Octavos | Vuelta

El beso del capitán milagro

Andrés Iniesta se abraza a Leo Messi tras cederle el brazalete de capitán. /Reuters
Andrés Iniesta se abraza a Leo Messi tras cederle el brazalete de capitán. / Reuters

Iniesta arriesgó y lució galones durante casi una hora porque no podía faltar en otra gran noche ante el Chelsea

Ignacio Tylko
IGNACIO TYLKOMadrid

«¡Todos preparados para mañana! Força Barça». Cuando Andrés Iniesta escribió este tuit a la hora de la cena del martes, ya sabía que iba a ser alistado para otro partidazo frente al Chelsea, rival ante el que ha protagonizado actuaciones memorables lideradas por ese zapatazo milagroso que se coló por la escuadra de Petr Cech en Stamford Bridge y permitió al equipo azulgrana el pase a la final de la Champions de Roma en 2009. Muy lejos del cien por cien del que hablaba su técnico en la víspera, la sola presencia del manchego intimida a los rivales y da seguridad a su ejército. Su veteranía, su destreza y su manejo del espacio y del tiempo, son tesoros.

Iniesta ya sabe lo que es jugar con molestias e incluso lesionado, pero esta vez su lección de compromiso era de alto riesgo. A sus 33 años, podría resentirse en esos músculos isquiotibiales que le traen a mal traer esta campaña y perderse el tramo decisivo de la temporada, la final de Copa del Rey y poner en peligro su último Mundial. Pero si el Barça caía sin él ante el Chelsea, el astro de Fuentealbilla no se lo perdonaría. Cuando hace diez días sufrió un tirón ante el Atlético, se quedó parado y se arrojó al suelo para que el árbitro parase el partido, el corazón de los culés se encogió.

Su concurso para esta final de octavos ante el Chelsea, parecía misión imposible. Pero Andrés inició una carrera contrarreloj, y contra las leyes de la medicina y la fisioterapia, para poder llegar a esta cita clave. «Grandísimo esfuerzo ayer. Un paso más, un día menos...», escribió en las redes sociales el día después de lesionarse. ¿Se refería al triunfo ante el Atlético que acercaba al Barça al título o a su primera sesión de recuperación? La duda no quedó resuelta pero el miedo tornó en esperanza.

No quiere un rival español

«Fue lo que habíamos hablado. Todo fue genial y mereció la pena. Es una bendición que Messi esté en este club y ojalá entre todos podamos acercanos al objetivo de la Champions. Tenemos equipo para ello, pero hay que minimizar errores e ir todos en la misma dirección junto a la afición porque un partido regular te manda a casa. No queremos rivales españoles porquen nos conocemos demasiado», afirmó Iniesta tras el partido ante las televisiones con derechos.

Calificado como un «genio» y comparado con Andrea Pirlo por Antonio Conte, el técnico del Chelsea, Iniesta compareció al fin en el Camp Nou. Ya jugaba como capitán en el sorteo de campos mientras el Camp Nou atronaba y una enorme pancarta en la que se leía «God save de King» (se supone que por Leo Messi) presidía uno de los fondos. Malas noticias para los ‘blues’, peores aún con ese tempranero gol de Messi que se comió Courtois en una noche en la que el portero belga debió ponerse sotana.

Iniesta permanecía tranquilo en este clásico contemporáneo, con 13 duelos en este milenio. Se probaba, no forzaba en exceso pero mostraba galones, jerarquía. Presionaba con timidez la salida de los ingleses, inquietaba a Moses, al que robó un balón arrojándose al césped en una acción en la que se jugó el penalti, tocaba, descargaba y ofrecía salidas. Todo esa aparente sencillez sólo al alcance de los elegidos. Dejó un detalle soberbio en el primer tiempo, a modo de taconazo a Suárez, y también supo jugar el otro partido, el de protestar al árbitro las faltas de Kanté. También exigió a sus compañeros más intensidad en las disputas con Hazard.

Compareció en la segunda mitad con gesto de incomodidad. Aguantó apenas 11 minutos más, antes de cederle los dos brazaletes de capitán a Messi, el de ‘respect’ de la UEFA y el de la ‘senyera’. Besó al astro argentino y dio paso a Paulinho bajo una atronadora ovación. Intervino poco pero recorrió más de seis kilómetros y tuvo una precisión del 95%. Imposible pedirle más en su estado. En otra nóche mágica de Messi y en la más feliz de Dembélé, Iniesta estuvo muy presente.

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