Roca Rey y Rafaelillo salen a hombros en Cieza

Roca Rey y Rafaellillo, a hombros en Cieza. /Alfonso Durán / AGM
Roca Rey y Rafaellillo, a hombros en Cieza. / Alfonso Durán / AGM

Talavante no tuvo su tarde, ni como matador ni como ganadero, con cuatro toros deslucidos

FRANCISCO OJADOSCieza

El cartel de la llamada corrida de primavera celebrada ayer en Cieza, por rematado, prometía lleno, sin embargo acudió menos gente de la esperada, pero con ganas de disfrutar de la tarde de toros, como quedó patente en la ovación tras el paseíllo que obligó a saludar. Saltó al ruedo en primer lugar un bonito ejemplar ensabanado de Talavante. Le cupo en suerte al director de lidia, Rafaelillo, que lo saludó con tres faroles de rodillas, intentando luego lancear a pies juntos, saliendo el toro a su aire. Después del puyazo vino un quite por tafalleras y en banderillas destacó Álvaro Oliver. Brindó su faena Rafael al público. Y la comenzó genuflexo, con cinco pases de rodillas, el último un bello cambio de mano para, ya de pie, cerrar con el pase de pecho de costadillo. La continuación de faena, con un toro noble, recordó al Rafaelillo que fue figura de los novilleros. Toreó con gusto y relajo, dejando la muleta en la cara de la res para ligar una primera serie redonda. Faena de corte artístico en la que el diestro, con oficio de torero veterano, entendió al astado hasta culminar en un final de muletazos encadenados rodilla en tierra y dos circulares de excelente temple. La estocada asomó y precisó de descabello quedando su premio en una oreja, la primera del festejo.

Ante el cuarto, toro bien hecho, el murciano volvió a presentar credenciales al lancear primero de rodillas y después de pie con galanura. Descabalgó el toro al piquero en el encuentro con el caballo y esta vez se lucieron con los palos Mora y Mellinas. Brindó Rafaelillo a la mujer del empresario y comenzó la faena apurado, con un pase por alto inverosímil, pegado a las tablas. Luego, de rodillas inició el toreo en redondo. El toro pronto cantó la gallina y mostró sus dificultades. Rafaelillo, torero hecho, le dio largura a los muletazos, tapó las salidas para ligar las tandas y llevó muy por abajo las embestidas. Se hizo dueño de la situación y se relajó en algún que otro pasaje de una faena que tuvo intensidad. Incluso, tras los molinetes de rodillas que aliñaron el trasteo consiguió una valiosa tanda con la zurda. La estocada cayó perpendicular y trasera, dobló la res la petición del doble trofeo fue unánime. Gran tarde de Rafaelillo, que comienza su temporada reivindicándose.

El segundo de Talavante, estrecho de sienes pero armónico, fue lidiado por su ganadero. Alejandro lo saludó de capa con facilidad, saliendo hasta los medios por chicuelinas. Derribó el burel al caballo y no brindó el extremeño, que comenzó su faena con ayudados por alto. En el tercero de ellos, en una colada, el toro le propinó un fuerte golpe con la pala del pitón a la altura de la cadera. Volvió Talavante a la cara del animal, que sacó genio, sin clase, y el diestro lo embarcó varias veces en los vuelos de la muleta en una faena escasa de contenidos. Tras una estocada defectuosa acabó de un descabello. El bizco que hizo quinto fue deslucido. Embistió rebrincado y Talavante intentó justificarse por ambos pitones en un trasteo en el que incluso paró un amago de la banda de música de acompañar una faena que no tuvo lustre para ello. Además, con la espada dio un sainete.

Pinchazo pescuecero

Abrochado de cuerna fue el tercero, toro que también derribó al piquero después de que Roca Rey lo toreara a compás a la verónica. Brindó el peruano al público y el burel fue desagradecido para hacer el toreo. Agarrado al piso, embistió con la cara por la nubes y acabó parado. Roca, torero de valor constatado, dio la cara, aguantó parones, y llegó a robar naturales de mérito. Su lunar fue el pinchazo pescuecero que precedió a una estocada y la docena de descabellos del epílogo. El sexto fue el toro más agradecido de un decepcionante encierro de Talavante. Al menos este iba y venía y la movilidad la aprovechó el peruano Roca Rey para conectar con una faena que brindó al respetable, en la que dio distancias y dibujó naturales a cámara lenta de muchos quilates. Entendió bien la tarde y no faltaron los molinetes de rodillas y un final metido entre los pitones con el que acabó por convencer a los aficionados. Una estocada casi entera, de mejores efectos que colocación, desató la petición de los máximos trofeos. Junto a Rafaelillo se marchó en hombros de la plaza.

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