Jonan e Iván Moreno, del Guadalajara a la cárcel de Badajoz por liderar la trama

Iván Moreno, exfutbolista del Real Murcia en Segunda.
/L. V.
Iván Moreno, exfutbolista del Real Murcia en Segunda. / L. V.

El vasco llegó a jugar en el Athletic y era conocido en los vestuarios de todo el país por su afición a las apuestas. El ex del Murcia pasaba más desapercibido

F. J. MOYA / JOSÉ OTÓN CARTAGENA / MURCIA

Uno era un líder. El otro, no. Uno era extrovertido y le gustaba que todo el mundo supiera que las cosas le iban bien. El otro, más bromista que ostentoso. Jonan García e Iván Moreno, retirados ambos hace dos años y medio, eran como el agua y el aceite. Eran dos tipos que no se parecían en nada, pero manejaban el mismo lenguaje -el de la afición desmesurada por las apuestas- y acabaron mezclando muy bien.

Coincidieron en el Guadalajara, en la temporada 2011-12, con Carlos Terrazas de entrenador. Y lograron el objetivo de la permanencia en Segunda del club alcarreño. Ambos eran indiscutibles. Pero más allá de lo que hicieron en el campo, se forjó una amistad que poco después se convirtió en un peligroso modo de vida. Aquello degeneró en un negocio turbio y se convirtió en una mafia delictiva que el lunes fue desmontada por la Policía. La historia ha terminado con los dos exfutbolistas, uno vasco y el otro extremeño, presos en la cárcel de Badajoz.

Iván Moreno, que jugó un año en el Real Murcia a las órdenes de Julio Velázquez, era un futbolista de perfil bajo. De hecho, cuando llegó al club grana casi toda su carrera se había desarrollado en Segunda B. Curiosamente, en el tramo final de la misma tuvo la oportunidad de jugar en dos históricos del fútbol español como el Murcia y el Racing de Santander. Podía jugar en las tres posiciones del ataque y pese a que rara vez era titular con Velázquez (solo 13 de 39), participó en casi todo los partidos de la campaña 2013-14, incluido el 'playoff'. Y eso que tenía por delante a Kike García, Saúl, Wellington Silva, Malonga y Tete.

Decidió marcharse tras el descenso administrativo del conjunto grana a Segunda B, una decisión errónea para muchos en el Murcia, ya que con Aira en el banquillo, y en el grupo I, posiblemente hubiera sido un jugador muy válido para el equipo grana. Moreno -según los que le trataron en Murcia- era un buscavidas muy simpático. No aparentaba ser un futbolista al uso. No era ostentoso y sí más bien discreto. Todo lo contrario al prototipo de jugador tatuado y glamuroso que se ve hoy en Segunda. Pasaba totalmente desapercibido en la calle, era uno más.

Voz resquebrajada

El 4x4 familiar lo conducía su mujer y él acostumbraba ir al entrenamiento en un utilitario pequeño. Después de haber dejado a sus dos hijos en el colegio, era uno de los que más temprano llegaba a Cobatillas. Era lo habitual. Tenía una característica voz resquebrajada y no le importaba llevar la voz cantante en el vestuario. No era capitán, pero se dejaba notar por sus experiencias futbolísticas. Sus inseparables en su año en Murcia eran Tete y Casto, además de Wellington Silva, con el que coincidió también en la Ponfe. Al retirarse, fijó su residencia en Albacete. En el club grana no ha pillado por sorpresa su detención, especialmente por la personalidad y carácter que tenía.

30.000 euros en un partido

Jonan García, por su parte, iba para estrella en el filial del Athletic en sus tiempos en Lezama. Jugaba de mediapunta, tenía una melena larga y rubia e incluso le comparaban con Julen Guerrero. Valverde le dio la oportunidad de debutar en Primera e hizo dinero y fama. Pero con 23 años se estancó y su carrera no fue lo que se esperaba. La popularidad que no ganó dentro del terreno de juego la consiguió años más tarde fuera. Su pasión desenfrenada por las apuestas era muy conocida en el mundillo y se coló en todos los vestuarios del fútbol nacional. Casi todos los futbolistas de Primera, Segunda y Segunda B sabían que Jonan era uno de los jugadores que más fuerte apostaba.

De hecho, hace unos años se jugó 30.000 euros en un Sporting-Rayo y se encargó de mandar un pantallazo de la apuesta a varios compañeros. Aquello corrió como la pólvora por cientos de grupos de WhatsApp y aquella apuesta se hizo célebre en los vestuarios de todo el fútbol nacional. Con 30 años y sin sitio ya en la Segunda española, Jonan García se marchó al AEL Kalloni griego, un equipo que está considerado por los especialistas en fraude a través de las apuestas como el gran agujero negro del fútbol europeo. Es un club controlado por las mafias que manejan los amaños en el fútbol griego. Y después se fue a Chipre, al Othellos Athienou, otro equipo que es tristemente célebre por las sospechas de amaño de partidos. Allí terminó de aprender Jonan García lo que no sabía todavía de este turbio negocio. Al colgar las botas, el vasco -campeón de Europa sub 19 con Iniesta y Fernando Torres- se instaló en Argentona, un pequeño municipio de la provincia de Barcelona desde donde lideraba esta red de amaño de partidos. En sus ratos libres daba conferencias y charlas de 'coaching' deportiva.

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