Puntos de vista

Hay quien se enamora de un cortafiambres, quien se niegan a escupir en una cata y quien opta por no salir de la sala de máquinas

SERGIO GALLEGOMurcia

La máquina de cortar fiambre que expone la empresa Panasa tiene un color rojo Ferrari precioso. Si la ves funcionar, hipnotiza, pero si te pones a los mandos, al otro lado de la máquina, te enamoras de ella de por vida. De hecho, Tomás Fuertes, presidente del Grupo Fuertes, fue uno de los que apreciaron su suavidad y se interesó vivamente por las condiciones de la máquina.

En las diferentes catas de vino que se organizan en Murcia Gastronómica suelen estar los profesionales más experimentados de la Región, quienes intentan enseñar un aspecto del vino que les gusta desproporcionadamente. Están los que siempre usan la escupidera, porque tiene que conducir o porque quiere seguir catando más vinos a lo largo del día, y no es cuestión de saturarse o perder facultades. Otros no parecen haber aprendido a escupir (o no quieren hacerlo) y utilizan las catas como el punto de partida para seguir disfrutando de la Calle de las Tapas con dos copas de vino en el cuerpo.

Una familia viene sin niños, para disfrutar más tranquila de la oferta gastronómica. Otra trae a sus tres retoños, los coloca en la zona Minigourmet en un par de talleres y en la ludoteca, y obtienen así cuatro horas de libertad controlada.

Unos voluntarios disfrutan al máximo el estar junto a grandes cocineros, mientras estos hacen todos los preparativos antes de subir por el ascensor hasta la primera planta, donde está la sala de ponencias. Otros, prefieren cocinar para el personal y estar los cuatro días entre fogones.

Y es que, como decía Dylan, siempre hemos sentido lo mismo; lo que cambia es el punto de vista.

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