Rafaelillo pasea el único trofeo

Rafaelillo devuelve el sombrero de cordobés, con el que brindó, al padre del niño Adrián./EFE
Rafaelillo devuelve el sombrero de cordobés, con el que brindó, al padre del niño Adrián. / EFE

El murciano, superior a la corrida de Cuadri, brindó en Valencia con el sombrero del pequeño Adrián en un gesto emotivo

FRANCISCO OJADOSVALENCIA

La tercera y última de la Feria de Julio de Valencia anunciaba la corrida torista de la temporada en este coso. Volvía a la Feria de Julio la ganadería de Cuadri, desigual, con toros con romana y algunos con la seriedad de un juez.

Seiscientos cuarenta kilos dio en la báscula el toro que abrió plaza, primero de un Rafaelillo que es torero predilecto en esta plaza y que se medía con dos diestros de la ribera del Turia, Alberto Gómez y el sonriente Román. Fue ese ejemplar un toro hondo, con badana, zaíno de capa y con la cornamenta ennegrecida y acucharada. En el argot, un tío. No le importó el volumen a Rafaelillo para recibir al Cuadri con la larga cambiada de rodillas y lucirse después a la verónica. Lo puso a una distancia prudente en la suerte de varas. Recibió un segundo puyazo demasiado fuerte, del que salió blandeando. Con enorme conocimiento del oficio, Rafael administró con maestría las fuerzas y los viajes del paquidérmico astado. Pronto buscó los terrenos oportunos, más allá de la segunda raya y, con templanza, llevó al burel en dos tandas diestras que animaron a la banda de música a arrancar con el pasodoble. Con sapiencia, cruzado al pitón contrario, sumó varios naturales de estimable composición. Con gusto, le anduvo por la cara al toro para cuadrarlo e introducir toda la espada. Dobló pronto y el murciano paseó la única oreja de la tarde.

Ganadería
Seis toros de Cuadri, desiguales de presentación, mastodónticos primero y quinto; destacó el juego del tercero y el quinto; noble el primero, peligroso el cuarto, y parados segundo y sexto. Media entrada.
Toreros
Rafael Rubio 'Rafaeillo': De nazareno y oro, una oreja y ovación.
Alberto Gómez
De rosa y oro, ovación en ambos.
Román
De grana y oro, vuelta al ruedo y palmas.

En otro aire saltó al ruedo el cuarto del festejo. Con menos kilos, pero más travieso. Con la pierna arqueada y alargando los viajes, lo llevó Rafaelillo con el capote en imagen de torero antiguo. En la muleta, el de Cuadri paso de travieso a perverso. El peor posible para las inmejorables intenciones que llevaba Rafaelillo, honrar la memoria del pequeño Adrián, fallecido en invierno, y torero pese a no haberse puesto nunca ante un toro. El toreo y la vida son emociones, y así lo entiende Rafael. Cruzó el ruedo con el sombrero cordobés que vistió el niño torero el día de su festival homenaje del pasado octubre. El brindis al cielo, la plantada del sombrero en el centro del anillo y, sobre él, su montera crearon una imagen que vale por muchas tardes de toros. El de Cuadri no tuvo un pase, pudo coger incluso a Rafael, pero la lidia a la antigua y la entrega del diestro fueron valoradas por el aficionado. Eligió que su ovación la recibiera el padre de Adrián desde el tercio.

Buenas hechuras tuvo el segundo de la tarde, humilló y se abrió en las verónicas con las que le recibió Alberto Gómez. Evidenció falta de fuerzas, por lo que el público lo protestó. Se apagó pronto el de Cuadri en la muleta de Gómez, que puso voluntad y espacio en los embroques. Faena con poca historia y mal final a espadas.

Toro de emoción fue el quinto. Amplio, largo y con una cruz que superaba la barrera. 642 kilos de bravura que salió rematando con brío en los burladeros y protagonizó un tercio de varas agitado, vibrante, en el que fue tres veces al caballo y empujó con casta. En gesto de valor, uno de los monosabios aguantó al caballo en pie en la primera acometida del morlaco. Recibió el miembro de la cuadra de picar una de las grandes ovaciones de la tarde. Brindó Alberto Gómez al público, puso entrega; demasiado compromiso para poca experiencia. Además, se atascó con los aceros.

Tan embarullado como vibrante resultó el saludo de capa de Román al tercero de la tarde. Puso garra el valenciano, que ordenó poco castigo. En el segundo tercio, destacó un par de banderillas de El Sirio, que se asomó al balcón. Brindó Román al público. Las hechuras no fallaron y fue una alegría ver a un Cuadri embestir con bravura, con el hocico barriendo el albero, y comprobar como un torero joven se compenetró con él. Ligazón en las dos primeras tandas con la diestra, embarcando con gusto las embestidas. El dominio de la escena del valenciano y su naturalidad hacen muy interesante esta versión de Román, que ya el año pasado dio un toque de atención en la corrida de Cuadri. Hubiera paseado trofeo de no haber pinchado y tener que hacer uso del descabello. Merecida y aclamada vuelta al ruedo.

Manseó el sexto, al que costó picar y banderillear. Muy parado en la muleta, Román mostró disposición, pero pronto tuvo que cambiar el simulado por el estoque de verdad, con el que no estuvo atinado.

Las consecuencias de la escalofriante cogida que sufrió el diestro de Lorca Paco Ureña en la corrida del sábado en Valencia son evidentes. Además del traumatismo craneoencefálico del que fue atendido y el corte en la frente, el diestro fue diagnosticado ayer de tres costillas fisuradas.

Finalizada la corrida el sábado, Ureña viajó hasta su domicilio. Sin poder descansar por los dolores de la paliza, ayer pasó por la Clínica La Moraleja (Madrid), donde descubrieron tres costillas rotas. Pese a las molestias el torero tiene la intención de hacer el paseíllo el próximo miércoles en Santander.

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