El 21-D decidirá el ser o no ser del proceso catalán

Rovira aplaude junto a una silla vacía en recuerdo del ausente Junqueras al comenzar la campaña. /Albert Gea (Reuters)
Rovira aplaude junto a una silla vacía en recuerdo del ausente Junqueras al comenzar la campaña. / Albert Gea (Reuters)

Comienza la campaña más atípica en 40 años, marcada por el 155, la convocatoria de Rajoy y el encarcelamiento y huida de candidatos

CRISTIAN REINOBarcelona

La campaña electoral más atípica en 40 años de democracia comenzó de madrugada en Cataluña con todo por decidir, con las espadas en todo lo alto y la pugna mano a mano entre las fuerzas secesionistas y las constitucionalistas que se juegan el 21 de diciembre dar por liquidado el proceso soberanista o mantenerlo vivo.

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     Los comicios autonómicos del 21-D son inéditos por el día en que se celebran -un jueves laborable-, de ahí que el inicio de la carrera fuera un lunes, pero sobre todo son poco normales por las circunstancias que rodean a todo el proceso electoral. Cinco millones y medio de catalanes serán llamados a votar dentro de dos semanas en las duodécimas elecciones catalanas desde la recuperación de la democracia, que fueron convocadas por el presidente del Gobierno y no por el presidente de la Generalitat, como corresponde, ya que desde hace un mes rige el artículo 155 de la Constitución que intervino la autonomía catalana.

     El Gobierno central impulsó la aplicación del controvertido artículo, después de que el Gobierno catalán y la mayoría secesionista impulsaran y celebraran un referéndum sobre la independencia y la Cámara proclamara el pasado 27 de octubre la república catalana independiente. La decisión llevó a prisión a ocho exconsejeros de la Generalitat, mientras que el presidente del Gobierno catalán cesado y otros cuatro exconsejeros huyeron a Bruselas.

     Por primera vez en la democracia española, los dos cabezas de cartel de dos de las principales listas no podrán participar en la campaña. Ni Carles Puigdemont, que intervendrá en los mítines a través de videoconferencia, ni Oriol Junqueras, en prisión desde hace un mes, podrán defender sus propuestas en el territorio catalán, una restricción que mediatizará la carrera hacia el 21-D.

     El independentismo esperaba que el juez del Tribunal Supremo dejara en libertad con fianza a los ocho exconsejeros encarcelados y a los 'Jordis', pero no fue así, y la decisión del magistrado de mantener a Junqueras, Forn, Sánchez y Cuixart en la cárcel marcó el inicio de la campaña. «Es un atentado a la democracia», según expresaron en Junts per Catalunya. «Una venganza» y un «intento encubierto de ilegalización de ERC», según Esquerra. Los secesionistas llevan semanas poniendo en cuestión el resultado del 21-D.

     

Mayoría en el aire

     

     

     Cataluña vuelve a las urnas, más de dos años después del 27-S, que supuso el inicio de un proceso vertiginoso hacia la proclamación de la república. En 2015, Junts pel Sí (Convergència y Esquerra) y la CUP obtuvieron la mayoría absoluta en escaños, con la que se consideraron legitimados para lanzar un desafío sin precedentes al Estado español, que acabó con una declaración de independencia, pero reconociendo, a posteriori, que Cataluña no estaba preparada para ese salto. En el camino, cerca de 2.500 empresas catalanas, las de más relumbrón, se han marchado, y se ha producido una enorme fractura social.

     En ese contexto, el independentismo busca revalidar la mayoría absoluta para mantener viva la llama del proceso. La gran incógnita de los comicios está en saber cómo afectará en el secesionismo la frustrada declaración de independencia, el encarcelamiento de sus dirigentes y las consecuencias económicas del proceso. De momento, la campaña da comienzo con la encuesta del CIS, que otorga un empate casi técnico entre Esquerra y Ciudadanos por la primera plaza y deja en el aire la mayoría absoluta del secesionismo. Junts per Catalunya va al alza, Esquerra a la baja y está por ver si Ciudadanos sigue capitalizando el voto constitucionalista.

     El independentismo, cuyas fuerzas han escondido sus programas hasta el último día, vuelve a plantear los comicios como un plebiscito sobre la independencia y en esta ocasión también contra el 155 y como la segunda vuelta del 1-O, mientras que el constitucionalismo ve la oportunidad para finiquitar el proceso tras cinco años de alta tensión política. En el secesionismo, donde se ha roto la unidad y las tres fuerzas concurren por separado, ya no hay una hoja de ruta conjunta, a diferencia de 2015, aunque hay objetivos comunes, como construir la república catalana, continuar el mandato del 1-O,exigirla libertad de los dirigentes presos, recuperar el autogobierno y poner en marcha un proceso constituyente. El único que no entierra la vía unilateral es la CUP.

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