Apisonadoras emocionales y bailes descompasados

Franz Ferdinand durante su actuación en la plaza de toros de Murcia./Vicente Vicéns/ AGM
Franz Ferdinand durante su actuación en la plaza de toros de Murcia. / Vicente Vicéns/ AGM

León Benavente y los murcianos Viva Suecia triunfan en una noche con unos Franz Ferdinand a medio gas

ALBERTO FRUTOSMurcia

Pocos elementos se antojan más idóneos para celebrar la llegada de una madrugada que el sudor, la entrega y la honestidad. La excusa para confirmar esta teoría era, en esta ocasión, una nueva edición de la Bienvenida Universitaria Welcome Estrella de Levante, es decir, la manera musical de recibir a los nuevos universitarios que recorrerán próximamente las calles de Murcia. Sin embargo, entre el público era bastante más común encontrarse con personas para los que los estudios parecían estar más relacionados con el recuerdo que con una nueva aventura adolescente. Una noche sin límite de edad, y mejor así, dividida en tres conciertos que, sobre el papel, conformaban una oferta musical de estilos tan diferentes como apetecibles. Y contrastados.

Los encargados de romper el hielo, tarea siempre complicada, fueron los murcianos Viva Suecia, quienes regresaban a casa para confirmar, de la forma más contundente posible, que el presente está en sus manos. Se acabó de hablar de promesas de futuro, canciones como ‘Los años’, ‘Palos y piedras’, ‘Permiso o perdón’ o ‘Piedad’, ya suenan, aquí y ahora, a clásicos. El estado de gracia en el que se encuentran Rafa Val, Alberto Cantúa, Jass Fabric y Fernando Campillo, cómplices en el disfrute de cada segundo sobre las tablas, impregna cada momento de un directo en el que, a los temas ya mencionados, se suman instantes de hipnótica belleza como ‘Acabaremos muriendo en ello’ o ‘¿Nos ponemos con esto?’; explosiones de rock melódico de primer nivel, con ‘El nudo y la esperanza’ a la cabeza; novedades con las que mantener vivo el entusiasmo (‘Casi todo’) y, por supuesto, ese tridente de oro formado por ‘A dónde ir’, ‘Bien por ti’ y una ‘Hemos ganado tiempo’ con la que el baño de masas es casi obligado. Si se trataba de dar el pistoletazo de salida a la noche, Viva Suecia prendió fuego a la alfombra roja. La intensidad estaba servida y dependía de León Benavente no permitir que se bajara el elevadísimo listón.

Por si alguien tenía dudas, no, la banda liderada por el gran Abraham Boba no falló en su misión y cumplió con todas y cada una de las expectativas depositadas en ellos. A estas alturas, y tras numerosas visitas a la Región, su espectacular directo es algo que, prácticamente, se da por sentado, teniendo la certeza de que los errores brillarán por su ausencia y que cada elemento de esta tormenta de rock salvaje y explosivo encajará a la perfección. Y la noche del viernes no fue una excepción. Desde esa ‘Tipo D’ que hubiera firmado el mismísimo Jim Morrison hasta la excelsa ‘Ser brigada’, León Benavente activo los mecanismos de su maquinaria más pesada para arrasar con todo a su paso. Impecables a nivel instrumental, nada nuevo bajo el sol, la banda rozó el punk en ‘California’, subrayó la esencia de hit de la espléndida ‘La vida errante’, gritó a pleno pulmón ‘Revolución’ y, por encima de todo, nos recordó que, en lo que respecta al ámbito de las letras, pocos están a un nivel tan memorable como ellos. Es lo que tiene contar con alguien como Boba, un tipo que ya demostró un talento asombroso en sus imprescindibles discos en solitario y que ha alcanzado nuevas cotas de genialidad costumbrista y poética en temas como ‘Gloria’, la muy Stooges ‘Celebración (Siempre hacia adelante’) o ‘Habitación 615’, probablemente, su cima como autor. Canciones todas ellas que, en su salto al escenario, crecen en potencia y delirio rock. El resultado final, una vez más, destaca por la capacidad de controlar cada una de estas pequeñas ceremonias del apocalipsis. Y es que, el ruido, con León Benavente, está detrás de la ventana, pero también en su reflejo. Otro gran concierto que sumar a su envidiable lista.

Por último, tras la catarsis colectiva, Franz Ferdinand decidieron que el desenlace sería bailado, una opción mucho más frívola, sí, pero igualmente convincente. Así, con la seguridad de que, después de la tormenta, la calma puede rimar con zapatos gastados, los escoceses aparecieron con un buen puñado de novedades positivas y algunas malas noticias. Las primeras se resumen, casi todas, en las estupendas sensaciones que despiertan los temas que aparecerán en su próximo disco, ‘Always Ascending’, cuya publicación se espera para el nueve de febrero de 2018. En este sentido, atención a las notables ‘Lazy Boy’, ‘Feel the Love Go’ y, especialmente, ‘Paper Cages’, estrenos que, junto al tema homónimo, nos ofrecen las suficientes garantías como para esperar con impaciencia el quinto trabajo de los de Glasgow. No parece que el cambio en su sonido vaya a ser demasiado arriesgado, pero, oye, a veces es mejor asegurar el resultado, y más cuando hace tiempo que no te la juegas. Por el contrario, menos ilusionante es comprobar como la banda activa el piloto automático a la hora de enfrentarse a sus grandes clásicos. Y es que, lástima, el público de la plaza de toros de Murcia tuvo que aportar el entusiasmo y el ímpetu necesario para que temas de la talla de ‘Take Me Out’, ‘Do You Want to’, ‘Jacqueline’ o ‘Michael’ brillaran a su altura, mientras Kapranos y los suyos transmitían la sensación de estar cumpliendo con la parte más aburrida e inevitable del contrato. Menos mal que siempre nos quedará la potencia inquebrantable de ‘Ulysses’, ‘Love Illumination’ y ‘Walk Away’, la gran vencedora del repertorio por pura emoción.

Un pequeño derrape en la última recta que no empaña, ni mucho menos, una noche que, por encima de cualquier cosa, nos dejó la certeza de que, incluso en los días más confusos, y aquel viernes marcado por independencias improvisadas, banderas descolocadas e incertidumbre general en cada esquina lo era, siempre nos quedará un estribillo con el que rompernos las gargantas, una melodía que nos aísle de la oscuridad y un recuerdo en forma de canción al que ir dando forma. No es mal comienzo para una bienvenida.

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