El Teniente, la mayor mina subterránea del mundo, busca extender su vida útil

Un minero camina por uno de los túneles del Teniente. /Caludio Reyes (Afp)
Un minero camina por uno de los túneles del Teniente. / Caludio Reyes (Afp)

Con la ampliación, tendrá una superficie de más de dos millones de kilómetros cuadrados

COLPISA / AFP

La mina chilena de cobre subterránea más grande del mundo parece un queso de Gruyère. En plena cordillera de los Andes y con 4.500 km de túneles, El Teniente sigue agrandándose para extender su vida útil cinco décadas más.

Desde que se iniciaron operaciones en 1905, El Teniente ha crecido como una verdadera ciudad subterránea que extiende sus tentáculos por un cerro de 2.200 metros de altura, cerca de la ciudad de Rancagua, unos 80 km al sur de Santiago. «Sólo para tener idea: Chile tiene 4.200 kilómetros de largo y aquí hay 4.500 kilómetros de largo de túnel que se han hecho durante más de 100 años de trabajo», ilustra Baldo Prokurica, ministro de Minería de Chile, en una reciente visita al yacimiento, tras asumir su cargo el pasado 11 de marzo.

Y seguirá creciendo. La propietaria de El Teniente, la estatal minera Codelco -la mayor productora de cobre del mundo con el 11% de la oferta total- está expandiendo el yacimiento. Denominado Nuevo Nivel Mina (NNM), el proyecto pretende seguir horadando las entrañas del cerro otros 400 metros, que se suman a los 400 metros de profundidad actuales y que juntos serán el equivalente de la Burj Khalifa (Torre Califa) de Dubái pero hacia el interior de la tierra.

Con una inversión de 3.900 millones de dólares, NNM busca garantizar medio siglo más la producción actual que se eleva a 450.000 toneladas de cobre anuales. «Hemos avanzado un 47% del proyecto y nos falta la mitad (...) Lo que estamos haciendo es la reposición de esta mina y que va a durar 50 años», dice André Sougarret, gerente general de la mina El Teniente.

Con la ampliación, la mina tendrá una superficie de más de 2 millones de kilómetros cuadrados y 2.020 millones de toneladas de reservas que le permitirán seguir funcionando mucho tiempo, pues en sus 113 años de vida sólo se ha explotado el 20% de los recursos conocidos. Chile es el mayor productor de cobre del mundo con un tercio de la oferta total.

Uno de los túneles.
Uno de los túneles. / Iván Alvarado (Reuters)

El ensordecedor ruido de las perforadoras que horadan la roca rompen el silencio de los gigantescos túneles subterráneos que forman los laberintos por los que circulan camiones con capacidad de hasta 350 toneladas, cargados con las rocas extraídas para llevarlas hasta la máquina chancadora, una monumental trituradora de una altura equivalente a 15 pisos situada en el centro de la mina. La roca pulverizada circula después por una cinta transportadora hasta otros camiones que depositan este material en el tren que lo llevará hasta la fundición donde se extrae el cobre.

Las lámparas que cuelgan del techo iluminan tenuemente las galerías impregnadas de un fuerte olor a acetona. Los pocos trabajadores que circulan por ellas portan mascarillas para protegerse del olor y del polvo.

El NNM construirá dos accesos nuevos. Uno para el personal y el otro para el transporte de minerales. En total 21 km de túneles más se sumarán a este gigantesco laberinto. La minería de pico y pala ya es parte de la historia de esta mina de cobre, la más antigua de Chile en actividad. Desde el año pasado, la mayoría de las faenas están automatizadas. En particular la perforación, que se controla desde una central de operaciones situada en Rancagua, a unos 20 km.

Uno de los mapas.
Uno de los mapas. / Iván Alvarado (Reuters)

Sentados en sillas con controles en los posabrazos, como si de un simulador se tratara, una decena de operarios manejan a la distancia con destreza las máquinas perforadoras que observan en las pantallas. Otros se encargan de la seguridad. La automatización ha reducido el trabajo de los mineros. Unos 500, divididos en dos turnos, trabajan en tareas como el manejo y conducción de retroexcavadoras, camiones y el tren, además de la seguridad o la alimentación.

En toda la división de El Teniente, que además incluye un yacimiento a tajo abierto, fundiciones, concentradoras de mineral, seguridad, oficinas administrativas y servicios, trabajan cerca de 10.000 personas entre personal propio y de empresas externas.

Cuando el NNM entre en funciones, se dejará de utilizar el nivel actual llamado Teniente 8, que se rellenará para evitar eventuales accidentes. «Estamos haciendo minería en un ambiente más complejo, con mayores desafíos. Mientras vamos profundizando, nos chocamos con las presiones naturales del cerro», describe Sougarret.

Además de una red eléctrica y de agua potable, El Teniente cuenta con un nivel denominado Barrio Cívico donde se encuentran la enfermería, bodegas, talleres de reparación de maquinarias, oficinas, comedores, y ascensores por los que circulan los trabajadores como en una pequeña ciudad.

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