Más allá de los prejuicios

Aspecto que presentaba el estadio Nueva Condomina, el viernes por la noche, durante el concierto./ VICENTE VICÉNS / AGM
Aspecto que presentaba el estadio Nueva Condomina, el viernes por la noche, durante el concierto. / VICENTE VICÉNS / AGM

La gira Operación Triunfo 2017 arrasa en Murcia con un concierto que sirvió para confirmar tanto su renovada condición de fenómeno fan como el talento de muchos de sus nuevos representantes

ALBERTO FRUTOS

Lo mejor que tiene la locura transitoria, subrayada por el estruendo y la garganta desatada, es que deja un mapa de esplendorosas certezas cuando pasa. Y, otra cosa no, pero locura, en el concierto de Operación Triunfo 2017 celebrado la noche del pasado viernes en el estadio de la Nueva Condomina de Murcia, hubo en dosis tan altas como abrumadoras. Tanto las personas que llevaban días esperando a las puertas del recinto, capaces de soportar el calor de un verano que no entiende de compasión, como aquellas que llegaron con el tiempo justo para ocupar su localidad antes de que sonaran los primeros acordes, cerca de veinte minutos después de la hora prevista y correspondientes a la reconocible sintonía del programa, disfrutaron a lo grande de un espectáculo orientado, básicamente, a confirmar las estupendas sensaciones que dejó el programa durante su emisión. La primera diferencia, eso sí, fue contar con la presencia de música en directo de la mano de una estupenda banda liderada por Manu Guix que arroparon con su probada versatilidad y profesionalidad cada uno de los casi cuarenta temas que se interpretaron a lo largo de una noche marcada, claro, por el triunfo.

Y es que, si bien es cierto que el partido estaba ganado de antemano teniendo en cuenta la brutal expectación generada desde que se anunciara la llegada de los dieciséis participantes del programa a la Región, algo que quedó demostrado en las interminables colas que se agolpaban en cada esquina del estadio y que provocó pequeños caos organizativos a la hora de entrar al recinto, vivir en directo un fenómeno de estas dimensiones, mayor incluso que el obtenido por aquella primera edición que parecía insuperable, es toda una experiencia. Pero hay algo todavía más importante: las canciones. Calma, ya llegamos.

EL CONCIERTO

Artistas
Operación Triunfo 2017
Dónde y cuándo
Estadio Nueva Condomina. Viernes, 6 de julio
Calificación
Bueno

Bien, a estas alturas, entrar a debatir sobre el porcentaje exacto de importancia que tiene la música en este espectáculo se antoja un ejercicio tan aburrido como prescindible, básicamente porque, casi cinco meses después de su final, cambiar la posición de defensores y detractores es imposible. Al menos, queda la esperanza de que aquellos que continúan entregando lecciones de cultura amparados en la crítica y el prejuicio más feroz han dejado de sufrir el (supuesto) castigo de tener que asistir cada lunes a la tortura delante del televisor. Ya se sabe, los que disfrutamos de Operación Triunfo 2017 no tenemos ni idea de música, estamos ciegos, sordos e hipnotizados y nuestra cura es poco menos que una utopía.

La banda liderada por Manu Guix arropó con su profesionalidad cada uno de los 40 temas Amaia consiguió lo que parecía imposible: hipnotizar al público desde la sencillez

Y es que, aunque parezca increíble, todavía existen personas incapaces de entender que uno puede pasarse una mañana entera tarareando 'Lo malo', el éxito omnipresente interpretado por Aitana y Ana Guerra, y, horas más tarde, disfrutar de la escucha de 'Blonde on Blonde' de Dylan, '19 días y 500 noches' de Sabina, 'Something Else' de The Kinks, 'Modern Vampires of the City' de Vampire Weekend o 'Kid A' de Radiohead, por poner varios ejemplos titánicos. Los talones ni se rozan, claro, pero una canción nunca debería anular a otra desde la comparación destructiva. O, al menos, no quedarse en ese punto sin tratar de mirar y escuchar más allá. De hecho, una de las novedades más satisfactorias que trajo Operación Triunfo 2017 fue la oportunidad de disfrutar de un repertorio semanal con el que millones de jóvenes espectadores pudieron descubrir la obra de figuras esenciales como Víctor Jara, David Bowie, Aute, John Lennon, Ray Charles, Michael Jackson, Queen o Marvin Gaye, entre muchos otros. La clave, en definitiva, está en escuchar a un estadio repleto de público adolescente cantando a pleno pulmón clásicos como 'Don't Dream It's Over' de Crowded House o 'Don't You Worry 'Bout a Thing' de Stevie Wonder. Ahí está el punto de inflexión y el (inmenso) mérito.

En cualquier caso, y volviendo a la noche del viernes, el concierto transcurrió sobre el guion esperado, sin demasiadas sorpresas por el camino, certificando la histeria general, capaz incluso de dificultar seriamente la tarea de escuchar lo que se interpretaba desde el escenario, y reflejando el talento de aquellos concursantes que, casi desde el primer día, demostraron ser algo más que un estereotipo al que se le notan las costuras. En ese sentido, los mejores momentos estuvieron protagonizados por Aitana ('Chandelier', 'Issues'), Ana Guerra ('La Bikina'), Miriam ('Hay algo en mí', 'What about us'), Alfred ('Que nos sigan las luces') y, por encima de todo y todos, Amaia. La flamante ganadora de la edición, que ya demostró a lo largo del concurso estar a años luz del resto de compañeros y compañeras en lo que respecta a talento puro, consiguió lo que parecía imposible: hipnotizar al público desde la misma emoción y sencillez.

Amaia canta y algo sucede, tan indescriptible como fascinante. No importa que todo alrededor sean gritos, lágrimas y desmayos, hablamos de una artista capaz de parar el tiempo. Y eso fue lo que ocurrió en sus duetos de la noche junto a Ana Guerra ('Todas las flores'), Roi ('Shape of you'), Aitana ('Con las ganas') y, claro, Alfred, en 'Tu canción', salvada del azúcar por el entusiasmo general, y una 'City of stars' que se convirtió en uno de los momentos más especiales de la noche. La sonrisa tonta y cómplice era inevitable. Y mejor así.

Mención aparte para su sobresaliente interpretación de la maravillosa 'Shake it out' de Florence and the Machine y, sobre todo, para su versión a piano y voz de 'Miedo', una de las mejores canciones de la trayectoria de la banda murciana M Clan a la que inyectó una mezcla de sensibilidad vocal y perfección técnica digna de aplauso.

Un oasis de desnudez artística en medio de un concierto mucho más centrado en la espectacularidad donde, en el lado de la balanza destinado a las sorpresas agradables, destacaron la entrega escénica de Ricky en el siempre agradecido 'Let me entertain you' de Robbie Williams; la pirotecnia vocal de Nerea ('Quédate conmigo'), Marina ('The Voice Within') y Agoney ('Eloise'); el derroche de sensualidad y personalidad de Mimi con 'A-YO'; el dúo de novedades formado por 'Por una vez más' y 'Esta vez', singles de Roi y Cepeda, respectivamente, que demostraron funcionar mucho mejor en su forma íntima del directo que en sus versiones de estudio; y el inicio y cierre grupal protagonizados por 'I'm still standing', una de las joyas más destacadas del repertorio ochentero de Elton John, y 'La revolución sexual', el himno erótico festivo de La Casa Azul.

Por último, mucho menos inspiradas resultaron las apariciones de Raoul ('Million Reasons'), Mireya ('Corazón vendío'), Juan Antonio ('A puro dolor') y Thalía ('Cenizas'), cuyas interpretaciones, pese a ser vocalmente correctas y estar realizadas con una agradecida entrega, no dejaron poso alguno, faltando ese toque emocional y distintivo que marca realmente la diferencia entre lo especial y lo rutinario.

Pequeños y aislados bajones de ritmo para una noche que, en definitiva, ofreció exactamente lo que prometía, ni más ni menos, y que sirvió para comprobar en directo la resurrección total de un fenómeno que muchos daban por muerto y enterrado. Y lo mejor, con diferencia, es que, en esta ocasión, el nivel general de los representantes del formato está muy por encima del de sus predecesores.

Por supuesto, será el tiempo el encargado de situar a cada uno de estos dieciséis jóvenes en el lugar que les corresponde dentro del panorama musical, aunque, insisto, los elegidos y elegidas para permanecer sobre el mapa, tanto nacional como internacional, parecen bastante claros, pero, de momento, el aquí y ahora habla de aclamación popular y fenómeno fan en toda regla.

Y esta situación, especialmente para aquellos que les acompañamos durante más de tres meses en ese breve pero intenso camino de la nada al todo que realizaron desde el compañerismo, la generosidad, la tolerancia, el esfuerzo y la entrega, tanto individual como colectiva, alejada de toda competitividad insana, no deja de ser una alegría compartida. Lástima que eso suponga la mirada condescendiente y apenada de muchos expertos en la materia. Hay cosas que no cambian ni aunque la evidencia de estar ante algo diferente y especial sea tan clara. Cuestión de escuchar más allá de los prejuicios. Y de la locura.

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