LIGA ENDESA

Delía saca el carácter argentino

Marcos Delía, en la plaza Cardenal Belluga, frente a la catedral de Murcia./Alfonso Durán / AFM
Marcos Delía, en la plaza Cardenal Belluga, frente a la catedral de Murcia. / Alfonso Durán / AFM

«Este año me es todo familiar y me siento más cómodo y con más confianza»

EMILIO SÁNCHEZ-BOLEAMURCIA

La afición del Palacio enfila las escaleras de salida confusa. Después de ser saldadas con derrotas las dos primeras jornadas en las que se señaló y mucho el trabajo reboteador del equipo, especialmente las escasas cuatro capturas de Marcos Delía, el argentino ha emergido como factor diferencial con sus 15 rebotes en la primera victoria de la temporada del UCAM, más del doble de su récord de la pasada temporada, que estaba en siete. Además, ha anotado 13 puntos. Incluso se le ha visto cerrar los puños y celebrar con rabia una acción de canasta y adicional.

Solo tres días después llega también la primera victoria en la Champions. Nuevamente, Delía supera el que habría seguido siendo su récord reboteador con ocho rechaces ante el Hapoel Holon, un partido muy disputado, de esos que gana el que mejor sabe tirar de galones. En esas, Guy Pnini, uno de los jugadores más representativos del baloncesto israelí y campeón de una Euroliga que ha disputado por ocho temporadas, lleva un rato intentando atraer a su terreno a los árbitros. Delía se cansa, y en su enésima simulación acude a reprocharle su actitud al veterano alero. Un momento. ¿Delía, Marcos Delía?

Como mínimo, se parece. Pero es el mismo. El que, siguiendo el calendario, frena en seco al que venía siendo el MVP de la Liga Endesa, Henk Norel, que venía liderando la Liga Endesa en puntos (21,7), rebotes (12) y valoración (32) hasta la derrota de su Gipuzkoa Basket en la visita del UCAM, partido en que sus números menguan hasta los nueve, seis y cinco, sus guarimos más bajos de la temporada.

"Para esta temporada me propuse dejar que las expresiones fluyan, eso también puede ayudar al equipo para ir a buscar el partido con más agresividad", reconoce al ser advertido de este aumento en la gestualidad. Los números están con él, pues es el líder del UCAM en la famosa estadística del más-menos, la que mide el parcial del equipo con un jugador en pista, intentando cuantificar su incidencia en el partido fuera de las estadísticas tangibles. El UCAM, que cierra su partidos con una media de tres puntos por debajo en el marcador, no gana por más con nadie en pista que con Delía, con quien vence por 2,67. Pero también destaca en lo que más se ve: ha pasado de 5,7 puntos, 3,3 rebotes y 6,6 de valoración por partido la temporada pasada, a 9,1, 4,6 y 10,6 en lo que va de la presente.

¿Qué ha cambiado? "Creo que es un poco de todo. Me encuentro bien físicamente, llegué con buen ritmo de la selección y eso ayuda a estar mejor ubicado en la cancha", analiza con timidez un nada charlatán Delía. Rompe ahí también con el estereotipo argentino, y tal vez sea esa injusticia de poner etiquetas lo que más le penalice. No tiene la exuberancia de un Tumba que sí está considerado un especialista defensivo pese a que, con más discreción, hayan sido más de uno y de dos los partidos en que Delía haya frenado más eficazmente al poste rival. Tampoco enerva a la grada como sí hace Sadiel Rojas. Ni tiene el respeto arbitral de Oleson como para ir más allá de la resignación cuando le pitan algo en lo que no está de acuerdo. Sí posee el don de la ubicuidad, un extra de altísima importancia en un moderno baloncesto de espacios que rompe con convencionalismos y pide que todos los jugadores en pista sean capaces de hacer casi de todo. Nadie se va a ir del pabellón comentando su anticipación defensiva en aquel bloqueo del segundo cuarto, pero es tanto o más importante que un tapón de en los que parece que el balón va a ir a parar a la grada.

Marcos Delía es, y no es, un pívot de hoy en día. Lo es porque su combinación de tamaño y agilidad le permiten ser una versátil arma que por naturaleza es un '5' pero que puede jugar de '4' y defender al '3', como hiciera con Álex Mumbrú para liberar a Soko del cuerpo a cuerpo y llegar donde Lukovic no podía. Y no lo es porque, si como aquel día contra Bilbao, la situación requiere asumir un trabajo menos vistoso para que otros se lleven los 'flashes', no pone problemas, solo efectividad: en un partido en el que el UCAM perdía por diez cuando él entró a pista y terminó ganando por once, su presencia supuso un saldo positivo de 18 puntos para su equipo, el mismo parcial de la histórica victoria en Barcelona, un partido que se ganó por tres tantos de diferencia. Y no es fácil en este capitalizado baloncesto aceptar un papel oscuro cuando es tu año de confirmación en Europa y vienes de hacer grandes partidos. Los números venden, el segundo plano no.

Gana más dinero que los amigos de su quinta haciendo aquello que le gusta, su trabajo le ha llevado a viajar por todo el mundo y tiene a su alcance multitud de cosas que alguien que lleva una vida más normal no. Sin embargo, Delía sigue siendo un chico muy sencillo. Oriundo de Saladillo, una pequeña localidad en la provincia de Buenos Aires, allí creció y fue educado "en un ambiente muy familiar, muy apoyado en los afectos". "Más allá de que trabajando y viajando disfruto muchísimo, cuando decida parar y estar en un lugar será ahí", reflexiona un Delía que recuerda con añoranza "la vida tranquila en una casa de campo, alejado de la ciudad". "Es donde me encuentro y siento que soy yo, donde le doy valor a un montón de cosas que en otro ritmo no tienes tiempo para disfrutarlas", sentencia. Un tipo de vida parecido al de otro argentino que jugara en Murcia diez años atrás, Fede Kammerichs. "He tenido algo de trato con él, le encanta ir al río Paraná a pescar".

Hecho a la presión de las expectativas

A sus 25 años, Delía está acostumbrado a vivir con la presión. Allá por 2011 fue cuando emergió para el público general argentino, cuando Julio Lamas, exseleccionador nacional y exentrenador del Real Madrid, le catalogó como el nuevo Fabricio Oberto, leyenda de glorioso pasado en la NBA y Europa que "me ha hecho algunas entrevistas para su programa de televisión en Argentina". Conforme fue exhibiendo en el baloncesto profesional su ágil estructura de 2,11 metros, los más ansiosos ya le vaticinaban como un pívot del futuro venido para dar relevo a la conocida como 'Generación Dorada' del combinado nacional argentino. Y el mismo verano en que debutó con la selección absoluta, 2012, Luis Scola, cuando aún jugaba en los Houston Rockets, le fichó como 'sparring' para sus entrenamientos privados.

"Eso fue una experiencia increíble", relata sonriente. "Yo a él no le conocía, me llamó un día que yo estaba en Saladillo de vacaciones después de terminar la temporada y me dijo 'Hola, Marcos, soy Luis, ¿te gustaría venir a Houston a entrenar una semana?', mientras yo me pensaba que era alguien gastándome una broma". Delía recuerda aquello emocionado, y no es para menos, con 20 años estaba entrenando en las instalaciones de un equipo de la NBA y durmiendo en la casa de unos de sus ídolos, todo a gastos pagados por la estrella. "Me preguntó si me venía bien de tal día a tal día, que le pasara mi dirección de correo electrónico y enseguida tenía los pasajes". No era su primer viaje a Estados Unidos, pues en abril de ese mismo año había viajado a Portland para ser parte del Nike Hoop Summit, un partido organizado por la firma deportiva entre las grandes promesas baloncestísticas, repartidas en dos equipos, uno de Estados Unidos y otro que representa al resto del mundo.

A partir de entonces se haría fijo cada verano para una selección a la que ha vuelto a acudir en estas 'ventanas FIBA' y con la que llegó ya como jugador del UCAM a los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016, luciendo una frondosa barba más recortada en Murcia.

Primer año de adaptación

"Yo quería venir a jugar a España a toda costa, y por suerte salió lo del UCAM". El primer año en la Liga Endesa puede ser duro, pero menos con un amigo en el equipo, con quien ahora tendrá que conformarse con ser compañero en los veranos. "A Facu (Campazzo) se le extraña mucho, antes de venir acá ya era un amigo, pero sabía que tarde o temprano se iba a ir". Es su segundo año en Murcia, y la adaptación es plena también en la pista. "Conozco a muchos de mis compañeros, al club, parece todo más familiar y me siento más cómodo y con más confianza, eso es una parte importante". Y sigue estando Benite. "Por suerte él sigue aquí, otro más del trío que siempre nos juntábamos".

De carácter cercano y tranquilo, prefiere vivir en el centro de una ciudad que "me sorprendió, es muy linda", por donde le gusta pasear con su novia y acudir a la iglesia "cuando tengo algún tiempo libre, sobre todo los domingos por la tarde", un pasatiempo que no sorprenderá a quien haya advertido su tatuaje de una cruz cristiana en el antebrazo derecho, sin olvidarse de escuchar un rock argentino amargo que "me transporta a mi país".

Marcos Delía se está ganando esta temporada entrar en la lista de aciertos de Alejandro Gómez, ratificando una renovación que este verano provocó división de opiniones y que le une al UCAM hasta 2019. Parece que por mucho que haga al ojito derecho de Scola siempre le pedirán ser el nuevo Oberto, pero cada día tiene más argumentos con que despojarse de las etiquetas que le cuelgan. A diferencia de sus pasionales referentes, no se golpea en el pecho ni grita de rabia después de cada acción, seguramente lo que uno espera ver cuando su equipo ficha un argentino. Pero no se le puede pedir lo que no es. Es Marcos Delía, un activo de ascendente importancia en el UCAM. Y está bien así.

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