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Un pasado encarnado con boato y pasión

Un momento del gran desfile de Moros y Cristianos celebrado este sábado por la noche en Murcia./Javier Carrión / AGM
Un momento del gran desfile de Moros y Cristianos celebrado este sábado por la noche en Murcia. / Javier Carrión / AGM

El gran desfile de entrada de Moros y Cristianos devuelve la ciudad al esplendor de la época medieval. Millares de personas disfrutan con kábilas y mesnadas, que ya trabajan para que la fiesta sea declarada de Interés Internacional

Manuel Madrid
MANUEL MADRIDMurcia

Treinta y cinco grandes desfiles consecutivos de entrada a Murcia ha organizado, con el de este sábado por la noche, la Federación de Moros y Cristianos en la Feria de Septiembre, número redondo que pone a kábilas y mesnadas en el disparadero para conseguir que Murcia sea una de las primeras ciudades españolas en contar con cuatro fiestas declaradas de Interés Turístico Internacional. El Bando de la Huerta, el Entierro de la Sardina y la Semana Santa ya lo son, y Moros y Cristianos están trabajando en el expediente para tramitar esta petición ante la Secretaría General de Turismo del Ministerio de Industria, Turismo y Comercio a fin de que se reconozcan los valores culturales y la tradición de esta expresión popular.

El espectáculo vivido en las calles del centro de Murcia, con cerca de 3.000 participantes, es un reflejo de ese empeño de los quince grupos festeros en contribuir al conocimiento de la historia de Murcia y los personajes que le dieron lustro.

Después de varios días de charangas callejeras, en la Gran Vía de Murcia se reprodujo en carne y hueso un grabado de época. El regreso al Medievo más fastuoso. Los boatos extraordinarios de los reyes de los dos bandos así lo acreditaron, con más de treinta bandas de música en escena y la participación de numerosas delegaciones foráneas de las 73 integradas en la Unión de Entidades Festeras de Moros y Cristianos (Undef) de la Comunidad Valenciana, Castilla-La Mancha, Cataluña y Murcia.

«La peculiaridad de las fiestas de Murcia es que no tienen patronazgo religioso», afirma uno de los fundadores de los Moros y Cristianos de Murcia -y mucho antes, en el 59, de Caravaca de la Cruz-, Luis García Martínez. «Lo que celebramos aquí es la fundación de la ciudad de Murcia. Cada pueblo tiene su forma de desfilar, y nosotros hemos cogido en parte la costumbre de Alcoy, porque parte de los fundadores son alcoyanos. Pero aquí nos movemos de forma distinta a como lo hacen en Santomera o en Lorca». Luis encarnó al rey cristiano, Alfonso X el Sabio, en 2001, y pertenece al grupo Templarios, que tiene un centenar de socios, de los que desfilan la mitad. El cabo de honor de este grupo iba con cinco compañeros en una carroza que simulaba un comedor medieval, en la que escenificaban una gran cena, con vasijas y platos de barro, cortando el pan con brutalidad para el regocijo del público. «Es la carroza de los que ya no podemos caminar. Nos tuvimos que inventar esto para seguir saliendo», ríe, moviendo una cabellera blanca natural que dice de su fortaleza y enfrascado en un traje con los colores templarios: blanco, negro y rojo. Reina la camaradería a bordo. No es para menos. Pilar de las Heras Turleque, primera mujer en España en presidir una federación de Moros y Cristianos, puede dar fe del orgullo que se siente reconstruyendo hoy para los murcianos el tiempo de ayer.

El bando cristiano fue en cabeza este año en la noche más luminosa y vibrante de la Feria, especialmente para las abanderadas: Natalia García (infantil) y María del Carmen Ropero (mayor). «Ni como princesa de cuento ni como Cenicienta. Lo estoy disfrutando como Natalia», decía la niña, blanca y dorada. Tiene 9 años, pero la primera vez que desfiló fue en la barriga de su madre, Berta. Aunque pertenece a la mesnada de San Juan, la pequeña salió de mora -su abuela Reme fue una de las artífices del vestuario-, «pues este año se ha querido representar a los dos bandos», precisó María del Carmen, de lila y plata, que por unos momentos reconocía tener la mente fuera de las oposiciones -su sueño es ejercer como maestra-. Su grupo, Infante Don Juan Manuel, cumple 25 años. Le seguía una presumida escuadra completa de miradas emocionantes.

José Luis Rivera, funcionario de los Cuerpos y Seguridad del Estado, encarna este año al Infante Alfonso de Castilla. Él y su dama, Francisca Luz Pérez, de sonrisa inextinguible, aparecieron en una carroza con su hijo, «el príncipe heredero», también José Luis de nombre, alumno de Jesús María. «Llevamos ocho años en la fiesta, y poco a poco vas cogiendo veteranía. Es una emoción tremenda, porque esto es una fiesta que representa nuestra historia y nosotros, de alguna forma, vamos rellenando los huecos que tiene la gente».

El rey Moro Aben Hud y su favorita, Francisco Javier Espinosa y Ana López, cerraban el bando moro, conformado por ocho kábilas, jubilosas y electrizantes. En la de Abbul Abbas iba, como nunca se le había visto, el concejal de Calidad Urbana, José Guillén, moviéndose al ritmo marcial marcado por el cabo. Susana Hernández, portavoz del PSOE y la favorita del Rey Moro del año pasado, vio este año el desfile desde las tribunas con su sobrina, acostumbrada a la charanga desde que era bebé. Otros dos miembros del Ejecutivo tomaron parte: Rafael Gómez (Educación) y Rebeca Pérez (Juventud y portavoz).

El Ayuntamiento de Murcia aporta cada año a la Federación una subvención de casi 75.000 euros, siendo la única administración que colabora en la Región. Pero el desfile de anoche se come la mayor parte de esta ayuda, por lo que, según explica el presidente, Javier Arenas, sin la colaboración de las empresas murcianas sería imposible que se pusiera en escena este sobrecogedor montaje. Este año no desfilaron elefantes como en otras épocas, pero la organización es igual de ardua que manejar a una bestia, reconoce Arenas, quien mientras sea presidente prefiere ver el gran desfile desde la tribuna. «Llevo 9 meses, así que hasta 2020 por lo menos no volveré a salir. En 2009, con mi mujer, Merche, fuimos reyes, y ella estaba embarazada de mi hijo Javi, es un bicho y le apasiona la fiesta».

La tesorera de la Federación, María Teresa Cambronero, es «la reina del dinero». Templaria y cabo de su filá, así describía al final cómo fue su aparición en la Gran Vía nada más pasar el Puente Viejo: «¡Uffff! Con los pelos de punta, es emoción pura. No puedes ser vergonzosa, aunque he visto a gente que lo es y cuando pasa el puente se engrandece. No hay que tener timidez para esto», afirma esta profesora de Matemáticas de un instituto de Molina de Segura. «De momento nos cuadran las cuentas, a pesar de que tenemos poco presupuesto. Deberían darnos más», decía mientras movía con un garbo inusual su traje de terciopelo en blanco, negro y rojo, con pasamanería y brocados.

La Federación agradece la asistencia multitudinaria y confía en que no falle el apoyo popular para que los murcianos sigan viviendo su historia.

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