El parque de atracciones de Pablo

Pablo González (d) da los últimos retoques a uno de los platos./J. C. C.
Pablo González (d) da los últimos retoques a uno de los platos. / J. C. C.

El único chef con Estrella Michelin de la Región despliega un menú sobresaliente en el restaurante de Murcia Gastronómica

Daniel Vidal
DANIEL VIDALMurcia

A uno le dicen de comer en casa de Pablo González y le alegran el día, aunque nunca sabe hasta qué punto. Ahí está quizá una de las claves del éxito del único chef con Estrella Michelin de la Región de Murcia, que no deja de sorprender, de llevar la gastronomía (y la felicidad culinaria) a otro nivel, y es lo que volvió a demostrar ayer con el menú que desplegó en el restaurante habilitado en Murcia Gastronómica, al que trató de aportar el alma de su 'cabaña' en la Finca Buenavista. Un menú, por cierto, cuyas reservas estaban agotadas desde hace semanas. Porque aquí la palabra 'menú', concebida como una simple sucesión de platos que conforma una comida, empieza a quedarse corta. ¿O es la pasión propia de quien paladea semejante espectáculo de olores, sabores y texturas?

El repertorio de Pablo González (La Cabaña Buenavista), era lo más parecido a meterse directamente a un parque de atracciones gastronómico. Del mar a la tierra, de lo tradicional a lo exótico para volver a lo tradicional y regresar a lo exótico... con un punto de tradicional. El clásico equilibrio de Pablo, que comenzó a deleitar al personal con partes del atún: mormo en escabeche y galete con alubias coronado con espuma de amontillado. Uno de los platos -'plato' aquí también se queda bastante corto- más celebrados fue uno de los que actualmente presenta el chef en la carta del restaurante: gamba roja con yuca, cecina y 'flor de ostra' que, por si algún despistado gastronómico no sabe de qué se trata, es algo que podría parecer un rastrojo cualquiera del monte, pero que tiene un sabor exquisito que recuerda al de una ostra. De ahí el nombre.

Prosiguió el festival culinario de nuestro chef más influyente con un impactante ceviche de vieira con tomate de árbol y mole, y un plato cuyo protagonista principal era un langostino de Nueva Caledonia oscurecido por 'culpa' del plancton ingerido por este entrañable 'señor con bigote' oceánico. 'Obsiblue' con crema de espárrago ahumado, se llamaba la creación. Para continuar, unos tallarines 'a la carbonara' y pesto de Huacatay, que venían sucedidos de un huevo cocinado a 62 grados durante 50 minutos, con callos de bacalao y crema de maíz ahumada, y todo ello rematado con un solomillo de buey al punto exacto con tupinambo y microverduras que no se lo saltaba un crudivegano. Todo ello maridado con los vinos de Casa Rojo.

Por si no fuera bastante el terremoto de sensaciones, faltaba el dulce de leche con frutos secos y tierra de chocolate y, como guinda del pastel, unas cosas llamadas 'Petit Fours' que, al fin y a la postre, resultaron ser unos dulces con los que se acompañó el café. Elaborados por Pablo González, claro, pasaron a ser ya esos últimos pasos del montañero (gastronómico) que corona la cima más alta de las más deliciosa 'montaña rusa' culinaria en la Región. Bienvenidos al parque de atracciones de Pablo.

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