BALONCESTO

Marín, el hombre entre bambalinas del UCAM Murcia

Manu Marín, en el Palacio de los Deportes. / NACHO GARCÍA / AGM
Manu Marín, en el Palacio de los Deportes. / NACHO GARCÍA / AGM

«A veces piso el freno porque los técnicos se pasan», dice el preparador físico

EMILIO SÁNCHEZ-BOLEA Murcia

Por nadie pasa que el UCAM es un equipo duro. Así lo demuestran las estadísticas, que le sitúan como el segundo que menos puntos ha recibido esta pasada temporada en la Liga Endesa, y también el segundo que menos ha anotado. Sus partidos se juegan en el barro. Una filosofía de juego que también despertó algunas quejas, y es que solo el Fuenlabrada hizo más faltas.

Querido en Murcia, odiado fuera. Pero su impopular estilo es el que llevó al UCAM a firmar una de las mejores temporadas de su historia, a las puertas de la Copa del Rey y el 'playoff', pero con un bronce europeo, «donde buscamos llegar en nuestro pico de forma». Quien habla es Manu Marín, preparador físico del equipo desde hace dos años y principal responsable de este trabajo entre bambalinas que permite al UCAM ser un conjunto muy duro físicamente. «Después de los cinco equipos de la Euroliga, Murcia es el siguiente pistón», dijo Diego Epifanio, entrenador del Burgos.

Su trabajo consiste, básicamente, en «hacer que los jugadores estén lo más en forma posible y disponibles para el entrenador». Y en un baloncesto que evoluciona irremediablemente hacia lo físico, el uso de la tecnología es cada vez más capital. «Nos servimos de ella para, en la pretemporada, cuantificar datos; y durante el año usamos unos dispositivos que nos informan del número de saltos, esprines, cambios de ritmo, etc., que hacen los jugadores en cada entrenamiento». Todo queda medido.

Cuando las cosas van bien, pocos miran al preparador físico. Cuando las lesiones se suceden, lo hacen todos. «Son algo común, pero aquí trabajamos todos juntos y sabemos cómo va el desarrollo de una lesión. Los procesos son muy complejos». Y es que este año hubo dos casos para el estudio. Son los de José Ángel Antelo y Vitor Faverani. El español se fracturó el tendón de Aquiles en septiembre, volvió en febrero para tener que parar en marzo, y el día de su reaparición en la 'Final Four' se volvió a romper. El brasileño, un 'expediente X', jugó 44 minutos en toda la temporada. «Pensábamos que íbamos a tener una rehabilitación más fácil, no fue así pero sí se consiguió que entrenase con el grupo y que estuviese disponible, luego fueron surgiendo otros problemas derivados».

Las lesiones no son solo un contratiempo físico para el jugador, también un reto en el aspecto mental, y «tanto yo como el fisioterapeuta somos un poco los psicólogos del equipo». Psicólogos y confidentes. «También te cuentan si tienen un problema con el entrenador, algo de fuera del equipo, y hemos de ayudarles para que también estén a su mejor nivel mental».

Le toca hacer de 'poli bueno' con el jugador y de 'poli malo' con el entrenador. «Hay cierto tira y afloja cariñoso, porque a los entrenadores les gusta entrenar mucho y a mí me toca a veces pisar el freno si hay jugadores mermados». Un tira y afloja en el que se combinan cariño, broma y seriedad. «Es algo divertido».

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