Rebelión de unas creadoras ignoradas

'Niña muerta', de Ángeles Santos, una de las obras de la exposición en el Museo Picasso de Málaga. / efe
'Niña muerta', de Ángeles Santos, una de las obras de la exposición en el Museo Picasso de Málaga. / efe

El Museo Picasso de Málaga reivindica el genio insumiso de las artistas eclipsadas por los surrealistas

MIGUEL LORENCIMÁLAGA

Los surrealistas reinventaron el arte, pero no frenaron su secular misoginia. Las artistas próximas a Breton, Aragon, Picasso, Dalí, Magritte o Man Ray, tenían tanto genio como ellos, pero no obtuvieron, ni de lejos, el mismo reconocimiento. Y no fue por falta de talento y originalidad, como se ve en la muestra 'Somos plenamente libres. Las mujeres artistas y el surrealismo'. Con ella el Museo Picasso de Málaga saca de la cárcel del olvido a estas «creadoras insumisas» que «respiraron el aire surrealista», según su comisario, José Jiménez. Al retirar la pesada losa de la desigualdad y la ignorancia que sepultó su genio, reivindica el legado de unas artistas transgresoras y rebeldes que debieron, además, luchar para quebrar las imposiciones sociales y morales de su época.

Nada nuevo bajo el sol en una historia del arte que ha relegado a las mujeres al papel de musa, modelo o compañera. Dora Maar, Frida Kahlo y Lee Miller eran solo las 'costillas' de Picasso, Diego Rivera y Man Ray antes de ser reconocidas como las grandes artistas que fueron. El Prado ha tardado dos siglos en dedicar una muestra a una pintora, Clara Peeters. De sus 5.000 artistas catalogados, solo 53 son féminas y expone únicamente cuatro obras de mujeres de una nómina de 8.000 piezas.

Para constatar que en el arte no todo es testosterona y 'androcentrismo', el Museo Picasso reúne 124 obras, muchas inéditas aquí, de 18 autoras de muy diferentes orígenes, trayectorias y mundos creativos. Su denominador común es haber sido silenciadas, relegadas a un papel secundario ante sus colegas varones, cuando no ignoradas, y respirar ese asfixiante «aire surrealista» sin pertenecer formalmente al movimiento y ser surrealistas sui géneris.

Algunas son tan populares como Frida Kahlo, Dora Maar y Leonora Carrington. Otras conocidas, como Meret Oppenheim, Claude Cahun, o las españolas Remedios Varo, Ángeles Santos o Maruja Mallo, -«mitad ángel, mitad marisco», decía Picasso de esta capitana de 'las sinsombrero'-. Y las hay prácticamente desconocidas para el gran público, como Eileen Agar, Germaine Dulac, Leonor Fini, Valentine Hugo, Lee Miller, Kay Sage, Dorothea Tanning, Toyen, y Unica Zürn.

La muestra reivindica a estas insumisas damas del arte a quienes la historia y la crítica ha negado la misma atención que a sus compañeros de viaje. Todas se relacionaron en algún grado con el 'hombruno' movimiento surrealista a partir de los años veinte del siglo pasado. Pero los genios como Picasso, Ernst, Dalí o Man Ray eclipsaron a estas 18 «rebeldes y luchadoras», según Jiménez, catedrático de Estética y comisario de esta exposición de «mujeres artistas que entonaron la canción de la libertad en esa opresora atmósfera surrealista» en Málaga hasta finales de enero. Se ha fijado Jiménez «en la calidad de las obras» y «en la autonomía como sujetos pensantes y creativos».

Los surrealistas no quebraron esa línea machista de la historia del arte que se remonta a la primera pintora conocida, Ende -'pintrix et dei aiutrix' (pintora y sierva de Dios)- una copista de códices del siglo X, y que relegó a grandes pintoras como Sofonisba Anguissola o Artemisa Gentileschi. Fue una ideología transgresora y antiacademicista «que aún apoyando la igualdad y la opción artística de la mujer, la consideró más como objeto artístico que como sujeto creador», según Jiménez.

Perpetuó un sistema que relega a la mujer a mera inspiradora, modelo o artista menor. Que ningunea sus obras y las circunscribe a un contexto doméstico y de inferioridad. Los 'machos alfa' surrealistas «contemplaban a la mujer en un plano idealista y pasivo, como eterna mujer-niña, musa, esposa y objeto sexual, como un enigma que debía ser descifrado a disposición de su imaginación y de sus deseos y a quien se niega la condición de sujeto», apunta el comisario. Pero no se dejaron. Hubo creadoras merecedoras del reconocimiento que solo muy recientemente se les ha otorgado y que revalida la muestra «considerando su obra con la misma atención y respeto del que han disfrutado sus compañeros durante tanto tiempo».

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