Un equipo y 15.000 gargantas

Entremaniento en la histórica cancha del pabellón OAKA de Atenas./FIBA
Entremaniento en la histórica cancha del pabellón OAKA de Atenas. / FIBA

La primera batalla del UCAM por la conquista de la Champions es ante un AEK cuya afición abarrotará la grada. Los dos equipos han tenido una trayectoria muy similar en la competición, y sus estilos de juego son también parecidos

EMILIO SÁNCHEZ-BOLEA

A ochenta minutos de la gloria, a cuarenta de dar el primer paso. Por fin llegó el momento. A las 20.30 de hoy, hora española, el UCAM debutará en una 'Final Four' europea, la de la Champions, competición en la que se estrena esta temporada, la segunda de sus andanzas por Europa.

Sigue sonando increíble para un equipo que acostumbraba a sentir muy de cerca las brasas del infierno del descenso cuando llegaba el mes de mayo. Uno que hasta hace cuestión de apenas cuatro temporadas peleaba por no descender. Hoy, ese mismo club, el que más veces ha descendido y vuelto a ascender en la historia de la ACB, va a jugar una semifinal europea contra el AEK Atenas, uno de los equipos más longevos de Europa (1924). Y lo va a hacer en el OAKA, el pabellón de mayor capacidad en el Viejo Continente de cuantos albergan partidos de baloncesto de manera regular durante la temporada. Ante una hinchada rival, se estima, de unos 15.000 apasionados espectadores, que harán mucho ruido.

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Cuatro claves
1
La fuerza de ambos equipos reside en una definición de roles y un compromiso grupal que les lleva a pelear cada partido
2
Tanto el UCAM (Iberostar Tenerife) como el AEK (Nymburk) ganaron su eliminatoria de octavos perdiendo su partido en casa y ganando la vuelta fuera
3
Los dos accedieron a la 'Final Four' eliminando en cuartos a un equipo que les ganó las dos veces en fase de grupos (UCAM al Pinar Karsiyaka, AEK al Estrasburgo)
4
Si el UCAM dio un salto de calidad con un fichaje de mitad de temporada (Lima) que también había jugado en Champions, el AEK también experimentó lo propio (Punter, 19,5 puntos por partido y procedente del Rosa Radom)

Un título continental, uno de los equipos con mayor solera de Europa como rival, el mismo escenario de unos Juegos Olímpicos y una 'Final Four' de la Euroliga y el imperdible ambiente que crean en las gradas los aficionados griegos, los más pasionales de Europa. Parece real. Lo mejor es que lo es. El UCAM Murcia CB es parte de ello. Asusta pensarlo, pero aún más ilusiona.

A las 17.30 horas se juega la semifinal entre el Riesen y el Mónaco, de la que saldrá el rival del domingo

Un revoltijo de emociones para un equipo sobre el que existe el temor que se vea más afectado por la envolvente atmósfera del OAKA que por el rival en sí, pero ante lo que hay que recordar que, de cuantos nueve partidos ha disputado hasta el momento el UCAM lejos de Murcia, ha salido vencedor en seis. Y que el último de ellos fue en la caja de cerillas en que está convertido el pabellón del Pinar Karsiyaka, donde los aficionados agredieron a Sadiel Rojas, llovieron todo tipo de objetos, se 'averió' el marcador durante más de una hora y el humo del tabaco formó parte de la anarquía turca. El UCAM se encontrará con un ambiente adverso, pero nada por lo que no haya pasado ya antes. La experiencia del que ha vivido de todo en la ilusión del novato.

Un ambiente para el que, por otra parte, tiene la historia sobrados ejemplos de lo contraproducente que ha sido para los anfitriones jugar ante su público en una gran cita. Incluso si su plantilla era sensiblemente superior, caso de lo que las casas de apuestas indican en favor del conjunto ateniense para esta noche. Sin ir más lejos, el UCAM ya ha jugado ese papel de aguafiestas esta temporada, cuando eliminó al Iberostar Tenerife, vigente campeón, en feudo canario y con una diferencia inicial adversa en el marcador.

En cuanto a baloncesto, lo que parece seguro es que el partido no defraudará. No en vano son dos de los cuatro mejores equipos de esta Champions League, pero además las similitudes entre atenienses y murcianos son palpables, y la principal es la importancia de los intangibles, un compromiso grupal que da una fortaleza mental al equipo para no dejarse llevar en ningún momento del choque. No en vano, ha ganado 15 de las 18 segundas partes de sus partidos.

El mejor ejemplo de este corazón, su eliminatoria de octavos de final ante el Nymburk checo, contra el que perdieron el partido de ida en el OAKA (88-98) y remontaron después como visitantes (82-93) con un triple a falta de 2,8 segundos del final de Kevin Punter, un alero llegado en febrero al AEK y que promedia 19,5 puntos por partido. Aquel día Manny Harris tocó el cielo con 36 puntos que, sumados a sus 25 en el partido de ida, le valieron los honores de 'MVP' de octavos de final -como también lo fue de la Copa griega-. Habían hecho como el UCAM, remontado su eliminatoria fuera de casa.

Y como los de Ibon Navarro, también accedieron a la 'Final Four' pasando por encima de un equipo que ya les había ganado sus dos enfrentamientos directos en la fase de grupos, caso del Estrasburgo francés, a quien primero vencieron 78-69 y con quien después, curiosamente, empataron a 83, cerrando también la eliminatoria con un triple al límite del reloj, esta vez irrelevante.

Donde tiene además mucho pedigrí el AEK es en la banda. Dragan Sakota, otrora maestro de Fotis Katsikaris, es uno de los entrenadores más experimentados del baloncesto europeo con más de cuarenta años en los banquillos, encargado, también como en su primera etapa al frente del banquillo del AEK, de devolver al equipo aurinegro la gloria perdida, habiéndose llevado ya este año, y contra todo pronóstico, la Copa griega.

Una de las fortalezas del equipo de Sakota, un equipo con mucho talento ofensivo, se encuentra en la definición de sus roles y estilo de juego. Cada uno sabe qué hacer. Sakota, pero Dusan, el hijo, es el general dentro de la pista. Candidato a mejor alero de la competición, desde sus 2,10 de estatura no ha fallado a su cita con el triple en ningún partido. Aunque si la cosa va de meter puntos por fuera, la dupla formada por Harris -conocido como 'Super Manny'- y Mike Green, que queda a otras labores cuando su compañero tiene el día, promete emociones fuertes. Otro extranjero, Punter, les ha subido el nivel y mucho: es el máximo anotador de la Champions con 19,5 puntos por partido. Un brillo para el que es necesaria la silenciosa versatilidad del guayanés Delroy James, que a pesar de sus 2,03 de altura juega de interior, con una capacidad atlética que no se intuye en su anchura de hombros y caderas, y con un gran conocimiento del juego estático. Otro de los destacados que le acompaña cerca de los aros es Dimitris Mavroeidis, el clásico pívot griego duro y entregado, y con experiencia en la Liga Endesa con el Bilbao de Katsikaris.

Suena el despertador. El sueño ya está aquí. Pero aún se puede posponer un par de días más la vuelta a la realidad.

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