«Soy su segunda madre y puedo decir que nadie le ha regalado nada»

ASIER ANDUEZA

Orduña se levantó ayer gris pese al sol de justicia que achicharró la Feria de San Juan, cita destacada del calendario festivo. La noticia de la muerte de su vecino más popular ensombreció las calles que le vieron crecer. Las condolencias con la familia, muy conocida y querida en la ciudad, no cesaron. A sus padres, Paco y Charo, que llegaron hace décadas a Orduña desde Galicia en busca de trabajo, les pilló la noticia viajando a Francia. «Era muy bravo, comentábamos esta mañana los amigos. Todo lo que se proponía lo conseguía. En todo era bueno y el líder de la cuadrilla. Jugó al fútbol y era muy bueno en la pelota, deporte al que se podría haber dedicado profesionalmente. Un día nos dijo que iba a ser torero y nos dejó perplejos. Pero como en todo, lo consiguió a pesar de las zancadillas», recordó su amigo Joseba Oiarzábal.

Fandiño residía en Guadalajara con su esposa Cayetana y la pequeña Mara, que cumplirá 2 años en septiembre sin su padre. Estudió en la Compañía de María como tantos niños y niñas de Orduña. «Cuando era pequeño saltaba la valla del colegio de las monjas para torear las vacas que pastaban al otro lado», cuenta otro amigo, Goio Moreno. Pero si alguien conoce bien a Iván y a su familia es Encarni García, vecina de Orduña: «Soy su segunda madre. Como digo yo, madre sin parto. Estamos muy tristes. Organizaba las excursiones que hacíamos hasta Madrid cuando estaba empezando. Es un chaval muy querido al que nadie le ha regalado nada».

A las doce del mediodía, vecinos y visitantes improvisaron una concentración en recuerdo de Fandiño en la plaza del pueblo. Desde el Club Taurino Ochomayo, en el municipio, su presidente, Bernardo Ardanaz, no tiene dudas: «Es una pérdida irreparable. Ha sido el mejor torero vasco de la historia».

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