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La huerta de Murcia como solución

Un libro del catedrático de Botánica José María Egea reivindica las parcelas familiares que rodean la ciudad como proveedoras de alimentos ecológicos

José María Egea Fernández y su hijo, José María Egea Sánchez, autores del libro./JUAN CARLOS CAVAL
José María Egea Fernández y su hijo, José María Egea Sánchez, autores del libro. / JUAN CARLOS CAVAL
Miguel Ángel Ruiz
MIGUEL ÁNGEL RUIZ

Comer un tomate o un calabacín cultivados en un bancal familiar es un placer y un lujo asequibles, y toda una suerte que divulgadores como el catedrático de Botánica de la Universidad de Murcia José María Egea Fernández (Bullas, 1952) sigan insistiendo en la necesidad de una "revolución agroecológica" que traiga a nuestras mesas frutas y verduras más naturales, sostenibles y sabrosas. Es lo que defiende en su último libro, escrito con su hijo, el doctor en Ciencias Ambientales José María Egea Sánchez: 'Huerta de Murcia. Hacia un sistema agropolitano sostenible y resiliente'. Un tratado muy recomendable en el que se propone la huerta de Murcia como alternativa ante un sistema agroalimentario controlado por grandes cadenas de distribución y multinacionales que deciden qué variedades se cultivan y cuáles no.

La expansión urbana se ha comido el 46% de la huerta de Murcia, pero este paisaje singular no está acabado ni en estado crítico, defendió ayer José María Egea durante la presentación del libro en Los Molinos del Río, un acto en el que participaron también el alcalde de Murcia, José Ballesta; el concejal Antonio Navarro Corchón; y el coautor de la obra. Egea & Egea defienden la huerta como un espacio aún muy aprovechable para la producción de alimentos en un escenario de cambio climático donde el 60% de la población mundial vivirá en las ciudades en el año 2050.

Tomar el control

Si en el futuro habrá menos agua, menos tierra fértil disponible y menos recursos naturales, es una suerte para Murcia contar aún con el entorno "agropolitano" que describen estos investigadores y defensores de las variedades locales: un espacio amable que rodea a la ciudad "con un gran potencial humano y patrimonial" y útil para afrontar los retos agroalimentarios. Es decir, un lugar no solo para pasear y vivir sin las apreturas del centro urbano, sino para "empoderarse y tomar el control de los alimentos que producimos y consumimos".

"Nos encontramos en un momento en el que hay que pensar en el futuro y en el cambio climático", me advirtió hace un tiempo este buscador incansable de reliquias vegetales que dejaron de plantarse por el empuje de la industria agroalimentaria y las tendencias de consumo, que imponen productos de idéntico color y calibre. Y también del mismo sabor, incomparable con el de un tomate "aún no domesticado", de los que José María Egea ha recuperado hasta cuarenta variedades.

Os recomiendo este libro, cuya lectura seguro que os hará mirar de otro modo la huerta de Murcia. ¿Algún comentario?

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