Desvelan las causas de la muerte de la bloguera Celia Fuentes

Pese a que la noticia pilló por sorpresa a sus seguidores, su entorno más cercano habla de depresiones, benzodiazepinas y anteriores intentos de suicidio

F. OLMOS

Desde que la semana pasada se conociese el suicidio de la influencer Celia Fuentes, desmontar pieza a pieza su en apariencia perfecta vida hasta reducirla a lo que realmente fue ha sido cuestión de tiempo para los medios de comunicación. Tras varias filtraciones de sus conversaciones de WhatsApp y las declaraciones de sus amigos más íntimos se ha podido trazar el verdadero perfil psicológico de Celia y que la llevó irremediablemente a su triste y fatídico final.

Final que pillaba por sorpresa a sus miles de seguidores, quienes creían todo lo que veían a través de su red social. Un peligro este último, el de creer, del que vienen advirtiendo los especialistas (psicólogos y psiquiatras en su mayoría) desde hace mucho tiempo. No es oro todo lo que reluce. Y es que, por desgracia, a sus amigos más cercanos y a su padre, que tuvo la desgracia de ser el primero en ver el cadáver, su suicidio no les pilló tan por sorpresa como al resto del mundo. Era la tercera vez que lo intentaba. Y esta vez no se quedó en un mero intento.

Las causas de la muerte

Sobre las nueve y media de la noche fue cuando su padre, general del Ejército ya retirado, la encontró colgada de una sábana sobre la escalera de casa según ha desvelado el diario El Mundo. Fue también su padre quien avisó a las autoridades y quien comentó por primera vez lo de sus problemas de depresión y su reciente desengaño amoroso. Tan sólo unas horas antes había subido una foto en ropa interior y su aparente vida marchaba como siempre: bien. Sin embargo su vida real marchaba también como siempre: mal.

Y es que sus amigos han contado a varios periodistas que Celia sufría depresión, pero nunca quería tratarse. Además su vida laboral no era tan simple como parecía a través de su cuenta de Instagram, en absoluto. Detrás de una fotografía en París -por la que podía llegar a cobrar 500 euros, sí- se escondían 14 horas de trabajo junto a su fotógrafo. Además del viaje y una vida constantemente pendiente del maquillaje, la ropa y la dieta. Y obsesionada con su trabajo.

A Celia le obsesionaban sus likes e incrementar su influencia para atraer a más marcas y conseguir más dinero. Llegaba a fingir photocalls para hacer creer que tenía más relevancia pública de la que en realidad conseguía. Vetada de la televisión española por unas declaraciones contra el programa 'Quiero ser', en el que participó en su momento, estaba exprimiendo las pocas horas que pasó junto al político argentino Facundo Moyano, vendiendo su punto de vista a cualquier programa dispuesto a pagar su precio.

Tendencia a la fantasía

Los medios, a través de las declaraciones de los amigos de la propia Celia Fuentes, claro, han puesto nombre a Alejandro Lillo como ese desengaño amoroso que su padre señaló como uno de los recientes sucesos que abocaron a la modelo al suicidio. Sin embargo el manager de Alejandro, modelo barcelonés, lo desmiente. Y es que al parecer, y según apuntan algunos medios, el desengaño vino sólo por una parte, ya que jamás hubo relación.

Celia, con su tendencia a querer vivir en una fantasía multicolor, se habría enamorado de Alejandro, llegando a presumir de una supuesta relación con él que jamás pasó de amistad. Al fin y al cabo era su trabajo, como cuando acudía con la única compañía de un fotógrafo a un festival a fingir que lo estaba pasando genial junto a sus amigas y volvía a casa sola a llorar durante lo que quedaba de noche.

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