Rafaelillo abre la puerta grande en Pamplona tras enfrentarse a los 'miuras'

Rafaelillo sale a hombros de la plaza de toros de Pamplona./Efe / Jesús Diges
Rafaelillo sale a hombros de la plaza de toros de Pamplona. / Efe / Jesús Diges

El murciano se juega la vida y obtiene premio a su esfuerzo en la Feria del Toro

FRANCISCO OJADOS

Última de la Feria de San Fermín

Coso
Plaza de toros de Pamplona. Corrida de toros. Última de abono de la Feria de San Fermín.
Astados
Seis toros de Miura, grandes y cornalones, blandos los tres primeros, con complicaciones cuarto y quito y noble el último.
Rafaelillo
de rosa y oro, una oreja y una oreja tras aviso.
Javier Castaño
de tabaco y oro, una oreja y ovación.
Rubén Pinar
de carmín y oro, silencio y una oreja.

Llegaba el final de San Fermín. Tras una semana de fiesta, horas antes del 'pobre de mí', se lidiaba en la monumental pamplonesa la corrida del legendario hierro de Miura.

Alto y abierto de cuerna –casi un metro entre pitón y pitón- fue el primero de la miurada. Rafaelillo apostó desde los inicios por el triunfo y recibió al primero de rodillas con una larga cambiada y un farol, para una vez en pie torear de forma vibrante a la verónica y rematar de revolera. La faena devino lastrada por la falta de fuerzas del astado, que perdió las manos antes de la faena de muleta. Quizás por ello no brindó Rafael, que vio que el pitón más potable era el izquierdo y por ahí llevó al burel con largura, sin renunciar a una buena composición, pese a que en uno de los primeros naturales el pitón le pasó rozando la pechera. Fue faena de tiempos, de terrenos y de distancias, sin agobios, adornada con tres molinetes de rodillas antes de volver a cruzarse con el astado para extraer con dulzura los medios muletazos que tuvo el Miura. Mucho oficio de Rafaelillo, que recetó un estoconazo en lo alto de rápido efecto, lo que le valió para pasear la primera oreja del festejo.

El cuarto fue el toro más voluminoso de esta Feria, con 660 Kilos. Largo como un tranvía. Rafaelillo lo saludó de rodillas, a la verónica, con valor, y en una oleada se llevó el 'miura' por delante el chaleco del torero y la capa. Cuidó Rafael al gigante en varas y brindó su faena al público. Quiso comenzar rodillas en tierra y se permitió el lujo de un cambio de mano antes de sacar al toro al tercio. Allí dejó la muleta puesta para ligar. Con enorme valentía aguantó las miradas y los parones del 'miura', que no se entregó, y a la salida de un molinete, cuando tenía al diestro en el punto de mira, alargó el cuello y le propinó a Rafaelillo una voltereta impresionante. Voló por los aires el murciano, que regresó a la cara del astado sin chaquetilla y sin chaleco. Rafaelillo volvió a ganarse al público pamplonés, que le pidió la oreja que le permitía salir en hombros tras una gran estocada cobrada al segundo intento. Premio ganado a pulso y que necesitaba un torero que esta temporada no estaba teniendo a la diosa Fortuna de su parte. Por eso, por el premio al sacrificio, afloraron las lágrimas en el rostro de un gran profesional que merece mejor trato.

Mastodóntico pero proporcionado fue el primero de Javier Castaño. 'Miura' de embestida suave. Pronto se lo llevó a los medios el salmantino que, firme de plantas, acompañó el viaje del animal a media altura, consciente de flojedad del cornúpeta. Le faltó orden al trasteo pero el remate a espadas resultó fantástico. Rodó sin puntilla el de Zahariche y le valió la oreja a Castaño. Muy amplio de cara fue el quinto. El inicio de faena de Castaño tuvo una gran puesta escena, al torear sentado en una silla. Fue toro con un complicado pitón izquierdo, pero que se dejó torear por el derecho. Por ahí tuvo mayor aseo el quehacer de Javier, quien incluso se gustó en algún muletazo. La estocada esta vez no fue tan eficaz.

Embistió cruzado y se quedó muy corto en el capote de Rubén Pinar el tercero. Fue toro sin poder, deslucido y de embestida defensiva. Las ganas de Pinar le llevaron a estar más tiempo del necesario delante del ejemplar de Zahariche, que en dos feos derrotes le puso muy cerca del rostro los pitones a Rubén, que pinchó antes de la estocada. El último toro de la feria se llamó 'Limonero'. Sacó nobleza y lo brindó desde el centro del ruedo el manchego, que toreó con templanza. Fue faena larga en la que Pinar dio fiesta antes de cobrar una estocada entera, algo caída, pero muy eficaz. Un merecido trofeo fue su premio.

Pero el premio más importante fue para Rafaelillo, que por segunda vez en su carrera se iba de esta plaza en hombros.

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