«Componer y cantar me sana; sin música estaría muerta»

La cantautora albaceteña Rozalén./
La cantautora albaceteña Rozalén.

Rozalén Cantautora La artista manchega publica su tercer álbum, 'Cuando el río suena', un disco en el que se lanza a bucear dentro de su propio ADN

ALBERTO FRUTOS

Permitidme la confianza y el apoyo en una modalidad de periodismo cercana, quizá demasiado, al terreno de las batallitas. Doce años atrás, una altura en la que ya nada parece que fue ayer, tuve la oportunidad de escuchar a Rozalén en una de sus versiones más emocionantes. Acompañada solamente por su guitarra y su voz, desgranando los secretos de sus textos y encontrando el punto exacto en el que las melodías se deslizan por el nudo de la garganta sin más presión que la de convertirse en recuerdos. Aquella artista, ya lo era entonces, compartía habitación en el Colegio Mayor Azarbe, madrugaba y trasnochaba de manera ejemplar, siempre ofrecía una conversación interesante, incluso cuando los temas eran los más livianos del mundo, y combinaba los viajes en autobús a la universidad para estudiar Psicología con las canciones más hermosas del mundo. También lo eran entonces. Y lo siguen siendo ahora. Era cuestión de tiempo y, como sucede siempre en este tipo de acontecimientos, las agujas del reloj se dieron más prisa de lo normal por alcanzar la hora exacta en la que su talento rompió en mil pedazos las paredes de ese cuarto y comenzó a expandirse por recintos llenos de miles de personas. La primera sorprendida fue la propia Rozalén, quien ha observado con progresivo asombro, y sin pizca de falsa modestia, cómo su carrera se ha asentado como una de las más exitosas y respetadas de los últimos años de esta España tan incomprensible y caótica. A lo largo de sus tres notables trabajos discográficos, 'Con derecho a...', 'Quién me ha visto...' y su última obra, 'Cuando el río suena...', Rozalén ha entregado un buen puñado de canciones escritas a base de caricias y heridas, cicatrices y suspiros, (mucha) realidad y las dosis justas de ficción. Y, de manera inevitable, aún resuenan en todas ellas los ecos de aquella voz que nos acompañó, y lo continúa haciendo, en la compleja e inevitable tarea de crecer, que nos arrancaba cien y unas lágrimas cuando le cantaba a los amigos que se fueron antes de tiempo, siempre lo hacen, y que te rodeaba como un abrazo en medio del desierto. Aprovechamos uno de los pocos descansos que le regala su apretada agenda para charlar con ella.

-¿Habitan más discos en este nuevo trabajo que en los dos anteriores?

-Sin duda. Me han pasado cosas tan bestias durante el proceso de creación de 'Cuando el río suena...' que me he dejado un cachito de alma en él. Porque, además, no son solamente cosas mías, sino revolver a mi familia, obsesionarme tanto con algunos miembros de ella que ya están en otra dimensión y sentirlos tan presentes... He vuelto a creer en los fantasmas, pero tengo mis razones, ¿eh?

LO QUE DICE Experiencias «Me han pasado cosas tan bestias durante el proceso de creación [...] He vuelto a creer en los fantasmas» Letras «'Justo' es la canción que más orgullosa me hace sentir, porque no puede ser más redonda» A ella misma «Le diría: 'Quién te ha visto y te verá'. Y le animaría a que siguiera haciendo las cosas con autenticidad» Su trabajo «He analizado muchas canciones que tratan temas muy delicados para no hacer daño» Intereses «Tenemos que ir sin etiquetas; estoy abierta a todo tipo de música»

-¿Hasta qué punto desnudan estas nuevas canciones a Rozalén?

-Hombre, me guardo algún secreto, aunque solamente sea por vergüenza, pero no he podido ser más honesta con ellas. Le he dado millones de vueltas a todo y, al final, pues te da un poco de pudor decir 'mira, lo he cantado todo', pero es que este disco me ha sentado tan bien... Ha sido una terapia brutal, un viaje en el que he trabajado en las canciones más que nunca. Al final, se trata de compartir las cosas, si a ti te sirve, ¿cómo no le va a servir a los demás?

-¿Dónde nos llevan los puntos suspensivos de 'Cuando el río suena...'?

-Lo de los puntos suspensivos ya es una tradición (risas). Refrán inacabado para que cada uno lo acabe como quiera.

-Asegura que la canción que abre el disco, 'La puerta violeta' es Feminismo e Igualdad, así con mayúsculas. ¿Qué les diría a aquellos que consideran que estos términos nunca pueden ir unidos?

-No tengo ni idea, no sé qué les pasa. En algunas de las últimas entrevistas que he hecho me han puesto incluso titulares sobre este tema en tono enfadado, como si fuera algo malo. En algunos casos hay un desconocimiento total. Y, aún así, se lo explicas, les pones el diccionario delante y te siguen diciendo que no, que unir esos dos términos no es bueno. Yo me pregunto, ¿por qué no es bueno si significa lo mismo? Lo contrario al machismo significa hembrismo, y no tiene nada que ver. Hay mucho que hacer en este tema. De todos modos, con este disco me están llegando muchos mensajes preciosos sobre este tema, pero cuando viene uno y te suelta alguna burrada, sinceramente, algunas veces te dan ganas de tirar la toalla. Pero no, tenemos, debemos ser feministas.

-¿Empezamos a declarar 'Justo', tema dedicado al hermano de su abuela, desaparecido en la Guerra Civil, la mejor canción que ha escrito en su carrera?

-Yo lo creo así. Me parece lo mejor que he hecho en mi vida, la canción que más orgullosa me hace sentir, porque no puede ser más redonda. Empecé a escribir sobre él, sobre Justo, sin esperar encontrar nada, pero al final resultó todo un poco surrealista. Es como si él me hubiera llevado donde le hubiera dado la gana. De repente, empecé a obsesionarme y a soñar muchísimo con él, lo que me llevó a entrevistar a mi abuela. Empezar a escribir una canción sobre la persona desaparecida de tu familia y acabar encontrándola es algo muy bestia. Todo lo que había estudiado en Psicología sobre las fases del duelo y lo que ocurre ante un desaparecido, pude sentirlo después de ver su nombre en un registro. Era algo que tenía la obligación de contar.

-¿Hasta qué punto han puesto las cosas difíciles las letras de este disco? Temas como 'El hijo de la abuela' son puro encaje de bolillos.

-Sin duda, no me dejan tiempo ni para respirar (risas). Lo de las melodías y meter mucha letra es algo que va mucho conmigo desde el principio. Por otra parte, está el fondo. He analizado muchas canciones que tratan temas muy delicados para no hacer daño, para ver de qué manera contar estas historias de la mejor manera posible sin molestar a nadie. Eso sí que me ha costado.

-¿Cuánto ha pesado la música tradicional latinoamericana en el proceso de composición del disco? Canciones como 'Antes de verte' con Kevin Johansen o la versión de 'Volver a los diecisiete' de Violeta Parra son dos ejemplos bastante claros de esta influencia.

-Ha tenido un peso total. Yo escucho muchísima música latinoamericana. Además de las dos canciones que mencionas, también está 'La puerta violeta', que tiene influencias de Julieta Venegas, 'Girasoles', que tiene sonidos africanos mezclados con reguetón y ritmos urbanos o 'Tu nombre', que tiene mucha esencia mexicana.

-Otro de los elementos a destacar en este nuevo trabajo son los detalles electrónicos, ¿tenía ganas de abrir su música a ellos de una manera más contundente?

-Por supuesto, tenemos que ir sin etiquetas y sin prejuicios. En ese sentido, vuelvo a ella, me gusta especialmente la versión que hemos hecho de la canción de Violeta Parra, que empieza a voz y tambor y termina en drum and bass. Es algo muy marciano que creo que sorprende mucho a la gente y que tendrá su importancia en el directo. Estoy abierta a todo tipo de música, quiero aprender de ella.

-¿Qué le diría a esa Rozalén que componía canciones en una habitación del Colegio Mayor Azarbe de Murcia?

-Le diría: 'Quién te ha visto y quién te verá'. Y le animaría a que siguiera haciendo las cosas con autenticidad porque seguro que así dormiría mejor.

-¿Cuántas veces le ha salvado la vida una canción a Rozalén?

-Muchísimas, el componer y cantar me sana. Pero ya no solo las mías, sino también las de otros artistas. Sin música estaría muerta.

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