Pedro Vera, tomate y hielo

Pedro Vera./Paco Alonso / AGM
Pedro Vera. / Paco Alonso / AGM

Por las mañanas trabaja en el campo y por las tardes en Carrefour, todo para costearse su nuevo reto en el Polo Norte

César García Granero
CÉSAR GARCÍA GRANEROMurcia

Por las mañanas recoge tomates y por las tardes va a Carrefour. No a comprar, sino a seguir currando. No le quedan horas libres, pero sí resuello, y va a trabajar corriendo. Lo hace para llegar en forma a la Ultra Norway Race en el Polo Norte, este verano, el nuevo reto de un tipo acostumbrado a marcopolear por medio mundo para desafiar sus límites. «Y en el campo estoy de pie todo el rato. Es una forma de seguir entrenando», dice Pedro Vera, afincado en Águilas, donde nació antes de irse a Venezuela. Allí está en la lista negra por participar en actos de protesta contra el régimen y allí lo han secuestrado, le han robado tres coches y hasta una moto, pero no le preocupa: no ha ganado en sustos, pero sí en entereza. «Ha sido una vida difícil, pero gracias a ella tengo una fortaleza mental que me ayuda en las carreras», dice.

Y el mayor susto de todos fue aquel del secuestro. «Iba en el coche con una amiga y se colaron dos individuos armados. Hablé con ellos, les pedí que se llevaran lo que quisieran, pero que no nos hicieran daño; al final, nos llevaron lejos; querían quitarnos hasta la ropa, pero les convencí de que no lo hicieran. Se llevaron el coche y nos dejaron allí tirados».

Hace un año llegó a Águilas, donde vive con su mujer y sus dos hijas. Lo hizo con billete de ida, pero sin billete de vuelta. «Me lo negó la compañía aérea estatal», y ha sido en Murcia donde no ha dejado desfallecer su gran pasión: las carreras de ultrafondo. Ha estado en el Salar de Uyuni, en Burkina Faso, en Mozambique y dos veces en el Polo Norte, así que su próxima cita no es para él 'terra incognita'. Ha hecho 'crowdfunding', ha vendido su anillo de casado y ha pedido dos créditos que aún paga para poder costearse las carreras.

Una vida de novela

Su vida azarosa no es una vida de cuento, pero sí de novela. Nada más nacer dijeron a sus padres que no viviría mucho, porque sufría el síndrome de Wolff-Parkinson-White, un problema de corazón con un alto riesgo de muerte súbita. No es su única trabazón de orden física. «porque tampoco distingo el rojo de otros colores. Por eso en el campo no me han puesto a separar tomates, sino a quitar tallos». Pero no se achanta. En el Polo Norte tendrá 48 horas para superar 160 kilómetros, muchos de ellos con la nieve por las rodillas, y deberá hacer frente a otros impedimentos como la visibilidad escasa en las zonas más altas. «Como no se pone el sol, por la noche bajan las nubes y, si te pilla cerca de una cumbre, se hace díficil ver nada».

Asegura que la última vez que fue lo hizo en pantalón corto, «pero aguanté por mi entereza mental. Es más, ayudé a buscar a unos corredores que se habían perdido. Hay que tener en cuenta que vamos por terrenos vírgenes y es fácil desorientarse».

A Pedro Vera lo han perseguido elefantes, casi se deja una pierna en la Amazonia, cuando una rama se la atravesó de parte a parte, lo han cosido a picotazos abejas del tamaño de una araña, pero no se cansa. Ahora toca hielo y nieve, y para correr busca un patrocinador que lo ayude a alimentar el sueño. Tiene claro que su vida de novela, con muchos capítulos, aún sigue incompleta.

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