Rubén Pozo: «Estar trescientas noches sin dormir no te garantiza una canción»

Rubén Pozo: «Estar trescientas noches sin dormir no te garantiza una canción»

El que fuera mitad de Pereza presenta en Murcia su último trabajo en solitario, 'Habrá que vivir', con el que regresa a su lado más eléctrico y radiante

ALBERTO FRUTOS

Las canciones de Rubén Pozo saben, huelen, seducen, engañan y enamoran, aunque luego no acuden a la cita, siempre ataviadas con los ropajes del rock and roll. Y lo mismo ocurre con sus respuestas, al filo de la navaja y la ruptura, sí, pero también de la carcajada amiga y la frescura de quien tiene las ideas tan claras que, si uno se fija y escucha con detalle, podría observar a través de ellas. Su último disco, 'Habrá que vivir', completa, junto al estupendo 'Lo que más' y el atrevido 'En marcha', una trilogía de guitarras canallas, toque añejo y pantalones pitillo que se acostumbran a madrugar con la que el madrileño mantiene las señas de identidad de su lenguaje artístico, ese que marcó para siempre el culto de Buenas Noches Rose y el éxito masivo de Pereza, sus dos anteriores bandas, pero que sirve también para confirmar la excelencia de su avispada tinta y su olfato para llegar a la meta llamada estribillo por el camino más enrevesado y, justo por eso, atractivo posible. Letras y melodías que desprenden un embriagador aroma a calle y portal, acera y caña al sol, poesía escrita en la pared más cercana y radio a todo volumen. Combinación firmada por el demonio de sombra Stone y caricia Rodríguez que, en nuevos temas como 'Algo que decirle al mundo', 'Santa Rita', 'Guitarra española' o 'Apartando la mirada', deja una huella tan contagiosa como relevante. Canciones con las que, además, Pozo regresa a la electricidad más rabiosa e incontestable, a las formas menos estudiadas, a los solos de guitarra en vena y, lo mejor, a esa actitud marca de la casa que pasa de largo cuando resuena el eco de las modas y tendencias. A continuación, hablamos con él.

RUBÉN POZO MURCIA

Dónde Sala REM. Cuándo Sábado 12, a las 22.30 horas. Cuánto 12€/16€ Completa
Javier Miñano.

-Por favor, ayúdeme, ¿cómo tenemos que pronunciar 'Habrá que vivir', con tono de resignación o de entusiasmo? Quizá se trate de equilibrar ambos conceptos, ¿no?

-Si nos ceñimos a la canción del disco a la que hace referencia se podría añadir: «¡qué remedio!».

-Aunque en esta nueva entrega todavía quedan baladas y momentos para la pausa y el baile a cuatro pies, la sensación que transmite el disco es que tenía ganas de pulsar de nuevo los latidos más rockeros de su repertorio. ¿Había especial hambre de electricidad?

-Sí. Ganas de rocanrolear mientras el edificio se quema, de tener algunas piezas más enérgicas y urgentes para redondear un repertorio de directo. Tengo muchos medios tiempos y todos ellos, seguidos en concierto, pueden dar sensación de pastosidad. Ahora ha subido el octanaje en las actuaciones.

-El sonido que recorre todas y cada una de las canciones tiene mucho de clásico y tradición, de ausencia total de artificio y vuelta a lo básico. ¿La crudeza era un elemento esencial en el planteamiento inicial de 'Habrá que vivir'?

-Es un disco de guitarras. Sin pensar en el estilo. De banda tomándose una lata de birra de la máquina de refrescos del local mientras toca. Ese es el traje de unas canciones a las que estuve dando forma durante un año y medio en casa con una guitarra española y un cuaderno.

-Tengo la sensación de que en este disco las canciones miran más hacia fuera que hacia dentro. ¿Comparte esta idea?

-Sí, va de soltar. Es rocanrol, pero sin reivindicarse a sí mismo. Da igual el estilo. Siempre deseé tener un disco de estas características.

-¿Hasta qué punto cree que un artista puede escribir una canción sin volcar algo de sí mismo en ella?

-La cosa es que funcione, de verdad. De la manera que sea. Tus sentimientos, los de otro o lo que te imaginas. Por lo menos en mi caso es así. Si tuviera que hacer el pino para que un estribillo funcionara lo haría.

-Un éxito tan brutal como el que vivió con Pereza, ¿deja más brindis memorables o cicatrices que pican de vez en cuando?

-Depende del día. Mi presente es bastante exigente con mi atención. No suelo ponerme a recordar cosas pasadas mirando por la ventana con ojos soñadores mientras llueve fuera. Cuando tenía diecisiete años era más nostálgico y soñador. Ya no creo en dragones. Pero, volviendo a la pregunta, me siento privilegiado por haber vivido algo como Pereza. Soy afortunado. Brindo por ello.

-Y después de un fenómeno musical y social como aquel, ¿se empieza a volar solo con menos miedo a las alturas?

-Me encanta volar. Los problemas vienen cuando uno está en tierra. Albatros o gorrión, pero siempre volar.

-¿Reivindicarse en una industria como la suya es un ejercicio voluntario u obligado?

-Va por venazos. A veces estás más echado para adelante y bocazas y otras veces más reservado y de perfil bajo, pero el mensaje final siempre es el mismo: «Escuchad este disco, venid al concierto, no os arrepentiréis, de verdad».

-¿Qué cosas son las que le provocan vértigo al Rubén Pozo de 2018?

-Tener para comprarle un chándal a mi hijo. Pagar el alquiler. Que me dé para pagar los impuestos. Comprar comida. Esta cosa de ser un Sísifo contemporáneo y empezar cada mes de nuevo. Bueno, y hacer parkour por los rascacielos de Nueva York.

-¿Una canción se puede esconder en cualquier lugar?

-En la memoria. Dentro de la cabeza. Puede viajar por todos los aeropuertos del mundo y ser indetectable en cualquier control de aduanas.

-¿Cuántas noches sin dormir cuesta una buena canción?

-Estar trescientas noches sin dormir no es una garantía de que al final vayas a tener la canción. Ni emborracharte como Bukowski ni echarle doce horas diarias de trabajo compositivo monacal. A veces todo sucede en una hora y a veces en un año. A veces ni llega a suceder. Ten cuidado, los manicomios están llenos de gente que arrastra una canción a medio hacer.

-¿Considera que a las nuevas generaciones les cuesta más gritar eso de 'It's only rock and roll (but i like it)'?

-Yo creo que sí que lo gritan. Con cosas que no son esa canción de los Rolling, pero les produce el mismo sentimiento de «esto me encanta aunque los eruditos y los guardianes de la virtud digan que es una mierda». Y está bien que así sea. Rock & roll no son los tres acordes del 'Johnny B. Goode' y sonar a los años cincuenta norteamericanos. Afortunadamente. Rock'n'roll es ese sentimiento que te ayuda a tomar aire mientras todo a tu alrededor es una mierda irrespirable. Cada generación lo crea según sus circunstancias y las herramientas que tiene a su alcance. Cambia la forma pero el fondo es el mismo: «Ponme ese tema de nuevo y que le den a todo».

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