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Las aves acuáticas 'vuelan' del Mar Menor

Una garza real sobrevuela el Mar Menor./Antonio Fernández-Caro
Una garza real sobrevuela el Mar Menor. / Antonio Fernández-Caro

El humedal albergaba en enero la mitad de ejemplares que el año pasado, según el censo de especies invernantes

Miguel Ángel Ruiz
MIGUEL ÁNGEL RUIZ

De 8.378 en 2017 a solo 4.539 en 2018. Casi la mitad de las aves acuáticas que pasan el invierno en el Mar Menor y su entorno se han esfumado de un año para otro, según el censo que realiza cada temporada la Asociación de Naturalistas del Sureste (Anse). El humedal sigue acumulando el mayor número de ejemplares en la Región -el 41,5% del total y 39 de las 61 especies avistadas-, pero el drástico bajón en la abundancia de fauna alada añade otro motivo de preocupación a la difícil situación por la que atraviesa la laguna.

Según algunos expertos, la 'fuga' de aves puede ser una respuesta a la crisis ecológica que culminó hace dos veranos en una 'sopa verde' de aguas eutrofizadas por el efecto acumulado de décadas de contaminación agrícola, minera y por vertidos urbanos, además de otras agresiones. Pero admiten no tener todas las respuestas por falta de datos y estudios específicos: «Hay menos aves limícolas [las que se alimentan en las orillas] y eso ya es un síntoma», explica a 'La Verdad' Antonio Fernández-Caro Gómez, el naturalista y ornitólogo cartagenero que coordina el estudio. «También tengo claro que influye el uso que damos al espacio natural: las embarcaciones a motor, la pesca ilegal... Y la prueba de que algo está pasando es la ausencia de la serreta, un ave que está desapareciendo porque necesita agua muy limpia, alimento abundante y mucha tranquilidad», añade.

Para el biólogo Francisco Robledano, miembro del Comité de Asesoramiento Científico del Mar Menor e Integrante del Grupo de Investigación de Ecosistemas Mediterráneos de la Universidad de Murcia, la reducción a la mitad del número de aves acuáticas invernantes puede ser la consecuencia «de un medio natural perturbado y muy inestable. Ya no es el sistema que tenía una cierta resiliencia porque ha perdido su papel estabilizador», aventura el profesor de la UMU.

Contaminación y alimento

En enero de 2018 se han contabilizado menos aves que en 2017, pero ese año, en pleno 'shock' ecológico, se registraron 2.000 más que en 2016. ¿Cómo se explica? «Las primeras fases de un sistema eutrofizado pueden dar lugar a una gran biomasa de peces por la extrema productividad que favorece el fitoplancton, pero luego decae», señala Robledano, quien insiste en que esta relación causal no está probada. «De hecho, según el censo, la bajada en la abundancia de aves también es notoria en las Salinas de San Pedro y la Gola de la Encañizada, zonas en teoría a salvo del proceso de eutrofización del Mar Menor», advierte, «así que este descenso puede responder a una tendencia regional o suprarregional».

Efectivamente, los datos regionales también reflejan una tendencia descendente, aunque no tan acusada como en el Mar Menor: 10.933 aves este año por las 14.357 de 2017.

Anse realiza cada mes de enero este censo, un ejemplo excelente de ciencia ciudadana que coordina Antonio Fernández-Caro con la colaboración de decenas de voluntarios que han escrutado atentamente, prismáticos y cuaderno en mano, 63 espacios húmedos durante los días 6 y 21 de enero.

Salinas, grandes embalses, estaciones depuradoras, laguna del Mar Menor y sus humedales asociados, ramblas, balsas de regadío, charcas de purines, islas y tramos de río y del litoral han sido los lugares muestreados para analizar la invernada de aves acuáticas y su distribución geográfica. Un trabajo que sirve no solo para conocer mejor las diferentes especies de aves que pasan los meses fríos en los humedales de la Región, sino para evaluar el estado de conservación de estos espacios tan necesarios para la biodiversidad.

El censo llama la atención sobre la ausencia de especies avistadas de forma regular (ánade friso, avetorillo común, chorlitejo chico y serreta mediana), así como sobre la presencia de otras que aparecen por primera vez o son relativamente infrecuentes (agachadiza chica, alca común, avefría europea, avefría militar, frailecillo atlántico, gaviota cana, alcatraz atlántico, cormorán moñudo, págalo grande y pardela balear).

Si el año pasado fueron las salinas (en funcionamiento o abandonadas) los espacios que albergaron la mayor cantidad de aves, en este 2018 son los grandes embalses los humedales donde más ejemplares se han anotado (3.850), seguidos de las salinas (1.921), Mar Menor (1.463) y zonas húmedas del litoral de la laguna (1.155).

Como dato negativo, el informe destaca que en cinco humedales no se registraron aves: antigua estación depuradora de aguas residuales de El Algar-Los Urrutias (Cartagena), charca de la Celadilla (Yecla), embalse de Valdeinfierno (Lorca), rambla de Ajauque (Fortuna) y rambla de Miranda (Cartagena).

Geográficamente, y al igual que el año pasado, el Mar Menor y sus aguazales asociados siguen siendo la zona más importante, con el 41,52% del total de aves censadas (4.539, casi la mitad que en 2017, cuando se registraron 8.378, el 58,35% del total). Este espacio albergó en 2016 el 62,41% de las aves censadas (6.596) y en 2015 el 51,89% del total (5.062). Esta zona (laguna del Mar Menor, Salinas de San Pedro del Pinatar, Gola de la Encañizada, Salinas de Marchamalo, Salinas del Rasall y el Carmolí) albergan 39 de las 61 especies detectadas en la Región, lo que supone el 63,93% del total.

Resumen del censo:

Se ha contabilizado un total de 10.933 aves pertenecientes a 61 especies diferentes (14.357 aves y 67 especies en 2017; 10.568 aves y 59 especies en 2016; y 9.754 aves y 58 especies en 2015).

Las especies más abundantes son el cormorán grande (1.396 ejemplares), ánade azulón (918), zampullín cuellinegro (823), cuchara común (756), porrón europeo (722), garcilla bueyera (656), flamenco común (597), correlimos común (524), focha común (495), garza real (483), gallineta común (373) y alcatraz atlántico (338).

Datos de 2017: cormorán grande (2.592 ejemplares), correlimos común (1.189), zampullín cuellinegro (1.048 ), ánade azulón (841), pardela balear (749), somormujo lavanco (731), garcilla bueyera (702), focha común (682), cuchara común (590), garza real (571) y flamenco común (557).

Datos de 2016: cormorán grande (1.312 ejemplares), flamenco común (1.002), correlimos común (999), zampullín cuellinegro (935), garza real (701), ánade azulón (670), focha común (456), gallineta común (440), garcilla bueyera (435) y tarro blanco (417).

Datos de 2015: zampullín cuellinegro (1.315 ejemplares), cormorán grande (1.025), cuchara común (908), correlimos común (791), ánade azulón (720), flamenco común (591), focha común (564), garza real (542) y garcilla bueyera (463).

Informe completo en este enlace.

El cormorán grande sigue siendo el rey

El informe destaca un aumento de las anátidas y de aves del carrizo y un descenso en las demás categorías, sobre todo de aves marinas, limícolas, zampullines y somormujos. La especie más abundante sigue siendo el cormorán grande, con 1.396 individuos (2.597 el año pasado). Por especies, las más abundantes (2.298) son las aves marinas, al igual que en 2017 (4.428), seguidas de las anátidas nadadoras (2.111), las zancudas (1.798) y las limícolas (1.558). En términos de riqueza, la categoría más diversa es la de limícolas (21 especies observadas), junto con aves marinas (13) y zancudas y anátidas nadoras (6 cada una). El censo destaca la abundancia de ocho especies (agachadiza común, aguja colipinta, alcatraz atlántico, ánade azulón, avoceta común, malvasía cabeciblanca, porrón europeo y zampullín común) y la tendencia a la baja de otras trece (andarríos chico, archibebe oscuro, chorlitejo grande, chorlito gris, correlimos común, correlimos menudo, garceta común, gaviota picofina, págalo grande, pardela balear, pato colorado, zampullín cuellinegro y zarapito real).

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