Novillada sin brillo

Pablo Aguado en un momento de la faena.
Pablo Aguado en un momento de la faena. / Laforet

La única vuelta al ruedo de la tarde fue para el tercer novillo de Ana Romero, en la quinta jornada de la Feria del Arroz

FRANCISCO OJADOS

Novillos de encaste Santa Coloma, del hierro de Ana Romero, se lidiaron en la quinta tarde de la Feria del Arroz de Calasparra. Cuatro de ellos a punto de cumplir de toros. Alguna oreja podrían haber paseado los diestros, pero no anduvieron acertados a espadas.

La tarde

Plaza de toros de Calasparra.

Quinta novillada con picadores de la XXVIII Feria del Arroz. Más de media entrada. Seis novillos toros de Ana Romero, el tercero premiado con la vuelta al ruedo

Pablo Aguado: de corinto y oro, silencio tras aviso y ovación con saludos.

Leo Valadez: de azul eléctrico, silencio tras aviso y silencio.

Alfonso Cadaval: de celeste y oro, ovación con saludos y silencio.

El primer novillo de la tarde tuvo hechuras de toro. Pablo Aguado, su matador, le alargó las embestidas con la capa, con conocimiento del oficio. Con un picotazo se cambió el tercio. Brindó el de Sevilla al público. Tuvo recorrido y metió la cara con claridad el de Ana Romero por el lado derecho y por ese pitón llegaron los momentos más lucidos de la faena, embarcada la embestida en series ligadas. Empaque tuvieron los doblones finales y cuando tenía el trofeo en la mano pinchó en dos ocasiones antes de viajar la espada a los costillares.

Tuvo nobleza el cuarto, aunque le faltó gas. Lo entendió el sevillano, que con buen pulso tiró del novillo en una faena trabajada, en la se mostró como un novillero muy hecho. La media tendida derivó en el mal uso del descabello y, de nuevo, en la pérdida de trofeo.

Se gustó Leo Valadez en un quite por lopecinas ante el segundo de la tarde. En banderillas hubo momentos de apuro al hacer presa el burel a Ramón Moya, que pasó a la enfermería, donde se le apreció un «varetazo en región perianal y pisotón en tibia izquierda», según el parte del doctor Robles, que lo derivó a centro hospitalario para estudio radiológico. Brindó el hidrocálido al respetable una faena que acabó resultando anodina, pese a su voluntad y a que el animal se movió, aunque sin ir metido en la muleta. Pinchó.

Insulsa resultó la faena al quinto. La extendió el torero buscando una conexión con la grada que nunca llegó, sobre todo por la falta de emoción del astado. Una estocada defectuosa puso fin a la labor de Valadez.

Fue aplaudido de salida el cárdeno tercero. Perdió el capote de primeras Alfonso Cadaval, quien lanceó después con gusto a la verónica. Fuerte castigo recibió el bovino en un puyazo en el que empujó con bravura al caballo. Embistió con calidad el de Ana Romero a la muleta, firmando una faena clásica, de buen gusto, el sevillano, que no acertó con la espada. Perdió los trofeos, mientras que el novillo recibió el premio de la vuelta en el arrastre.

El sexto fue un novillo astifino y voluminoso. Picado atrás, quedó para la muleta reservón. Embistió al paso y con la cara por la nubes, creando complicaciones a Cadaval, que tuvo que abreviar.

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