Ángel Salinas: «De mayor quiero ser como el Salinas»

Ángel Salinas, preparado para iniciar un entrenamiento./Guillermo Carrión / AGM
Ángel Salinas, preparado para iniciar un entrenamiento. / Guillermo Carrión / AGM

Los amigos de su hijo Rubén lo tienen claro: el mejor veterano de la Región es un ejemplo a seguir

César García Granero
CÉSAR GARCÍA GRANEROMurcia

Está como un chaval. Si a Ángel Salinas no le pesan los kilómetros, menos le duelen los años. «Me siento fuerte, joven y fuerte», dice el campeón de España de más de 60 años en 400 lisos. Empezó a correr a una edad ya provecta para remediar una hernia de hiato que lo estaba dejando turulato y aún no ha parado. Con 64 años acaba de revalidar su título de campeón nacional, no tiene noticias de aquella hernia y ha hecho popular un grito de guerra con el que entroniza a la mujer que lo ha acompañado cuarenta años: «¡Te quiero, Paquita!», grita cada vez que cruza la meta.

Nacido en Ojós, pero avecindado en Las Torres desde hace cuarenta años, aquella hernia, principio de todo, era un auténtico incordio. «No me dejaba vivir. Llegué a tomar nueve pastillas diarias y yo veía que aquello, en vez de mejorar, iba a peor». Fue hace casi 30 años y no la soportaba más, así que se puso a hacer deporte de forma experimental, buscando en el ejercicio un alivio que no encontraba en la medicina. «Un día corrí 300 metros, otro 500 y otro un poco más. Fui aumentando y llegué a hacer 17 kilómetros». Fue entonces cuando empezó a encontrarse mejor y mandó a paseo todas las medicinas que tomaba. Le dijeron que por qué no competía y arrancó su carrera como atleta en Elche, en una media maratón que terminó en una hora y 47 minutos. «Llegué muerto, pero seguí y ahora la puedo hacer en 1:22».

Nacional.
El atleta torreño participó el pasado fin de semana en el Campeonato de España de veteranos en pista cubierta, celebrado en Salamanca, donde se colgó un oro y una plata, revalidando su título en los 400 lisos (101:95) y siendo segundo en los 200, en categoría M60.
Triple corona
El deportista del Club Atletismo Las Torres sumó en Lorca este año, en pista cubierta, los títulos regionales de 60, 200 y 400 metros lisos en la categoría M60.

Liebre de su hijo

En todo caso, no son las carreras de fondo su especialidad, sino las de velocidad, a las que se pasó hace catorce años, cuando hacía de liebre de su hijo Rubén, atleta también. Es la velocidad la que le ha dado las dos medallas de oro que atesora, la última el pasado fin de semana en Salamanca, y la que le ha dado a conocer en el mundillo fuera de la Región. «Hace unos años me llamó el Moratalaz de Madrid y me dijo que me quería. Se hacían cargo de todos los gastos, pero sopesé la idea y la rechacé. A mi edad, eran demasiados viajes para competir. Yo esto lo hago para disfrutar, si es un engorro no me interesa».

Hace veinte años perdió a uno de sus tres hijos en un accidente de tráfico en La Manga Empezó a correr para aliviar los dolores que le provocaba una hernia de la que hoy ni se acuerda

Y corre en Las Torres y en La Manga, donde veranea y donde una mala noticia sacudió todos los cimientos de su existencia hace casi veinte años, cuando uno de sus tres hijos perdió la vida en un accidente con solo 22 años. «Lo recuerdo como si fuera hoy. Esa mañana había salido a correr y lo vi con sus amigos. Por la noche le di algo de dinero para salir y ya de madrugada la Guardia Civil llamó a mi puerta. Fue horrible, un accidente. Que un padre entierre a un hijo es lo peor de la existencia».

«¡Te quiero, Paquita!», grita siempre al cruzar la meta. «Es que sin ella no sería yo»

Ahora están sus hijos Rubén (el atleta) y David, y Paquita, claro, de quien se acuerda nada más cruzar la meta, lo acompañe o no en las carreras. «Yo grito '¡Te quiero, Paquita!' esté ella o no. Por eso a veces me dice que se enteran todos menos ella, pero a mí me da igual. Ella es mi sostén, sin ella no sería yo. Muchos días salgo por la mañana a entrenar y llego a casa a las tres y allí está ella esperándome para comer conmigo. Sí, la quiero mucho».

Más de cien trofeos

Con ayuda de Paquita y su tesón ha agavillado más de cien trofeos y medallas que guarda en una vitrina en el salón, pero ni un euro. «¿Dinero? No, nada de nada. Acabo de soltar 300 euros para el viaje a Salamanca», dice.

Es consciente de que está en forma, pero los años pasan. «Antes entrenaba más, hasta seis días por semana, y ahora cuatro o cinco. Cuando preparo una competición, hago fuertes las últimas semanas hasta la del campeonato, cuando rebajo un poco para no llegar fundido. Con lo que no puedo es con la lluvia o el frío, si llueve o hace mucho frío, perdono ese día y recupero al siguiente».

Pero Ángel no se siente viejo, al contrario, está en un gran momento, uno de esos momentos en que la vida parece ponerse de su lado. «Me jubilé hace ocho años en una empresa de cartonajes. Ya les había insinuado algo y cuando la crisis me dijeron si me interesaba irme y yo les dije que sí. Perdí 400 euros de mi jubilación, pero no me importó, estoy encantado porque me siento muy bien y muy joven, como si tuviera 50 años y no 64. A veces salgo con mi chico y sus amigos a entrenar y estos le dicen: 'Oye, yo de mayor quiero ser como el Salinas'».

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