Una matriarca con mucho swing

Lole Montoya, junto al contrabajo, durante su actuación del sábado en la Cumbre Flamenca./Javier Carrión / AGM
Lole Montoya, junto al contrabajo, durante su actuación del sábado en la Cumbre Flamenca. / Javier Carrión / AGM

Lole Montoya, Patriarca Flamenco de la Cumbre, presentó su aflamencado e 'Inolvidable Sinatra'

PATRICIO PEÑALVER

Lole Montoya comenzó su actuación con un clásico de Antonio Machín: 'No me vayas a engañar', recordando que llegó a conocer al cubano y que esta canción la cantaba ella por las calles; el sábado la interpretó con aires jazzísticos y por bulerías. A la Montoya se la veía feliz con ese galardón: Patriarca Flamenco, que cada año entrega la Cumbre Flamenca y que en esta edición sería por primera vez para una 'Matriarca'. Su noche en esta cumbre fue la de la presentación de su nuevo trabajo, que rinde tributo a Sinatra, en la que estuvo acompañada por un cuarteto con mucho swing, que le daba cierto aire nuevo al bolero que a continuación interpretó con voz aterciopelada.

Lole Montoya, con los característicos melismas de su voz y en una actuación que iba 'in crescendo', realizaba unas series de preciosas adaptaciones de la canciones más conocidas de Frank Sinatra, como 'Fly me to Moon' o 'Something stupid', traducidas al español, o 'El amor es algo maravilloso', hasta hacer una hermosa versión de la canción 'Historia de Amor'.

Después de un solo instrumental en el que se lucía a sus anchas el cuarteto, comenzaba esa segunda parte con canciones de Lole y Manuel, banda sonora de toda una generación, que ahora con estos aromas de jazz suenan a flamenco postmoderno. Y comenzó con uno de aquellos himnos, la canción 'Nuevo día', que se lanzó en 1975 y ahora sonaba diferente: «El Sol, joven y fuerte, ha vencido a la Luna, que se aleja impotente del campo de batalla. La luz vence tinieblas por campiñas lejanas, el aire huele a pan nuevo, el pueblo se despereza, ha llegado la mañana».

En la muy buena actuación de Lole Montoya, que ya se había calentado en esta fase final, de nuevo retomaba otro temazo en versión jazzística: «Érase una vez, una mariposa blanca / que era la reina de todas las mariposas del alba, / se posaba en los jardines /, entre las flores más bellas, / y le susurraba historias al clavel y a la violeta». Para acabar, escogió 'Dime', del álbum 'Pasaje del Agua', de 1992, haciendo un pequeño recorrido por su historia discográfica con esas letras que enganchan: «Dime si has mentido alguna vez / y dime, cuando lo hiciste, / sentiste vergüenza de ser embustero. / Dime dime dime, / si has odiado alguna vez, /a quién hiciste creer un cariño de verdad, dime». Después de ese ramillete de canciones, ¿qué más decir? Pues lo que la Montoya vino a cantar en su bis, que es maravilloso amar.

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