Ocho de cada diez jóvenes trabajarán con más de 65 años por la pensión

Tania Leon, joven española que trabaja como azafata de autobús. /Miguel Vidal (Reuters)
Tania Leon, joven española que trabaja como azafata de autobús. / Miguel Vidal (Reuters)

Es la estimación de la OCDE para 2050 en España, cuya brecha con las economías avanzadas crece porque allí ‘solo’ superará esa edad el 53%

José Antonio Bravo
JOSÉ ANTONIO BRAVOMadrid

Un futuro más severo en lo laboral se antoja cada vez más como el escenario con mayor probabilidad de darse. Lo dicen los institutos económicos nacionales, tanto públicos como privados, y también los internacionales. El último en pronunciarse ha sido la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

Hace una semana destacaba el riesgo de pobreza de los futuros jubilados españoles, situándoles casi medio punto por encima del promedio del club de los 35 países más desarrollados en cuanto a la desigualdad entre sus pensiones y sus salarios anteriores. Y esto es especialmente preocupante en un país con uno de los mayores índices de envejecimiento de población en la organización, solo por debajo de Japón entre las grandes economías.

Este jueves volvió a poner el énfasis en ello: ocho de cada diez jóvenes actuales seguirán en el mercado laboral español pasados los 65 años. Lo harán tanto por las dificultades crecientes para acceder al mercado laboral –entran cada vez más tarde–, como por las dificultades para garantizarse una pensión ‘digna’.

En esa ecuación pesa más lo segundo que lo primero, apuntan los técnicos de la OCDE. La razón es que mientras en la mayoría de sus países miembros los jubilados obtienen cerca de dos tercios de su prestación conforme a los ingresos previos (en forma de cotizaciones) que hubieran generado durante su vida laboral, en España ese grado de vinculación alcanza casi el 100%.

Además, en el caso español la última reforma del sistema aboca a las pensiones a una pérdida casi continuada de poder adquisitivo, al abandonar el IPC como factor de revalorización anual e incluir un mínimo del 0,25% que, conforme a los factores fijados, puede terminar convirtiéndose en norma habitual.

Ello puede explicar, en buena medida, que la brecha de España respecto a las economías avanzadas en el envejecimiento de su población laboral vaya a ir en ascenso. Según la progresión que la OCDE estima en el horizonte de 2050, para entonces ese citado 80% de ciudadanos mayores de 65 años aún estaría trabajando, mientras que el promedio de sus socios estaría en el 53%.

Cambio “drástico”

Ninguno de los dos datos es bueno. En la OCDE casi se duplicaría el nivel actual (con datos oficiales de 2015), situado en el 28%, pero en España se multiplicaría por 2,6 veces desde el 30% que se registra hoy en día. Esto es, la brecha entre ambos se dispararía, quedando muy lejos ya la igualdad de los años 80 (en ambos solo dos de cada diez personas estaban en esta situación).

En las conclusiones de su informe, sin embargo, la organización no renuncia a un cierto tono de eufemismo. «La experiencia de la vejez cambiará drásticamente» para todos los nacidos más allá de la década de los 60», afirma para reclamar a las autoridades nacionales que tomen medidas para permitir que sus pronósticos pequen de pesimismo.

Pero el patrón de vida que se espera para sus poblaciones, no solo en la española, parece dar poco pie a ello. «Las personas vivirán más tiempo, pero muchas pasarán por periodos de desempleo y percibirán salarios bajos, mientras otras habrán disfrutado de trayectorias estables e ingresos más altos». Y_esa desigualdad de rentas se acusará «principalmente entre los más jóvenes».

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