi trabajo, también mis dudas, porque no somos nadie. Como no sé nada aprendo cada día, tengo que mirarme a mí misma. Mi corazón y mi cabeza están todavía en el Congo. Tengo ahora una exposición en el extranjero y han querido que lleve las tauromaquias, pero he dicho que no, de momento ese trabajo no lo puedo defender y lo tengo en 'stand by'.

–La política... 

–No creo en la política, creo en los  ideales de las personas. Cada vez creo más en la naturaleza y en el ser humano.

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