El último sueño de Ortega Cano

Ortega Cano, durante la faena a su primero de la tarde.
Ortega Cano, durante la faena a su primero de la tarde. / Paco Campos / EFE

El diestro de Cartagena logra dos orejas en su retirada y sus hijos le cortan la coleta

FRANCISCO OJADOSSan Sebastián de los Reyes

Con una ovación, que tuvo que saludar, fue acogido Ortega Cano la tarde de su enésima despedida. Comparecía el de Cartagena por una sustitución, la de Morante de la Puebla, en tarde de dos toreros suplentes, al cubrir la baja de Manzanares el extremeño Miguel Ángel Perera.

Y tuvo José la suerte de cara. Su primero fue un toro salinero de Cuvillo que además de bonito tuvo gran nobleza. Un regalo que aprovechó el maestro para demostrar que quien tuvo, retuvo. Si su saludo a la verónica fue digno, detalles de buen toreo tuvo la faena de muleta. El brindis, ceremonioso, tras descalzarse, fue para una de las grandes figuras de su época, al cielo, en honor a Dámaso González.

Ganadería
Seis toros de Núñez del Cuvilllo, entipados y muy nobles.
Ortega Cano
De carmín y oro. Una oreja y una oreja
Miguel Ángel Perera
De sangre de toro y oro. Dos orejas y oreja tras aviso.
Alejandro Talavante
De lila y oro. Dos orejas y oreja.
Incidencias
Menos de media entrada en tarde nublada pero calurosa. Tras el paseíllo se guardó un minuto de silencio en memoria de Dámaso González y el corralero de la plaza. Al final del festejo, los tres hijos de Ortega Cano le cortaron la coleta, signo de la retirada del diestro.

Y a partir de ahí sorprendió el desempeño de un Ortega Cano que muy pronto, tras dos pases de tanteo, comenzó a torear en redondo con la mano diestra. Faena asentada a un toro que pareció elegido para la ocasión, en la que dibujó varios naturales de categoría y un cambio de mano que fue una obra de arte. Atinó con la espada con una media lagartijera, eficaz, que tiró sin puntilla al burel y paseó la primera oreja de la tarde, en compañía de José María, su hijo menor.

Feliz resultó la faena de despedida. Con el toro marcado con el nº 250, de Núñez del Cuvillo, negro. Le cortó Ortega otra oreja. La volvió a disfrutar con su hijo en la vuelta al ruedo. Más entregado todavía que en su primero se asomó a lo que fue la gran figura del toreo de los años 80 y 90, sin las facultades pero con el concepto, el temple y la profundidad de quien ha sido un gran torero. Pudo expresarse en el toreo al natural -preciosos resultaron algunos de ellos- desmayadas las muñecas, y antes incluso realizó un quite por chicuelinas con la capa. Sentido fue el brindis a su familia en la que promete ser su retirada definitiva.

A un altísimo nivel rayó Miguel Ángel Perera. Ante su noble primero hizo cuanto quiso. El saludo a la verónica, y luego el quite llevando muy toreado al animal con el capote a la espalda fueron de capotero superior. Brindó también a los cielos y la faena de muleta tuvo un inicio y un epílogo de riesgo, por los pases cambiados por la espalda en el comienzo, sin enmendar la planta, y por lo cerca que dejó llegar los pitones en el broche. Entre medias toreó primorosamente al natural. Puso fin con un fenomenal volapié. Dos orejas.

Con su segundo salió hasta el centro del anillo toreando a la verónica y con la muleta firmó una faena maciza por ambas manos, toda ella en los medios, plena de temple y ligazón y con derechazos profundos. Pinchó antes de una entera desprendida y su premio quedó en un apéndice.

Final raro y deslucido

Talavante dio réplica y firmó un saludo de capa de muñecas de seda -también lo hizo ante el sexto-, para lucir luego en el quite por saltilleras. Tuvo recorrido el Cuvillo y el extremeño dibujó un fino trasteo, destacando al natural, hasta torear sin estoque en las postrimerías de su labor, acortadas las distancias. El espadazo hizo rodar sin puntilla al bovino y paseó las dos orejas. La faena al que cerró plaza fue de dulce. En el centro del ruedo se hincó de rodillas para torear en redondo y brilló en el toreo al natural, entre arrucinas y adornos elegantes. La media estocada cayó en buen sitio pero precisó del descabello. Sumó otro trofeo.

El final fue raro y deslucido, cuando todo apuntaba a salidas por la puerta grande y Perera se negó en señal de luto, por lo que Ortega, izado por Morenito de Aranda, echo pie a tierra y marchó por su pie por la puerta de cuadrillas. Camino que siguieron los compañeros de terna.

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