El secreto de los 'nuevos' ácidos grasos Omega-3

JOSÉ M. LÓPEZ NICOLÁSDpto. Bioquímica y Biología Molecular-A. Grupo de investigación: Bioquímica y Biotecnología Enzimática. Facultad de Biología. Universidad de Murcia

Sin duda alguna los ácidos grasos omega 3 están de moda. Aparecen por todos sitios y, sorprendentemente, mucha gente se refiere a ellos como «nuevas moléculas». ¿Es eso cierto? ¿Son compuestos de nueva generación? ¿Sirven para algo? Respondamos a estas cuestiones.

Un ácido graso es una molécula de naturaleza lipídica en cuya estructura hay una serie de átomos de carbono unidos por un enlace (sencillo o doble) que forman una larga cadena lineal. En uno de los extremos de esa cadena hay un grupo carboxilo (-COOH). En el otro hay un átomo de carbono unido a tres átomos de hidrógeno (-CH3). Entre ambos extremos de la cadena hay una serie de átomos de carbono centrales que tienen dos enlaces libres que son ocupados por átomos de hidrógeno (-CH2). Ejemplos son los ácidos hexadecanoico, butanoico y nonaoico.

Dentro de los ácidos grasos juegan un papel destacado los poliinsaturados, es decir, aquellos que poseen más de un doble enlace en su cadena hidrocarbonada. Entre ellos destacan los ácidos linolénico, araquidónico o linoleico. Estos ácidos grasos se denominan esenciales porque el organismo humano no los puede fabricar a partir de otras sustancias y hay que conseguirlos a través de la dieta.

Llegamos a un momento clave para entender qué son los ‘omega’. ¿Cómo se nombra a los ácidos grasos? Estoy seguro de que en algún momento de su vida pasaron por un aula en la que se les explicó cómo había que formular los compuestos químicos. En aquellas sesiones se nos dijo que para denominar correctamente a los ácidos grasos poliinsaturados había que indicar el número y la localización de los dobles enlaces existentes en su estructura, contando siempre a partir del extremo carboxílico. No era muy difícil.

En los últimos años ha adquirido popularidad otro modo de formulación alternativa de los ácidos grasos insaturados. Se trata de indicar la localización de los dobles enlaces empezando a contar desde el extremo opuesto al convencional. ¿Y cómo se llama este nuevo tipo de formulación? Omega. ¿Estoy diciendo que los ‘nuevos’ ácidos grasos omega-3 son los mismos ácidos grasos de siempre pero con otro nombre? Sí. Es como si a mí, que todo el mundo me conoce como ‘Jose’, empiezan a presentarme como ‘Pepe’… pero en realidad soy el mismo de siempre.

Veamos un ejemplo. Tradicionalmente al ácido linolénico se le conoce como 9,12,15-octadecatrienoico ya que presenta 18 átomos de carbono y tres dobles enlaces situados en las posiciones 9, 12 y 15 (empezando a contar por el extremo carboxílico). Sin embargo, según la nueva nomenclatura se trata de un ácido graso omega 3 (el alfa-linolénico) ya que si empezamos a contar por el extremo de la cadena donde se encuentra el CH3, el primer doble enlace lo encontramos en la posición 3. Como habrán observado, en realidad estamos hablando del mismo ácido graso aunque hay que reconocer que omega-3 suena mejor que 9,12,15-octadecatrienoico.

¿Sirven para algo los ácidos grasos omega 3? Si nos acogemos literalmente al absurdo Reglamento Europeo 432/2012 por el que se establece una lista de declaraciones autorizadas de propiedades saludables de los alimentos (próximamente les contaré el gran fallo de dicho reglamento), sí.

Algunos de ellos, como el EPA (ácido eicosapentaenoico) y el DHA (ácido docosahexaenoico), ayudan a mantener y regular la función cardiaca. Además, el DHA ayuda al mantenimiento de la función cerebral gracias principalmente al rol que desempeñan sobre los eicosanoides y la estructura de la membrana. También tienen gran importancia sobre la salud ocular. Recientes estudios muestran positivos efectos del DHA sobre la visión debido a su efecto sobre los fotorreceptores y otros componentes del ojo.

Sin embargo, hay otros efectos de los omega-3 que no tienen el respaldo de las máximas autoridades oficiales en materia de alimentación. Me refiero a aquellas relacionadas con posibles efectos positivos sobre la absorción de algunos minerales, sobre la función cognitiva o el estado de ánimo de las personas.

Bien, y ahora llega la gran pregunta. ¿Cuáles son las principales fuentes de omega-3? Tenemos dos opciones: consumirlos de la dieta normal o a partir de suplementos alimenticios enriquecidos en estos ácidos grasos. Sin lugar a dudas, les recomiendo la primera de las opciones. Les cuento.

Los ácidos grasos omega 3 los podemos encontrar en pescados como el bonito, el atún, los salmonetes, la trucha, las sardinas, el salmón, el rodaballo, el besugo, las anchoas, etc. También en nueces, brócoli, cardo, aceite de linaza, de cánola, etc. Estos alimentos poseen tres ventajas sobre los suplementos enriquecidos en omega 3.

La primera de ellas es que el pescado, los aceites o las nueces aportan, además de este tipo de ácidos grasos poliinsaturados, muchísimos otros nutrientes de gran calidad. La segunda es que son significativamente más baratos que los suplementos alimenticios. A modo de de ejemplo les diré que existe un caro complemento alimenticio que promete ayudar a nuestra salud cardiovascular gracias a la presencia de un tipo de ácido graso omega 3 en su composición. Pues bien, en una sola rodaja de salmón hay el mismo omega-3 que en 81 comprimidos de ese famosísimo suplemento que además está avalado, incomprensiblemente, por una fundación médica. Si hacen cuentas verán que les sale mucho más barato (y saludable) consumir salmón. La cuarta y última razón es que, en realidad, no necesitamos suplementarnos en omega-3. Las cantidades recomendadas de EPA y DHA para mantener una salud normal son 200-250 mg/día. Pues bien, las ingestas europeas se estiman en 400-500 mg por persona y día y con un consumo regular de pescado (sin tampoco obsesionarse) podemos llegar a 2.700 mg en adultos y 1.700 mg en niños, lo que en España es bastante habitual al ser uno de los mayores consumidores de pescado.

Concluyo. Queridos lectores, los ácidos grasos omega-3 (que de nuevos no tienen nada) son importantes para algunos aspectos de la salud humana pero solamente si se consumen en el marco de la alimentación tradicional acompañada de un estilo de vida saludable. Déjense de caros y absurdos suplementos, hay otras alternativas más aconsejables.

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