París reconstruye el museo secreto con los tesoros de Claude Monet

Obra 'Joven en el baño', de Renoir, que se puede ver en la muestra.
Obra 'Joven en el baño', de Renoir, que se puede ver en la muestra. / AFP

El Marmottan presenta un centenar de obras que pertenecieron al patriarca del impresionismo, celoso de mostrar su colección

FERNANDO ITURRIBARRÍAPARÍS

Pintor famoso, pero coleccionista secreto. Claude Monet cultivaba un jardín oculto a la sombra de sus célebres nenúfares de Giverny. En el dormitorio de su casa-taller, en un meandro del Sena, atesoraba una colección privada reflejo de sus gustos artísticos. Este santuario íntimo y personal ha sido reconstituido en el museo Marmottan de París, que por primera vez corre el velo de una pasión disimulada. El resultado es la intromisión gozosa desde hoy en el panteón sentimental del patriarca del impresionismo.

'Monet coleccionista' es una exposición única. Hasta el 14 de enero presenta un centenar de obras procedentes de diversas pinacotecas que tienen como común denominador el haber sido alguna vez propiedad del más célebre de los impresionistas. Las firmas de Delacroix, Corot, Manet, Renoir, Caillebotte, Cézanne, Pissarro, Rodin, Signac y Toulouse-Lautrec componen un fascinante museo privado nunca visto en público. «Soy un egoísta. Mi colección es para mí solo... y para algunos amigos», confesaba a sus visitantes de más confianza su celoso propietario.

La colección cayó en el olvido tras ser dispersada parcialmente a la muerte de Monet (1840-1926). Su hijo Jean vendió buena parte de ella para financiar sus safaris por África. Se separó sobre todo de las piezas más cotizadas, como los Corot, los Renoir o los Cézanne. Lo que le quedó, lo legó íntegramente al morir en 1966 al museo Marmottan, que alberga el mejor fondo mundial de la obra de Monet.

La única lista exhaustiva de la colección secreta desapareció en 1940. Fue destruida en el bombardeo de los archivos notariales donde se guardaba durante la Segunda Guerra Mundial. La ausencia de inventario ha obligado a una labor detectivesca a los comisarios de la inédita retrospectiva. Marianne Mathieu, responsable de las colecciones del Marmottan, y Dominique Lobstein, historiador del arte, han buceado para reflotarla en testimonios, entrevistas, memorias, correspondencias, archivos, periódicos y documentos de la época.

Monet formó su colección en tres tiempos. Primero con los regalos de otros artistas, luego con los trueques entre colegas y finalmente con las compras de caras obras maestras cuando ya era un pintor famoso y adinerado. «Es una selección extremadamente coherente, complementaria a su propia creación. No cuelga cualquier cosa ni pinturas que se parezcan a las suyas. Opta por artistas que afrontan los mismos problemas pero que proponen soluciones diferentes», explica Mathieu.

El núcleo inicial son retratos familiares regalados por otros pintores. Destaca la única representación de Monet en compañía de su esposa, Camille, obra inconclusa de Manet. Posan en el barco-taller en el que el artista vivía y trabajaba fascinado por los reflejos cambiantes a lo largo del día en el agua circundante.

Posteriores son las donaciones de su amigo Caillebotte, como unos crisantemos testimonio de su afición conjunta a los jardines, o 'Campesinas plantando ramas' con que Pissarro pagó parte de un préstamo que le concedió Monet para que construyera su casa. También figuran dos pequeñas esculturas eróticas de Rodin, una de ellas hallazgo de los comisarios con una dedicatoria en la base «al gran maestro C. Monet».

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