La Verdad

La novia

E n plena discusión, la novia de Maradona quiso poner tierra de por medio y llamó a la recepción del hotel para pedir otra habitación... (¿Y por qué no otro hotel, otra ciudad, otro continente, otra vida lejos de semejante energúmeno?) Luego llegó la Policía y la novia de Maradona puso cara de asombro. ¿Cómo iba ella a acusar a Dieguito? Ella solo quería otra habitación para ponerse a salvo mientras a él se le pasaba el cabreo. Pero abandonarlo, jamás. Y denunciarlo... ¿A quién, a Maradona, al dios del fútbol argentino, a la estrella mundial del balompié? Hasta ahí podríamos llegar, che... La novia de Maradona tiene solo 26 años, 30 menos que él, y ya ha vivido otros episodios violentos con su pareja (uno de ellos grabado en vídeo). Supongo que la próxima vez que llame a la recepción de un hotel solicitando otro cuarto (o tal vez auxilio) se lo van a tomar como una chiquillada fruto del acaloramiento pasajero de una pareja que vive su amor con pasión. Al fin y al cabo, así es como lo ve ella ¿no?

En tantos y tantos análisis hechos y por hacer sobre la violencia de género, como mujer, suelo echar en falta una pieza clave: la autocrítica. Es evidente que para erradicar semejante plaga hay que acudir a las causas. Y las principales son la violencia machista y el afán de dominación. Pero, ¿qué hay de esas mujeres que reinciden, que vuelven con su agresor, que renuncian a denunciarlo, que siguen viviendo con él pudiendo marcharse, que continúan enamoradas después de la primera y de la segunda paliza? Creo que ese tipo de actitud también es digna de un análisis profundo que no reduzca a la agredida a mera marioneta indefensa (flaco favor nos hace...). No puedes clamar protección al Estado si no estás dispuesta a protegerte a ti misma. Sobre todo, por respeto a todas esas mujeres que sí denuncian, que hacen todo lo posible por ponerse a salvo, que huyen al primer síntoma y que, a pesar de todo, a veces son alcanzadas y aniquiladas por su perseguidor.

La novia de Maradona convive con un antiguo genio del balón que ha devenido en hombre irascible y violento. «Si te pego, te estropeo», le dijo el martes a un periodista. Es evidente que el 'estropeado' es él. Queda por analizar qué avería tiene ella.