Maluma sube la temperatura en Murcia

Maluma, arropado por sus bailarinas, durante su concierto en La Condomina/Javier Carrión/ AGM
Maluma, arropado por sus bailarinas, durante su concierto en La Condomina / Javier Carrión/ AGM

Una Plaza de Toros abarrotada sin precedentes se rinde al reguetón del cantante colombiano

Marta Semitiel
MARTA SEMITIELMurcia

A ritmo de hormiga circulan los coches por los aledaños de la Plaza de Toros de Murcia a las ocho de la tarde de este viernes 22 de septiembre. A ritmo de hormiga y con una placenta de precaución que envuelve sus carrocerías. Miles de personas anegan las aceras, invaden la calzada, ajenos a la entrada del otoño en la Región, ajenos al 1-0 catalán, ajenos a la manifestación pro-soterramiento que tiene lugar en la Plaza del Cardenal Belluga, ajenos a dos carteristas que se frotan las manos entre ellos.

La cola para ver a Maluma en concierto rodea el coliseo, lo envuelve, lo aprieta, lo mima, lo asfixia. En la puerta principal, la cabeza de una joven se mete entre las rejas, presa de su propia libertad. Se llama María José, es venezolana y lleva desde las siete de la mañana agarrada a los barrotes. Ha venido desde Jávea (Valencia) junto a Natalia, su mejor amiga, la culpable de que ella tenga entre sus manos una entrada para ver al ídolo reguetonero del momento: "Es mi regalo de cumpleaños", dice con la emoción de 21 primaveras asomadas a sus ojos felinos.

Se abren las puertas y ambas se deslizan con su sonrisa y juventud hacia la pista. El desfile de tacones, minifaldas, escotes perfumados y sonrisas es interminable. De pronto pasa una ambulancia, a duras penas, por la calle; una cámara graba la entrada del séquito de adolescentes que se precipita hacia la arena, una pareja celebra el momento con un beso, una niña llora y su madre la coge de la mano. "Está asustada, con tanta gente... Es que solo tiene siete años, pero estaba como loca por entrar. Hemos venido a traer a su hermana, que tiene 13, pero claro, la pequeña no se ha querido quedar fuera", dice entre el orgullo y la justificación.

- ¿No cree que algunas de las canciones de Maluma son un mal ejemplo para sus hijas, por sus mensajes machistas?

- Hombre, pues algunas sí, pero las tienen más que oídas ya, y como son tan pegadizas y están tan de moda, no puedes prohibirles escucharlas.

Señoritas 'Sin contrato'

Una hora antes de que comience el espectáculo, el dúo Crítika y Sáik se adueña del escenario y sorprende a unos seguidores que no son suyos —pero que tararean a la perfección sus letras— con 'Lo que nunca te dije'. Son Sergio Bello (Crítika) y Miguel González (Sáik). La pareja de tenerifeños se presenta como grupo telonero de Maluma: "Espero que este ratito con nosotros se lo pasen muy bien, ¡porque nosotros con ustedes nos lo vamos a pasar que te cagas!", exclaman entre vítores. A sus 19 y 20 años, la pareja pisa fuerte el escenario. Tras 25 minutos de gloria, se despiden con un tema elegido a la perfección: 'Imposible olvidar’. Desaparecen. Suenan canciones de Maluma. El público baila como si la antesala del concierto fuera una fiesta multitudinaria de pueblo. De pueblo grande. Las gradas se llenan con la misma lentitud de los coches que circulaban por la calle horas antes.

22,36. Se apagan las luces. Se encienden las cámaras de los móviles. Empieza la locura. Cuatro minutos interminables de expectación. La música atrona en los estómagos. Los móviles iluminan brazos en alto. Cañones de humo se preparan para la guerra musical. Un estallido de serpentinas en el aire. Bailarinas. Y entonces él, Juan Luis Londoño Arias, Maluma, con su chaqueta de punto hasta las rodillas, vestido de negro, con una barba cerrada que no corresponde a sus 23 años de edad, con su moñete de futbolista, unas gafas de sol a lo John Lennon y un micrófono dorado entre sus manos: 'Borro Cassette'.

"Una pregunta: ¿Dónde están las señoritas sin contratos, o sea, donde están las mujeres solteras?”, clama el cantante al finalizar su primer tema. Gritos femeninos anegan la Plaza de Toros en respuesta: Son sus fans más incondicionales, sus seguidoras acérrimas, las que bailan cada uno de sus temas como si fuera a acabarse el mundo al final de la canción. Para ellas es ese intento de balada con el que el cantante presume de voz y da comienzo a 'Sin contrato'. Acaba. Se quita la chaqueta. Sus brazos tatuados de gimnasio enloquecen a las chicas sin contrato. No nos engañemos: a las contratadas también.

Su mejor versión

Un segundo intento de balada hace acto de presencia al comienzo de 'Desde esa noche', tema que compartió con Thalía. Las fans vip, las que más cerca se sitúan del escenario, le lanzan regalos: un peluche de panda, un sujetador negro. Al primero lo abraza, al segundo lo coge con un par de dedos, como con miedo. Su cara de pillo, su sonrisa de niño malo, su movimiento de caderas, sus pies enfundados en unas Vans negras. Es el chico de moda y cada parte de su cuerpo lo sabe. Lo sabe y lo disfruta. Es el cantante del momento y por eso tiene la plaza abarrotada hasta la bandera. Ha triunfado y lo sabe. Lo sabe y lo presume, con la misma chulería que dicen los de su tierra 'Cuando tú quieras me llamas'.

Y tras ese alarde de arrogancia, la ternura. "¿Cuántos de ustedes creen en el amor?", pregunta antes de confesarse como el mayor creyente de todos los presentes y pedirles que "enciendan las luces de sus móviles por las víctimas del huracán que azotó el Caribe y por todas las personas que han perdido su vida en México. Vamos a mandarles luz a todos aquellos que tienen que reconstruir sus vidas, porque nosotros somos unos afortunados, por estar aquí compartiendo este momento, respirando". A la tercera va la vencida: el público le aplaude y él comienza 'Vuelo hacia el olvido', la balada real, su tema más pop, más romántico, más tierno, su otro lado, la cara que oculta tras sus letras denigrantes, esa que se avergonzaría de cantar 'Cuatro babys', la que alza el entrecejo, cierra los ojos, se emociona y se agarra al micro como a un clavo ardiendo.

Reguetón con feromonas

La ternura se disipa con la misma rapidez con la que llega. Maluma vuelve a subir la temperatura, algo difícil en Murcia, pero fácil para él allá donde va. "Me han dicho que aquí está la gente más animada de España, las mujeres que mejor bailan reguetón de España", asegura, pero lo quiere comprobar con 'Puro chantaje', el éxito que canta junto a Shakira. El público enfurece, enloquece, se envilece, se evade, invade, da, delira, se apasiona, suda, se fascina, se enajena. El lado izquierdo de la plaza compite con el lado derecho por ganar en admiración a Maluma. Sus gritos al compás amenazan con desbocar la noche y desbordarla. Hasta el graderío atestado quiere salir por la puerta grande.

'Felices los cuatro' llega a medianoche, con una base de salsa y un Maluma pletórico, vestido de rojo. El público le ovaciona, le canta, no se rinde. Tras casi dos horas de concierto, Murcia ha dejado de ser Murcia esta noche, adiós a los huertanos, los moros y cristianos, las costumbres, las fiestas, las tradiciones. Murcia presume ser única y enteramente de Maluma por una noche y, como las amantes de sus canciones, se le entrega de la forma más fiel y sexual imaginable. El reguetón más duro de Maluma destila feromonas. Es indudable.

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