Octavos | Ida

Messi saca vivo al Barça de la ratonera londinense

Leo Messi, entre dos rivales. /Reuters
Leo Messi, entre dos rivales. / Reuters

Igualó el gol de Willian y evitó la derrota ante un Chelsea que desactivó al equipo azulgrana casi por completo

JESÚS BALLESTEROS

Defendían los antiguos griegos que la historia es cíclica, que se repite. Y quizás deba ir defendiendo esta teoría el barcelonismo si con levantar la orejona se sueña. Otra vez Stamford Bridge, otra vez con Iniesta de por medio, otra vez la misma portería de hace nueve años y otra vez un sufrido resultado que hace pensar que el Barça está llamado a grandes gestas esta temporada.

Salió vivo el equipo de Ernesto Valverde de la casi perfecta ratonera que Antonio Conte preparó para la noche londinense. Un fallo humano (no podía ser de otro modo) echó por tierra el brutal trabajo defensivo del Chelsea, que desconectó casi por completo al Barça. Lo tenía contra las cuerdas tras un soberbio choque y un gol de Willian, cuando apareció el que nunca había marcado al Chelsea, el de la racha de semanas sin marcar, el que apenas viene interviniendo en el juego del equipo.

1 Chelsea

Courtois, Azpilicueta, Christensen, Rudiger, Moses, Fábregas (Drinkwater, min. 84), Kanté, Marcos Alonso, Willian, Pedro (Morata, min. 83) y Hazard.

1 Barcelona

Ter Stegen, Sergi Roberto, Piqué, Umtiti, Jordi Alba, Busquets, Rakitic, Iniesta (André Gomes, min. 92), Paulinho (Aleix Vidal, min. 64), Messi y Luis Suárez.

goles
1-0: min. 62, Willian. 1-1. min: 75, Messi.
Árbitro
Cuneyt Çakır (Turquía): Amonestó a Rakitic, Luis Suárez, Rudiger, Morata y Busquets.
incidencias
Stamford Bridge. 41.000 espectadores. Partido de ida de octavos de final de la Liga de Campeones

Apareció Messi para romper su mal fario con el cuadro londinense, para marcar un gol que puede ser punto y seguido en la historia reciente del club, y para devolver la ventaja en la eliminatoria a los azulgrana. Algo impensable, visto lo visto sobre el verde de Stamford Bridge.

Si alguien pensó que el reto iba a ser fácil, se equivocó. Por mucha irregularidad que arrastre el Chelsea, por muchas dudas que genere Conte como técnico en el club londinense, el Barça sabía que la visita a Stamford Bridge estaría cargada de sufrimiento.

Al técnico italiano le funcionaba el plan. Esperaba atrás en busca de matar al rival a la contra. La tela de araña tejida desde una línea de tres centrales reducía los espacios para la aparición del talento culé. Con Iniesta y Messi maniatados, con Luis Suárez alejado de forma descarada de la meta de Courtois, el Barça era incapaz de generar juego y ocasiones. Busquets se veía obligada a hacer las veces de organizador, pero no había amplitud de campo. La ausencia ofensiva de los extremos, en especial la de Jordi Alba, era una señal inequívoca de lo mal que lo estaba pasando el Barça.

El equipo de Valverde ha demostrado este curso que es capaz de crear ocasiones sin la necesidad imperiosa de antaño de amasar cada jugada hasta el límite. Pero el Chelsea se mantenía plantado de forma infranqueable. Courtois se marcharía al descanso sin conocer un solo tiro entre los tres palos de los azulgrana.

Y si el Barça tiene un ADN más que reconocible, el cuadro londinense mantiene un estilo más que evidente desde hace años. Se diría que es feliz jugando a la contra, como años atrás cuando Mourinho, como ahora Conte, no paraba quieto en la banda.

El Barça sufría en sus carnes la capacidad del rival para generar peligro de la nada. Hazard mostró en apenas dos ramalazos la enorme calidad que atesora, pero fue Willian el que recordó, por dos veces, que para levantar la orejona tienes que tener también una pizca de suerte.

En apenas unos minutos, Willian estrelló sendos disparos a los palos de la portería defendida por Ter Stegen. Primero al izquierdo y, más tarde, al derecho. Conte no daba crédito a la oportunidad que estaban dejando escapar los suyos. Descolocado, superado, el equipo de Valverde respiró con el descanso.

Sin resquicios

El diagnóstico estaba claro, los problemas detectados y lo único que quedaba era llevar a cabo el tratamiento con el que revertir lo que se estaba viendo sobre el verde. Es evidente que la teoría estaba clara y el Barça buscaba algo que le diera algo más de presencia en el área rival.

Pero el Chelsea era dueño y señor de todo el juego interior, no había resquicio alguno para que ningún jugador del Barça apareciera.

El equipo de Conte seguía a lo suyo, agazapado atrás, intenso, sin mácula alguna, esperando una nueva oportunidad. Ocasión que terminaría llegando en las botas de Willian nuevamente. El brasileño fue el más peligroso y constante de los ‘blues’. Había avisado por dos veces ante la portería de Ter Stegen y a la tercera no erró. Aprovechó un saque de esquina para mostrar de nuevo su enorme golpeo ante la incomprensible parsimonia de los azulgrana que parecían no haber aprendido la lección con sus dos tiros a la madera.

Con el Barça desactivado, el Chelsea con ventaja en el marcador, los de Conte disfrutaban de un escenario perfecto. Se hacía obligado un gol para evitar una encerrona mayor en la vuelta, pero ¿cómo marcar sin crear ocasiones? La respuesta la dio Christensen justo cuando el electrónico marcaba el inicio del último cuarto de hora de partido. Error enorme del zaguero danés que no pudo corregir Azpilicueta (mayúsculo durante todo el choque). Iniesta anda más listo y le devolvió a Messi la de años atrás en idéntica portería. El argentino por fin batió al Chelsea y devolvió parte de la sonrisa al barcelonismo.

Con las tablas, el Barça creyó por fin en sus opciones de victoria, pero el Chelsea seguía mostrando una enorme capacidad de crear peligro saliendo al contragolpe. Sin control, se vuelve vulnerable el equipo catalán que se bregó en defensa para cerrar el choque con unas tablas que lo fían todo a la vuelta en el Camp Nou.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos