Cuando París y Chanel se homenajean mutuamente

Anne Hidalgo, alcaldesa de París, junto al diseñador Karl Lagerfeld./Afp
Anne Hidalgo, alcaldesa de París, junto al diseñador Karl Lagerfeld. / Afp

En la pasarela, el espíritu parisino podía casi palparse en una colección coloreada en tonos grises, con pinceladas de blanco y negro, además de un espectacular traje de novia blanco roto de falda larga abullonada

EFEParís

La ciudad de París recibió hoy el homenaje de una de sus mayores abanderadas, la "maison" Chanel, que se atrevió a construir una réplica de la emblemática Torre Eiffel en el Grand Palais, donde tuvo lugar el desfile de la colección de Alta Costura otoño-invierno 2017.

En la pasarela, el espíritu parisino podía casi palparse en una colección coloreada en tonos grises, con pinceladas de blanco y negro, además de un espectacular traje de novia blanco roto de falda larga abullonada, decorado con un lazo y flores de camelias en relieve en mangas y bajo.

Las notas de color tan solo se apreciaron en una serie de vestidos inspirados por las pinturas de Robert Delaunay, uno de los representantes del arte abstracto en Francia, quien además dedicó buena parte de su obra a representar paisajes parisinos.

Los detalles cubistas de Delaunay y las líneas de color y semicírculos de su esposa, la también pintora Sonia Delaunay, se apreciaron en una serie de vestidos rectos con cortes de inspiración años 20, a la altura de la rodilla, decorados con pedrería y lentejuelas.

Para la silueta, Chanel recuperó las mangas globo, para redondear los hombros, una de las formas favoritas de la marca durante los últimos años, así como faldas exageradamente abultadas para los vestidos de noche, prácticamente lo único que contrarrestó la silueta arquitectónica de la mayoría de los 'looks'.

Tampoco faltaron los trajes en tweed, presentados esta vez en conjuntos de chaqueta y pantalón o largas faldas tubo, en distintas gamas de gris oscuro y con algunos detalles metalizados en la solapa de las chaquetas y las mangas, o el propio entramado del tejido.

Frente a este estilismo "Gabrielle", recordando la época dorada de la creadora de la firma, los vestidos de noche estuvieron cargados de brillos, plumas y exageradas camelias.

Si algo recordó a Coco Chanel fueron los sombreros, un modelo mezcla de bombín y marinero, con ala redonda, confeccionado en cuero pero también en tweed o satén.

Junto a ellos, los botines de charol con tacón medio transparente fueron otra de las grandes apuestas de Chanel para este desfile, en el que lo más colorista fue el maquillaje, consistente en una sombra de ojos multicolor.

Tras el desfile, la alcaldesa de París, Anne Hidalgo, concedió al modisto alemán Karl Lagerfeld la medalla Grand Vermeil, la más importante condecoración de la ciudad, como gesto de agradecimiento a una vida dedicada a engrandecer la ciudad, a través de la moda.

"Su genio le permite crear belleza y transportarnos a su universo. Su talento es reconocido a escala mundial", le dijo Hidalgo, bajo la estructura de la Torre Eiffel.

Lagerfeld agradeció el reconocimiento recordando que, como extranjero, ha llegado a amar la ciudad "sin vínculos nacionalistas ni patrióticos".

Quizás por este premio tan simbólico, hoy más que nunca el desfile de Chanel se llenó de caras reconocidas, como los cantantes Pharrell Williams o Katy Perry, las actrices Julianne Moore, Tilda Swinton, Kristen Stewart y la actriz y modelo Cara Delevingne.

Y de los grandes maestros a los jóvenes diseñadores como Julien Fournié, ya asentado como miembro oficial de la Federación de Alta Costura, que presentó una colección ultra chic con vestidos largos en "nude" y negro, con algunas inclusiones de dorado.

Las formas fueron mucho más sencillas de lo habitual con escotes cerrados y menos transparencias de lo que Fournié ha creado para otras temporadas, con gráficos y bordados para dibujar los estampados.

El encargado de cerrar la noche fue el diseñador Alexandre Vauthier, que presume de ser el más sensual y divertido de la Alta Costura gracias a sus minifaldas y alucinantes escotes siempre en clave ochentera.

La modelo Bella Hadid fue la encargada de abrir un desfile muy divertido que contó con un casting envidiable: Blanca Padilla, Lineisy Montero o Camille Hurel, entre otras, que no dudaron en bailar, reír y hacer guiños al público.

Una de ellas se bajó voluntariamente de sus altísimos tacones de salón en rosa iridiscente y continuó descalza el resto del desfile.

En la colección destacaron maxivestidos con aperturas hasta la cadera, otros modelos mini en tejidos elástico y tonos metalizados con mangas extralargas, y pronunciados escotes en V, como el del vestido plateado de brillantes que lució Hadid.

Para afeminar los looks más clásicos, trajes masculinos con pajarita y sin camisa y pantalones de traje con alto fajín, que contrarrestaron los minivestidos de palabra de honor en terciopelo, y las múltiples versiones del encaje en monos y camisas.

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