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Roca Rey corta un rabo y abre la puerta grande junto a El Fandi y Talavante

El Fandi, Talavante y Roca Rey salen a hombros de la Plaza de Toros de Murcia./G. Carrión / AGM
El Fandi, Talavante y Roca Rey salen a hombros de la Plaza de Toros de Murcia. / G. Carrión / AGM

El diestro peruano y el extremeño salen a hombros gracias al gran trabajo con sus segundos, mientras que el granadino obtuvo un trofeo de cada uno de los astados de su lote

FRANCISCO OJADOSMurcia

El festejo

Incidencias
Plaza de toros de Murcia. Tercera corrida de toros de abono. Mas de tres cuartos de entrada.
Ganadería
Seis toros de Victoriano del Río, bien presentados y de excelente juego.
El Fandi
de marino y oro, oreja y oreja.
Alejandro Talavante
verde oliva y oro, ovación con saludos y dos orejas
Roca Rey
de tabaco y oro, ovación tras aviso y dos orejas y rabo.

El martes de Romería recuperó este año su tirón en taquilla. La mejor entrada de la Feria. En gran parte derivada por la presentación de Roca Rey en La Condomina. No decepcionó la corrida de Victoriano del Río, la mejor presentada del ciclo y también la que en conjunto mejor juego dio. Una alegría ver a seis toros metiendo la cara y embistiendo con bravura.

El excelente juego en conjunto de los seis toros propició el triunfo de la terna, con una oreja para Fandi en cada uno de su lote, dos orejas para Talavante en su segundo y los máximos trofeos para Roca Rey en el sexto, que perdió otros dos por la espada en su primero. Cierto es que el palco puso de parte, otorgando trofeos en límite, y tirando para el lado del sí quiero en caso de dudas. Así llegaron a las manos de Fandi la oreja de su segundo toro, la segunda de Talvante, el rabo de Roca Rey, en nada comparable al que paseó ayer Ponce, ese sí, conseguido a ley. El ambiente de la tarde, con los tendidos casi llenos, y el público con ganas de fiesta, también propició los excesos.

Con dos largas cambiadas, acogidas con clamor por el graderío, saludó El Fandi al primero de la tarde, al que luego realizó un quite por chicuelinas rematado con la media. Pese a llegar mermado por una lesión de abductores, el granadino cumplió en banderillas, con dos pares de dentro a fuera y otro al violín. Brindó a un público que conoce bien. Toro noble, bueno para el torero al que el granadino le tomó bien el pulso por ambos pitones, en series donde hubieron muletazos largos. Un circular agarrado a la culata y el desplante genuflexo, bajo el tendido de sol, puso fin al largo trasteo. Como David fue un cañón con la espada y el bravo murió en los medios, el astado fue ovacionado en el arrastre y el El Fandi paseó el primer trofeo de la tarde.

Variado estuvo con la capa ante el cuarto, que casi se lleva por delante a Fandi en el quite iniciado por lopecinas, y que completó con chicuelinas y tafalleras, con el que puso la plaza a favor. En banderillas, el granadino puso en pie al sol cuando en esos terrenos colocó un par por los adentros, citando de rodillas y otro al violín. Colocó hasta cuatro pares a petición del pueblo. Brindó al respetable. De hinojos citó desde la distancia y Marchante acudió raudo y veloz a la llamada del matador que le hizo ovillo en ese inicio de rodillas enroscándoselo en torno a sí en un interminable circular. Con la derecha mantuvo el astado su alegría en la embestida y por ahí Fandi le dio fiesta. Una estocada al volapié no fue suficiente y pese a tres descabellos, con una petición al límite, paseó el trofeo que le abría la puerta grande.

Tres verónicas y media, de mucha suavidad, fue el recibo de Talavante al segundo de la tarde, al que no brindó. El inicio de muleta fue solvente, con la diestra, y en el tercio el toro tomó con clase la primera tanda ligada de derechazos, bien rematada con el de pecho, y cuando parecía que era el momento idóneo para que la faena cogiera vuelo, en lugar de dejarse venir al astado y torear de largo, Talavante acortó la distancia para torear de uno en uno , todo con estilo, pero sin exigirse. Una media defectuosa, seguida de cuatro descabellos culminaron una actuación que supo a poco. El público, cariñoso, le propinó una ovación. Al quinto lo saludó con dos faroles y lanceó después a pies juntos. Vistosas fueron las crinolinas del quite y esta vez si brindó su faena, que comenzó con una arrucina en la que tuvo que esquivar el bravo viaje de Dalia, toro de triunfo. Faena de trazos elegantes de Talavante, toda en el tercio a un toro de medios, que no llegó con fuerza a los tendidos hasta las últimas tandas, ayudado por la interpretación del pasodoble Nerva por parte de la banda Santa Cecilia de Archena. En ese final tiró de fantasía en los remates y se ajustó, por fin, en la tanda diestra que abrochó su trasteo. Cayó la media en buen sitio, dobló pronto el toro, y la faena fue premiada con el doble trofeo.

Epicentro, nº 96, de 523 Kg. fue el toro de Victoriano del Río con el que hizo su presentación en La Condomina Andrés Roca Rey. Muy vertical, el peruano lo recibió a la verónica firmando una buena media a pies juntos. Luego se lució en un quite vistoso, por caleserinas, tras echarse el capote a la espalda, y pasar el toro muy cerca de la anotomía del diestro. Gustó al público, y se vio que el pueblo estaba con el torero cuando este brindó desde el centro del anillo. Conectó con el público de una manera excepcional. Ese es posiblemente el gran secreto de este torero. Lo hizo desde los cinco estatuarios con los que comenzó su gran faena de presentación en Murcia. Epicentro embistió con clase y profundidad y lo entendió el joven peruano en dos series ligadísimas en redondo. Luego otra al natural tuvo encaje, toreando muy por abajo, lo que luce más con una muletita pequeña como la que porta este torero. En las manoletinas finales hubo alguna voz en el tendido reclamando el indulto del toro. No quiso darse coba el joven diestro que montó la espada con la poca fortuna de marrar antes de un pinchazo hondo, arriba, pero que precisó del descabello. Escuchó el aviso y se esfumaron dos orejas de ley. Ese era el premio medido a su segunda labor. Sin embargo el palco se embriagó del ambiente festivo y atendió la petición de los máximos trofeos. Con lances a pies juntos, ganado terreno saludó Roca al burraco, un señor toro al que dejó crudo en el caballo. Toro entero quiso para sí un torero con ambición. Tafalleras y chicuelinas compusieron un buen quite. Viruta quedó a merced en la lidia de banderillas y no dudó Pepín Liria en saltar al ruedo para hacer el quite, llevándose una de las ovaciones de la tarde. Luego la faena de Andrés fue muy completa, cambiando el viaje en el inicio por la espalada y llevando muy por bajo las embestidas. La Parranda se convirtió en banda sonora de la actuación del peruano, siempre bien colocado, con valor, para ligar y engarzar pases imposibles. Esta vez funcionó la espada, y el personal, que en gran parte fue a la plaza por verlo a él, se marchó feliz.

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