¡Cómo están estas polacas! ¡Con qué ardor gritan! ¡Qué pasión ponen! Lo de estas chicas con ‘La Roja’ ha sido un flechazo. En
Dlugi Targ saltan a la vista los colores de guerra de España pintados en las níveas mejillas de walkirias de ojos azules que, como Angelina pasea sus poderosos 180 centímetros sin tacones por esta plaza vertical del casco viejo de
Gdansk, posiblemente una de las ciudades más bellas de Polonia.
La locura por España de las polacas se respira en cada rincón, en el ambiente festivo de las calles de esta perla del Báltico, orgullosa anfitriona de la selección. La escena se repite unos pasos más allá, esta vez con un grupo de veinteañeras embutidas en la elástica roja pese a que atienden a nombres cercanos pero lejanos como Weronika, Sylwia y Justyna. Muy cerca, Katarzyna y Agniela se pintan en los pómulos un corazón rojo y amarillo, mientras Magda se anuda al cuello una bufanda rojigualda que cuelga sobre una camiseta blanca en la que se puede leer POLSKA escrito así en mayúsculas.
Este arrebato de las polacas por España llama la atención. En un fácil juego de palabras diríamos que lo de estas chicas más que abrumar, ‘son-roja’. ¿A qué obedece semejante devoción por ‘La Roja’ en un país situado a casi tres mil kilómetros, sin ningún vínculo cultural con nosotros y con un idioma áspero y superpoblado de consonantes?
Más allá de que en Polonia aún perdura la imagen de España como campeona del Mundo y de que parte como favorita (lo que ya de por sí seduce a muchos aficionados), resulta que el español es un idioma de moda en Gdansk, la patria de Lech Walesa y Schopenhauer, y en muchas otras ciudades polacas. “La carrera de Filología Ibérica (así es como se llama) es una de las más demandadas en la Universidad de Varsovia”, cuenta en un correctísimo castellano Magda, una guía turística de 30 años que trabaja en la ciudad que alumbró el movimiento Solidaridad, y que conoce bien las novelas de Pérez Reverte, Ruiz Zafón y Eduardo Mendoza, a las que llegó tras enamorarse de Borges y García Márquez.
El exotismo de nuestro idioma en estas tierras frías del norte de Europa ayudó al desembarco del español en Polonia, que cuenta con el buque insignia del Instituto Cervantes y su espectacular sede de Varsovia (1994) y Cracovia (2004). “Hubo un tiempo”, recuerda la joven, “que aquí solo se estudiaba inglés, alemán y algo de ruso; entonces los polacos empezamos a buscar algo nuevo, algo distinto y ¡encontramos el español!”.
La gastronomía seduce
Con la lengua llegaron otras muchas cosas, el sol, el carácter abierto de nuestras gentes, los coches españoles (en las carreteras se ven muchos modelos de Seat Ibiza) y, la más importante, la gastronomía. “En Polonia, la comida extranjera más popular es la pizza, tanto que ya la vemos como algo nuestro y no nos resulta ajena”, explica Weronika, una de las chicas que luce la camiseta de la selección y que sucumbió, fascinada , a la desconocida gastronomía española. “La paella, el gazpacho, la tortilla de patata… ummmmmm”, se relame.
Por si todo ello no fuera suficiente, Weronika añade otro argumento para explicar la simpatía que España despierta en su país. “Los polacos somos gente sencilla, trabajadora y solidaria. Hemos sufrido mucho, aunque ahora estamos creciendo por encima de la media de la Unión Europea. Vosotros en España lo estáis pasando mal y una forma de expresar nuestro cariño, nuestra cercanía, es animando a la selección española”, subraya. “Además”, puntualiza su amiga Sylwia, una maestra con un sueldo de 700 euros (el salario medio en Polonia) “somos dos países lejanos, pero muy parecidos, en número de habitantes, en superficie y en religión, aunque antes de ir a visitar Roma y el Vaticano, yo prefiero irme de vacaciones a tomar el sol a Lloret de Mar, jajajajaja”. Y con esa radiante carcajada dejamos a Sylwia, que se despide poniendo rumbo al estadio de Gdansk con un sonoro grito en español: “¡A por ellos!”. El idilio con ‘La Roja’ continúa.