La Verdad

El inesperado agujero contable británico

Una sucursal del Santander en el centro de Londres.
Una sucursal del Santander en el centro de Londres. / Andy Rain (Efe)
  • La depreciación de la libra castiga a las inversiones de las corporaciones españolas en Reino Unido

  • Santander, Sabadell, Iberdrola, Telefónica y Ferrovial se habían lanzado a las islas, donde residía parte del éxito de su internacionalización

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La expansión de muchas de las grandes empresas del Ibex-35 pasaba inexcusablemente por el mercado británico. Era la primera parada más allá de las fronteras nacionales para probar éxito en el exterior. Un territorio cercano, con un alto potencial económico y -por entonces- la seguridad normativa de encontrarse dentro del ámbito de la UE. Así lo entendieron los -también entonces- presidentes de grandes bancos como Santander, aerolíneas de bandera como Iberia, líderes en telecomunicaciones como Telefónica o ambiciosos proyectos como el de Iberdrola. Con el 'Brexit', sus negocio no se han venido abajo. Siguen siendo igual de pujantes, con todos los matices posibles. Pero tendrán que afrontar el socavón provocado por la caída de la moneda en la que se contabilizaban esos negocios: la libra esterlina. Ayer cayó en torno al 6%; y a corto plazo se esperan más depreciaciones. Los responsables financieros de todas esas corporaciones deberán aplicar los planes de contingencia que -en gran medida- ya tenían guardados en el cajón para hacer frente al impacto de la devaluación.

Las sucesivas cuentas trimestrales así deberían reflejarlo, así como la posible ralentización de la economía británica. Si, como apuntan todos los expertos, el PIB de Reino Unido deja de avanzar como hasta ahora, el impacto se dejará notar en los resultados de todas y cada una de estas firmas, por la caída del consumo interno, la paralización de las inversiones empresariales o la incertidumbre de un gobierno al que le esperan duros meses de negociación con las autoridades de Bruselas.

Banco Santander

Prácticamente un cuarto del beneficio que ha generado hasta el primer trimestre de este año procede de Reino Unido, pero al Banco Santander no le estremece, por ahora, la posibilidad de que el país salga de la Unión Europea. La entidad ya está acostumbrada a trabajar en otros países ajenos a la Unión, indican fuentes de la firma. Tras conocer el resultado de la consulta, la presidenta del banco, Ana Botín, ha garantizado «el compromiso» de la firma con sus clientes en las islas británicas y ha defendido «la estabilidad y fortaleza» que tiene la corporación financiera.

Desde que el banco -entonces presidido por Emilio Botín- desembarcara en el mercado inglés con la compra de Abbey National, en 2004, por casi 14.000 millones de euros, Santander UK -como ahora se denomina- ha revolucionado el sector de aquel país, donde obtiene unas ganancias de 349 millones de libras, cuenta con 4,2 millones de clientes digitales y registra una mora mínima del 1,5%, muy inferior a la de otros mercados como el español. La fortaleza británica, dentro o fuera de la UE, es la baza con la que cuenta Santander, y de la que no quiere desprenderse. Se trata de una entidad «100% británica y regulada por las autoridades del país», indican desde la entidad. El principal problema al que se puede enfrentar, aparte de los efectos de una ralentización de la economía anglosajona, es el impacto en sus resultados por la depreciación de la libra que aminorará las cuentas del grupo.

Banco Sabadell

Hace poco más de un año, el presidente del Banco Sabadell, Josep Oliu, se vanagloriaba de haber comprado TSB, uno de los principales bancos británicos en el ámbito comercial entre particulares y empresas. «No hemos querido dejar pasar la oportunidad -indicaba entonces- porque este mercado es atractivo». Con el ‘brexit’ sobre la mesa, la entidad de origen catalán no se arrepiente de la operación que le costó 2.300 millones de euros.

La firma inglesa le proprociona ya un 25% de sus ganancias y supone un respaldo en positivo en todos los vectores, desde los impagos -mucho menores en Reino Unido que en España- hasta el capital -más fortalecido con la entrada de TSB- pasando por los ingresos en comisiones o la fortaleza de sus clientes -en un país que avanza mucho más rápido en la senda del crecimiento económico-. Nada cambiará la estrategia de Sabadell, tal y como anticipó ayer mismo Oliu en su primera reacción al resultado de la consulta. «El despliegue de la potencia comercial de TSB, su enfoque ‘retail’ y la exitosa ejecución de la migración tecnológica son las bases de la creación de valor», aseguró. Y así será independientemente del status del Reino Unido en la Unión Europea. El problema vuelve a plantearse por la degradación de los activos en sus cuentas consolidadas si la depreciación de la divisa local, la libra, profundiza sus caídas. Y ello a pesar de que el nuevo escenario puede dar paso a un período de incertidumbre a corto plazo que no se descarta.

Ferrovial

Reino Unido es ya el principal mercado de Ferrovial, al que aporta algo más de un tercio de su facturación anual (en concreto, el 365%), superando incluso la aportación que recibe de España (28%), su otra gran fuente de negocio. Aunque conocida tradicionalmente más por su actividad constructora, la compañía que preside Rafael del Pino se ha extendido más en territorio británico gracias a su faceta de gestor de servicios e infraestructuras.

El mejor ejemplo de ello son los aeropuertos. Así, es el primer accionistas del londinense de Heathrow (tiene el 25% del capital social, por delante del fondo soberano de Qatar, que mantiene el 20%) y también participa en otros tres aeródromos regionales (Southampton, Aberdeen y Glasgow).

Asimismo, a través de su filial británica de servicios Amey participa en el mantenimiento de varios ramos de algunas de las vías más importantes y de mayor tráfico del país, como la M1, la M69, la M45 y la M6. La otra compañía con la que opera en Reino Unido es Enterprise.

Como ya avanzó el presidente en la última junta de accionistas, fuentes de Ferrovial señalaron ayer que seguirán «operando con normalidad» en las islas británicas. Para ello cuentan con varios mecanismos de cobertura de cara a la depreciación que la libra probablemente sufrirá respecto al euro. Con ello, apuntan, se logrará minimizar su posible impacto negativo en la cuenta de resultados, los dividendos a repartir y el propio valor de sus activos. (Información de A. Botija).

Iberdrola

La eléctrica que preside Ignacio Galán va a tener que lidiar en el corto plazo con la devaluación de la libra, que abrirá un agujero contable en su balance. Más adelante, tendrá que despedirse de una parte de los beneficios esperados y afrontar unas inversiones en las que apenas obtendrá ventajas por el nuevo tipo de cambio. Por si no fuese suficiente, Escocia, donde se concentran buena parte de sus intereses, ha entrado en efervescencia con la posibilidad de otra consulta por la independencia. Galán se apresuró a tranquilizar a sus clientes en el Reino Unido asegurándoles «que sus necesidades serán, como siempre, nuestro principal objetivo».

La empresa llegó a Escocia en 2007, en una de sus primeras operaciones de internacionalización. Invirtió 17.200 millones de euros en la adquisición de Scottish Power. Hasta 2020 el compromiso es invertir una media de 2.000 millones anuales. Esa compra, junto a la progresiva penetración en Estados Unidos y en los últimos años en México, ha sido su principal apuesta internacional. La compañía quiso visualizar sus lazos emocionales al otro lado del canal de la mancha, incluso, con la incorporación a su consejo de administración de Denise Mary Holt, exembajadora del Reino Unido en España.

Ahora tendrá que recalcular todas sus previsiones de rentabilidad de las inversiones en el país. Su intenso despliegue ha llevado a que casi uno de cada tres euros de su negocio procedan del Reino Unido. (Información de Manu Álvarez).

Telefónica

Telefónica ha optado por la tranquilidad ante el devenir que tome ahora el ‘brexit’. Fuentes de la compañía que preside desde finales de marzo José María Álvarez Pallete sostienen que «mantiene los objetivos», tanto en términos de negocio como en resultados financieros. Ello, sin embargo, no implica que se dejen de tomar decisiones.

De hecho, una de las primeras será resolver si vista la inestabilidad que se ha acrecentado en los mercados bursátiles resulta más conveniente aplazar la salida parcial a Bolsa (pretendía colocar entre el 40% y el 45% para ingresar más de 2.300 millones de euros) de una de sus últimas filiales, Telxius, la sociedad que agrupa buena parte de sus activos de infraestructuras, sobre todo sus torres de telecomunicaciones.

Oficialmente no hay una comunicación al respecto, y la previsión era concretar la operación este verano aunque la mayoría de los analistas contemplan ahora que se termine demorando hasta el otoño.

Donde existe más incertidumbre es respecto a su operadora británica, O2, cuya venta a la multinacional Hutchinson por 13.000 millones de euros se frustró esta primavera por el veto de las autoridades de competencia de la UE. Con el Reino Unido fuera, la cúpula de Telefónica debe valorar ahora si escucha los cantos de sirena llegados desde el capital riesgo, aunque su propuesta económica sería algo inferior.

Con esa operación reduciría su abultada deuda, algo que ahora se puede complicar en los mercados. (Información de J. A. Bravo).

IAG

Era previsible que casi todas las miradas se cernieran sobre IAG tras confirmarse la salida del Reino Unido fuera de la UE. Al fin y al cabo hablamos de un ‘holding’ angloespañol fundado hace seis años con la unión entre British Airways (BA) e Iberia, adversarios tradicionales, y a la que luego se sumó la aerolínea de bajo coste Vueling.

Aunque el capital de mayor peso es anglosajón -con varios grupos de inversores de Estados Unidos y Reino Unido-, el primer accionista es árabe: Qatar Airways, la aerolínea del emirato, controla algo más del 11%. En las decisiones, no obstante, prima el sabor británico de la mano del consejero delegado Willie Walsh.

Este ha sabido contemporizar bien rodeándose de colaboradores españoles. Cuatro de los miembros de la cúpula de IAG tienen ese origen, incluido el presidente de Iberia, Luis Gallego. Su antecesor, Antonio Vázquez, preside el grupo mientras Álex Cruz dirige BA y Enrique Dupuy se encarga de las finanzas.

Precisamente a este último le tocará revisar las cuentas tras reconocer ayer IAG que, «en el corto plazo» y durante el período previo al referéndum, ha experimentado «un entorno operativo más débil de lo esperado». Pese a ello, y aún contando con «la actual volatilidad del mercado», el grupo continúa «esperando un incremento significativo en el beneficio de las operaciones».

Admite, eso sí, que esa subida «no será similar» a la de 2015, cuando ganó 2.355 millones de euros por esa vía, un 68% más que en 2014. (Información de J. A. Bravo)