Un policía murciano, junto a la cúpula del poder

El subcomisario jubilado de policía José Esteban Ortiz, con su libro./Edu Botella / AGM
El subcomisario jubilado de policía José Esteban Ortiz, con su libro. / Edu Botella / AGM

El subcomisario José Esteban Ortiz fue jefe de escoltas de los presidentes Adolfo Suárez, Calvo-Sotelo y Felipe González. Mañana, en el Aula de Cultura de 'La Verdad', será entrevistado por García Martínez, sobre el contenido de su libro 'La sombra del silencio'

PEDRO SOLERMurcia

«Contemplo este libro como un sueño, porque casi no podía explicarme que un chaval de Villanueva del Río Segura, con apenas 33 años, estuviese trabajando en la cúpula del poder. Desde La Moncloa veía la Sierra de Gredos, Somosierra, los montes del Pardo, pero me parecía que había entrado en una nebulosa, porque lo que yo quería ver, en realidad, eran la sierra del Cajal, la de Ricote o de Ulea... Me he considerado un murcianico de toda la vida. Y, dentro de ese sueño que es el libro, se cuentan muchos recuerdos, anécdotas y experiencias, que han sucedido a lo largo de seis años».

Con estas palabras inicia la charla José Esteban Ortiz, subcomisario jubilado de policía, que ejerció como jefe de escoltas de los presidentes de gobierno Adolfo Suárez, Leopoldo Calvo-Sotelo y Felipe González. Entresijos, anécdotas, rumores y hechos reales -no pocos desconocidos- serán dados a conocer mañana tarde, en el Aula de Cultura de 'La Verdad', en el diálogo, sin cortapisas, que mantendrán el periodista García Martínez, director del Aula, y José Esteban Ortiz, quien ha escrito 'La sombra del silencio. La soledad del presidente', prologado por Antonio Martínez Cerezo. Anteriormente, Ortiz, licenciado en Derecho y graduado en Criminología, desempeñó distintas tareas profesionales.

Qué
Presentación de 'La sombra del silencio. La soledad del presidente', de José Esteban Ortiz.
Dónde y cuándo
Aula de Cultura de 'La Verdad' (Salón de actos de Cajamurcia. Gran Vía Salzillo). Mañana, a las 20.00 horas. Entrada libre hasta completar aforo.

¿Cómo un 'murciano' de Villanueva pudo llegar a tan alta misión policial? «Porque yo estaba destinado en Madrid. Salió un concurso de libre designación, para cubrir ciertos puestos en el Servicio de Escoltas, cuya misión era dar protección a altas personalidades que visitan España, y a responsables designados por La Zarzuela y La Moncloa, para misiones especiales. Yo estaba ya cansado de tratar con tanto chorizo en la Brigada de Investigación Criminal, en la comisaría del distrito de Fuencarral. Era jefe de grupos operativos en la comisaría del barrio del Pilar. Rellené los papeles y me eligieron». ¿Supo por qué? «No. Esa era una decisión interna de la propia organización». Así empezó su etapa junto a Adolfo Suárez, a la que seguirían las de Calvo-Sotelo y Felipe González.

«No he visto presidentes como los que yo escolté, no sé si porque el nivel actual va decayendo»

Tan distintos y tan distantes, ¿los tres tuvieron confianza en usted? «Debió de ser así, pero es que, ya antes, en las comisarías en que uno está trabajando se asignan trabajos delicados, como me sucedió a mí, cuando me tocó estrenarme en cuestiones de este tipo con el presidente de Italia, Sandro Pertini. Cuando acabó este asunto, me dijeron que mi nuevo destino sería el Palacio de la Moncloa, donde me indicarían en qué consistiría mi misión. A partir de ese momento, cambió toda mi vida profesional».

Recuerda «las cosas, anécdotas, historias, datos..., que me impulsaron a escribir el libro». ¿Alguna se habrá inventado? «Nada. Todo lo que ha quedado escrito es auténtico. Además de tantos recuerdos, también dispongo de buena memoria y numerosas anotaciones». Y añade que se ha dedicado a escribirlo «durante casi tres años, porque yo no quería ponerme a escribir, para ir llenando páginas; sino porque quería contar lo que sé, del modo más auténtico y creo que hasta atrayente, con unas cosas graciosas y otras menos».

«Siempre he procurado ser leal y no traicionar a las personas para las que he trabajado»

¿Cuántas cosas ha guardado y no deseaba contar? «Siempre hay cosas que no se deben decir, sobre todo cuando rozan la intimidad de las personas. Si nos vamos de juerga, podría hablar de ello, pero no de ciertas cosas delicadas que pueden haber surgido, que es mejor silenciar. Siempre he procurado ser leal y no traicionar a las personas para las que he trabajado. A mí me encargaban una misión y siempre decidí cumplirla sin pasarme de la raya. Ahora lo hago igual. Aparte de esto, el libro va cargado de notas y anécdotas que nadie sabe».

¿Qué tal eran los presidentes para los que trabajó? «Irrepetibles, porque siempre supieron dar la cara. Suárez era más atractivo para la gente; Calvo-Sotelo, como un palo seco o un cara de palo, lo que no impedía que también fuese estupendo en cuestiones de gestión o administración política, además de un gran orador. Sus discursos, cuando se enfrentaba a la oposición, no eran como los de ahora. Atacaba con mucha educación y finura y no menos talento. Felipe González era la visión de un cambio joven».

José Esteban Ortiz aprovecha para hablar de algo que ha evocado de repente, y que no se relata en el libro: «Domingos y festivos, Suárez y su familia oían misa en La Moncloa. Aquello me extrañó. Pregunté por qué no asistía a cualquier templo cercano. Me contaron que era lo que siempre hacía, pero, en una ocasión, cuando el sacerdote oficiante impartió la paz, Suárez, desde el banco en que se encontraba, se volvió para dar la mano a quienes estaban en el banco de atrás; pero ninguno le tomó la mano. De ahí que Suárez hablara con un sacerdote amigo, para que fuese a oficiar la misa en La Moncloa».

El 23-F

¿Momentos más trascendentes que usted vivió? «En el libro narro cuál fue mi papel el 23-F con la familia de Suárez. Aquel día, yo había terminado mi trabajo por la mañana. Me fui a casa y, a media tarde, sonó el teléfono secreto que yo utilizaba. Me reclamaban de La Moncloa, diciéndome que me fuese para allá con lo puesto. Yo también acababa de enterarme de lo que pasaba, porque me encontraba escuchando la radio. Me hice cargo de la familia de Suárez. Se vivió una noche muy dura, como nadie se puede imaginar, porque estábamos pensando qué podríamos hacer, si prosperaba lo que estaba sucediendo en el Palacio de las Cortes».

¿Parece como si idolatrase a Suárez? «Para mí ha sido un gran líder, además de una persona sencilla y amable, que hablaba con todo el mundo. Y tengo que añadir que no he visto presidentes como los que yo escolté, no sé si porque el nivel político actual va decayendo un tanto. Daba gusto verlos participar en los plenos del Congreso. Ahora, cuando los escucho desde mi casa, me resultan aburridos. Además, había una corrección que, en gran parte, ha desaparecido».

¿Añora aquellos tiempos? «La verdad es que no. Los tengo en el recuerdo, pero no quisiera revivirlos. Es que, desde fuera, el papel que yo desempeñaba puede parecer muy bonito, muy importante; pero estar allí es otra cosa. Cuando terminé en La Moncloa, me vine a trabajar a Murcia, como asesor de Carlos Collado en temas de seguridad y, luego, como jefe del Servicio de Seguridad en la Administración regional. Así hasta que me jubilé en el año 2012».

El libro concluye -como ya se indica al principio- con la añoranza de Ortiz a todo el Valle de Ricote, en el que se ubica la localidad natal del subcomisario. Comenta sus «tradiciones desde los romanos, pasando por la cultura cristiana, morisca... Esto no tiene más razón de ser que el hecho de que he querido expresar el amor a mi tierra».

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