«Me siento una privilegiada»

La entrada en la Escuela Blume es la próxima tacada de Patricia Garre, antes de dar el salto a los Estados Unidos, donde le gustaría cursar sus estudios universitarios./Mª Jesús Peñas
La entrada en la Escuela Blume es la próxima tacada de Patricia Garre, antes de dar el salto a los Estados Unidos, donde le gustaría cursar sus estudios universitarios. / Mª Jesús Peñas

No es una carambola de la vida que la sanjaviereña Patricia Garre haya sido becada para la Escuela Blume; lleva años trabajando duro en los estudios y en el golf

MARÍA JESÚS PEÑASMURCIA

Está feliz. Así que a pesar de su natural timidez, Patricia no deja de sonreír a la hora de hablar de su próximo paso en la vida. Formar parte del selecto grupo de jóvenes golfistas sobre los que la Real Federación Española de Golf (RFEG) ha puesto sus ojos este año, para convertirlos en alumnos becados de la prestigiosa Escuela Nacional Blume (Madrid), durante el curso 2017-2018. En ella combinará estudios y golf.

Patricia Garre (San Javier, 2001) es una de esas jugadoras. Una espigada mujer -mide 1,75 a sus 16 años-, de larga y espesa melena rubia y grandes ojos azules, todo ello herencia de su abuela paterna. De su padre ha heredado «¡lo cabezota que soy!», dice abiertamente y «de mi madre esa inicial timidez» que desaparece cuando toma confianza. Aunque si algo destaca en la personalidad de Garre, más allá de una engañosa aparente 'fragilidad', es una mentalidad fuerte; «sobre todo en el campo». Tranquila, orgullosa, sincera y... cabezota -insiste en esto último, asegurando: «¡Mi madre me lo dice!»-, son condiciones que la han ayudado en el deporte que ama desde muy joven. «Y sobre todo, a no rendirme».

Las claves sobre su actual profesor: «Me da mucha tranquilidad (...) sabe lo que necesito; sabe leer mi bola» Sobre sus padres: «No se lo suelo decir..., pero valoro mucho lo que hacen por mí» Sobre sí misma: «Voy a hacer todo lo posible por adaptarme. Sé que mi nivel de juego va a mejorar mucho»

Patricia comenzó de muy pequeña en el golf. Por aquel entonces «mi padre jugaba y nos llevó con él a mi hermana y a mi; yo tendría unos 5 o 6 años cuando me enganché. Mi primera clase me la dio Ángel Luis Saura», recuerda perfectamente. Y hace un inciso para ella primordial. «Pero cuando realmente me enamoré de este deporte fue cuando salí al campo por primera vez. Salir al recorrido es fundamental». Hasta entonces esta murciana jugaba al tenis y al pádel, «pero cuando tuve que elegir, me decanté por el golf. No tenía tiempo para todo y me centré en la bolsa de palos». Patricia tenía 13 años.

Muchas horas de esfuerzo

De aquellas primeras clases en Torre Pacheco, a su clases en la actualidad en Golf Altorreal, con el maestro Antonio Parrón. La constancia es un valor inherente al golf. Y ella lo ha puesto en práctica permanentemente. Porque aunque Patricia aún no tenga claro a qué va a dedicarse de mayor, sí sabe que quiere seguir progresando en este deporte. Un disciplina deportiva que «me hace sentirme satisfecha conmigo misma (...). Me gusta esa sensación de saber que se me da bien».

Nadie mejor que ella y sus padres, saben las horas que le ha dedicado a este deporte. Muchas. Duras. Las de entrenamiento, las dedicadas a los desplazamientos, a los torneos que le han obligado a faltar a clase y aplicarse más si cabe; pero a pesar de ello, Patricia es de la opinión de que ha valido la pena. No tiene la sensación de haberse perdido nada. «¡Claro que a veces he echado de menos no poder salir con mis amigos!, pero como me gusta tanto el golf, no lo entiendo como sacrificio», asegura.

Jugadora de billar y amante de la música pop y del cine, tiene como cualquier chica de su edad algún que otro póster en su habitación, junto con innumerables trofeos ganados. Ninguno de un actor o grupo musical, sino de Azahara Muñoz (quien también fuera alumna de la Blume) y Rory Macllroy. Sus referencias golfísticas. Si tiene que decantarse por alguno de los premios que atesora, es por el Puntuable Nacional de 2016. «Es lo más importante que he ganado», dice seria, haciendo balance de su palmares. En su tierra lo ha ganado todo. Incluido el Absoluto de la Federación de Golf de la Región de Murcia (FGRM). En 2016 también recibió por parte de la Territorial, mediante una distinción especial que compartió con la también jugadora local de golf Raquel Olmos, el reconocimiento de toda la Comunidad a su juego, su esfuerzo, su entrega y su gran valor no solo como deportista, sino como persona. Que es una gran mujer, no hay duda. Durante el pasado curso en su colegio El Limonar fue distinguida como la 'Mujer del Año', por su buen comportamiento y humildad en las distintas disciplinas deportivas en las que participó.

Continuo aprendizaje

«Estoy en un buen momento y creo que el año que viene va a ser bueno», dice convencida tras superar un neumotórax este 2017, que la apartó unos meses del golf. De un deporte que como ella misma señala, «me ha brindado la posibilidad de conocer a mucha otra gente y por lo tanto, otras maneras de ser. Viajar fuera de casa ha supuesto también una gran experiencia tanto a nivel personal como de juego. Campo nuevos, con mucho viento, que te exige jugar de manera distinta. De esta circunstancia he aprendido que hay que esforzarse mucho más. Salir de tu zona de juego cómodo y mover de otra manera la bola». La carta de la Nacional informándola oficialmente a finales de julio de su inclusión en la Escuela Blume fue todo un regalo a su esfuerzo y tenacidad. «Tengo mucha ilusión por ir y empezar esta nueva etapa. Me siento una privilegiada. Es una posibilidad que se les da a pocas personas y, aunque echaré de menos la comida de casa -aquí hace un inciso para confesar que «soy muy delicada con lo que como»-, sé (recalca) que va a ser todo una experiencia. Sé que mi nivel de juego va a mejorar mucho, así que voy a hacer todo lo posible por adaptarme».

Las gracias

A sus progenitores les da las gracias. «Mis padres siempre hacen todo lo posible para que yo esté bien. No se lo suelo decir, pero valoro mucho lo que hacen por mi». Y sigue reflexionando en voz alta: «Si no jugara tanto al golf, no pasaría tanto tiempo con mi padre». Y aunque reconoce que «solemos salir peleados porque ambos ¡somos igual de cabezotas!» (ríe), su presencia es un talismán para ella. «Me gusta que me siga por el campo». ¿Y tu madre?, la cuestiono. «Hasta hace poco no dejaba que mi madre viniera a verme... Me daba cosa que se decepcionara». A Patricia a la que solo le saca de quicio en el campo «la mala educación», cuenta además con un profesor que la entiende. Parrón. «Me da muchísima tranquilidad. Habla mucho y me hace reír -dice divertida-. Y sabe lo que necesito; sabe leer mi bola».

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