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Linceando en los Montes de Toledo

Dos días en la finca El Castañar, 'zona cero' de las liberaciones de linces en Castilla-La Mancha, comprobando cómo se compatibiliza la conservación del felino con usos tradicionales como la caza, la ganadería y la agricultura

Miguel Ángel Simón se prepara para introducir un conejo en un majano, en El Castañar. /Iberlince
Miguel Ángel Simón se prepara para introducir un conejo en un majano, en El Castañar. / Iberlince
Miguel Ángel Ruiz
MIGUEL ÁNGEL RUIZ

Lo principal es creérselo, estar convencido. Asumir sin complejos que la recuperación de una especie como el lince o el águila imperial puede y debe convivir con actividades como la caza, la ganadería, la agricultura o el turismo. Y lo cierto es que no hay otro remedio. La estructura de la propiedad en España, donde el 45% del territorio es privado (porcentaje que aumenta en la mitad sur), deja pocas alternativas. Por suerte, y ojalá que el ejemplo vaya calando, hay familias que ponen sus fincas al servicio de programas de conservación de la biodiversidad como Iberlince. Es el caso de El Castañar (Mazarambroz, Toledo), uno de los latifundios dedicados a la caza mayor más importantes de Europa. Vengo de verlo con mis propios ojos.

Iberlince (el proyecto Life con financiación europea para la recuperación de las poblaciones históricas de lince ibérico, liderado por la Junta de Andalucía y en el que participa como socia la Región de Murcia, junto con Castilla-La Mancha, Extremadura y Portugal), nos citó a un grupo de periodistas ambientales los pasados lunes y martes en los Montes de Toledo con tres objetivos:

1. Hacer balance de los logros alcanzados desde que se comenzó a trabajar en la salvación del lince, hace quince años, y avanzar los planes de futuro (Iberlince termina en junio de 2018).

2. Explicarnos qué se está haciendo en Castilla-La Mancha para que esta comunidad recupere sus en otro tiempo buenas poblaciones de 'Lynx pardina'.

3. Y para que comprobásemos cómo se trabaja con los propietarios privados, en este caso la familia Finat, que se ha implicado al máximo con el proyecto Iberlince.

Sobre los dos primeros puntos no me extiendo ahora: recogeré las conclusiones en un reportaje amplio que publicaré el domingo en 'La Verdad' y que también podréis leer aquí (aunque no hay nada como el papel, amigos).

Hoy solo os avanzo unas pinceladas sobre El Castañar y nuestros anfitriones en los fríos y bellísimos Montes de Toledo durante un par de días en los que sentimos la presencia de los linces (los pitidos del radio-receptor no engañan), si bien no se dejaron ver y nosotros salimos enseguida de su radio de acción para no molestarlos. Aunque estuvimos a pocos metros de distancia.

El Castañar es un fincón de 5.900 hectáreas presidido por un palacio levantado en 1904 e inspirado en Abbotsford House, la mansión escocesa del escritor Sir Walter Scott; su arquitecto, Joaquín Saldaña y López. La construcción, con un jardín francés ante su entrada principal y otro italiano en la trasera, simplemente impresiona. Allí vive José María de la Blanca Finat y Bustos, duque de Pastrana y marqués de Corvera, dos veces Grande de España, con su esposa, Aline Riva de Luna. Vinculados con Murcia, por cierto. Tuvieron fincas en Corvera que terminaron vendiendo, según me comentó.

El propietario, la sexta generación al frente del latifundio, cenó y comió con nosotros con total sencillez. Igual que sus hijos, Rafael (conde de Mayalde y vizconde de Rías) y José María Finat (conde de Finat), gestores de El Castañar. La filiación aristocrática de los Finat la supimos por la manía que tenemos los periodistas de documentarnos; puedo aseguraros que nada en ellos delataba tanto título, ni se presentaron como nobles. Sí como hombres de campo, muy identificados con estos paisajes "monteños" y comprometidos al cien por cien con el lince ibérico.

El caso es que en esta finca hubo linces, nos explicó Rafael, así que decidió apostar por su regreso a estas dehesas cuando Iberlince le propuso iniciar en su propiedad en 2014 las reintroducciones en Castilla-La Mancha por su abundancia de conejo (condición imprescindible) y hábitat idóneo. Desde entonces se han liberado dieciséis ejemplares (59 en toda la comunidad), de los que doce aún permanecen en El Castañar. Algunas hembras incluso han criado.

Para aquerenciar a los linces en El Castañar, la familia Finat ha permitido que Iberlince construya un cercón de presuelta de dos hectáreas e instale numerosos vivares en los que se introducen conejos periódicamente para reforzar las poblaciones de la presa predilecta del felino. Otras mejoras corren por cuenta de los dueños, como la instalación de cámaras de fototrampeo y el seguimiento continuo de los linces que se mueven por la finca, información que reportan puntualmente a los coordinadores del programa de conservación. Además de la siembra para alimentación de los conejos y otras actuaciones casi diarias.

Los linces se han adaptado perfectamente en El Castañar, donde sin embargo se caza (venados, gamos y jabalíes), se crían cerdos ibéricos y ganado bravo (el hierro Conde de Mayalde), se cultiva la vid y se explota un extenso olivar. Lo que demuestra que estas actividades, realizadas con criterio y respeto, son compatibles con especies a priori tan delicadas como el felino ibérico. Lo asume y lo defiende el director de Iberlince, Miguel Ángel Simón, un científico tan modesto como crucial en la salvación de este tótem de nuestra fauna.

Comentarios, por favor.

PD. Estas jornadas informativas siempre propician reencuentros y encuentros felices. Entre los primeros, con mis queridos Miguel Ángel Simón y María Navarro, director y coordinadora de comunicación y divulgación de Iberlince, respectivamente; y también con Esperanza García, directora del programa 'Verde Verde' en Canal Sur Radio. Y entre los segundos, por fin puse cara a la responsable de redes sociales del proyecto, Inma Villaécija; conocí a la directora adjunta del Organismo Autónomo Parques Nacionales, Montserrat Fernández, ¡murciana!, y a los técnicos que coordinan Iberlince en Castilla-La Mancha: el biólogo Juan Francisco Ruiz Alba (Fomecam Terra) y el consejero técnico de Parques Nacionales Alberto Moral. Cambié impresiones (más acerca de la profesión que sobre el lince) con tres compañeros del periodismo verde: Lucía Villa (Público) y Cecilio Galdón (coautor de un reportaje fantástico en El Mundo el sábado pasado). Me facilitaron al máximo la intendencia (y el largo traslado desde Murcia, retraso incluido por avería del tren de la bruja) José Luis Yustos y Óscar Montouto, de la consultora ambiental A 21 Soctenible. Y compartí excursión y rastreo lincero con la fotógrafa de naturaleza Sol de la Quadra, hija del inolvidable Miguel de la Quadra Salcedo. Menudos genes.

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