«La nación de naciones es un imposible»

El historiador José Álvarez Junco./R. C.
El historiador José Álvarez Junco. / R. C.

El catedrático José Álvarez Junco cree que «cada generación reescribe la historia para adecuarla a su realidad política»

MIGUEL LORENCIMadrid

Madrid. ¿De qué hablamos cuando hablamos de nación? José Álvarez Junco bromea y pide «dos o tres horas» para dar respuesta a una pregunta que late en las más de seiscientas páginas de 'El relato nacional' (Taurus), el ensayo que firma el catedrático junto a Gregorio de la Fuente Monge. Subtitulado 'Historia de historia de España', repasa los inicios del concepto de nación española, una historia plagada de mitos, tergiversaciones y fantasmagorías nacionalistas. Nada raro si se tiene en cuanta que «la historia de las naciones se reescribe cada veinte años» y que «ni España ni la historia son términos estables».

«No hay acuerdo ni entre académicos ni entre autores, y en cada caso el concepto de nación responde a posiciones previas», advierte. Pero enseguida recurre «a los académicos más sólidos» para dar una formulación consensuada del término: «Es un grupo humano que cree compartir unas características culturales a partir de las cuales se afirma como sujeto de la soberanía sobre un territorio».

Lo que sí tiene muy claro, como estudioso de los nacionalismos, es que «lo de nación de naciones es un imposible». «Racionalmente la nación es única, por definición y por la construcción lógica del discurso», asegura cuando se le pregunta por las formulaciones de España como «nación de naciones» o de «realidad plurinacional». «No es el asunto de este libro, aunque reconozco que todo es reformulable», plantea. «A veces, por razones de oportunidad política y para salir de un punto muerto, se puede conseguir que un círculo sea un cuadrado si todos estamos de acuerdo y es útil para la convivencia», dice.

Eso sí, dejan claro ambos autores que esta formulación «no tiene encaje constitucional» con nuestra actual Carta Magna. «Quizá se pueda en Bolivia, cuya constitución habla de plurinacionalidad, pero en nuestro marco constitucional no cabe», precisan. «Nuestra constitución habla de una nación soberana con regiones y nacionalidades y dice que la soberanía reside en el pueblo, al que nadie apela», aclara De la Fuente.

Para contar estas historias de la historia y volviendo al libro, deja claro Álvarez Junco que «todo relato tiene algo de construcción intelectual». «Un ser humano es una realidad, un relato histórico no», acota. «Que nadie me pregunte qué día nació España, que es un majadería. Una nación no es una realidad; ni nació tal día ni morirá tal otro; es una construcción mental, que también es una realidad», enuncia.

No en vano, en el prólogo del libro advierte de que «ni España ni Historia son términos estables». «La idea fundamental del libro es la negación del esencialismo, de que las naciones son eternas», aclara el catedrático. «Ni España ni ninguna nación es eterna ni inmutable». «Si aceptamos que es un término de significado cambiante, podemos aceptar que alguna vez se dijo algo por vez primera sobre esta parte del mundo que llamamos España. Fueron los griegos hablando de Iberia, pero es mito», insiste.

Y es que el mito juega un papel clave en la construcción de las historias nacionales, plenas de «tergiversaciones» que son «manipulaciones directas y fantasmagorías en el caso de los nacionalismos». «La Historia se origina en el mito, pero evoluciona hacia algo más documentado y a hechos irrebatibles. Pero aún así, los hechos se pueden insertar en un marco conceptual y contar un hecho como la Guerra Civil bajo distintos prismas», argumenta.

«Si eres nacionalista dirás a tu hijo que en la Guerra Civil luchamos contra los españoles que defendían una dictadura y nosotros a la República. Obviarás y tergiversarás, porque alaveses y navarros le dieron a Franco un contingente de 80.000 efectivos que nadie le ofreció en el país, y que quienes bombardearon Madrid, que era donde se defendía la República, eran los carlistas vascos, entre otros», plantea.

Ejemplo de Estados Unidos

«Cada era reformula su pasado para adecuarlo a su presente. Cada generación tiene que reescribir su Historia en función de su realidad política», reconoce Álvarez Junco, que pone como ejemplo a Estados Unidos. «Paradigma del antiimperialismo en sus orígenes, han creado un país tan potente que se han visto obligados a expandirse e intervenir en cualquier conflicto mundial. Y eso tienen que justificarlo con un relato y recurren a la expansión de la democracia», sostiene.

También en España «hemos adecuado el relato», dice. «Seguimos reescribiendo la Historia, que hasta finales del franquismo era un relato de fracaso, ingobernabilidad y beligerancia. Pero después vino la transición y el éxito de los años 80, aunque a partir de 2004, con el atentado, la crisis económica de 2007 y la crisis catalana, volvimos a deprimirnos y cambiar el cuento, porque las naciones se cuestionan su relato cada 20 años», señala.

Ya que cita a Cataluña y sabiendo que los historiadores son refractarios a los futuribles: ¿con Cataluña qué? «Nadie sabe qué puede ocurrir», se desmarca Álvarez Junco. «Los independentistas se han metido en una dinámica demasiado optimista y proactiva, creyendo que el Gobierno del PP les favorecía, y han echado un órdago muy fuerte, aunque da la impresión de que no tienen los suficientes apoyos sociales», hace notar. «De aquí a octubre veremos cosas muy raras. Habrá una nueva demostración de fuerza pero se verá que el apoyo no es mayoritario y habrá elecciones», vaticina.

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