Qué maravilla

Crítica de teatro

La Zaranda regresó el domingo a Molina para cautivar al público con 'Ahora todo es noche'

Qué maravilla
Antonio Arco
ANTONIO ARCO

Qué bendición. Esta compañía de cómicos maravillosa e itinerante por el mundo que es La Zaranda, qué bendición; y qué bendición este último espectáculo que presentaron el domingo en el Teatro Villa de Molina, 'Ahora todo es noche', con el que celebran sus cuarenta años de trayectoria y tan absolutamente perfecto y sencillo en su forma, y tan impactante en la desoladora belleza que encierra, en su desbordante y desgarradora poesía, en la contundencia con la que muestra la miseria aterradora en la que viven, sin esperanza, millones de seres míseros y sin futuro, aquí encarnados todos ellos en tres mendigos de esos con los que, cada vez con más frecuencia, solemos tropezarnos en aceras y cajeros automáticos. De esos a los que miramos con temor, a veces; de esos con los que no nos gustaría tener que cruzarnos ni de frente ni de lado en nuestro camino.

Así fue

Obra:
'Ahora todo es noche'
Autor e iluminación:
Eusebio Calonge.
Intérpretes:
Gaspar Campuzano, Enrique Bustos, Francisco Sánchez.
Dirección y escenografía:
Paco de la Zaranda.
Compañía:
La Zaranda (Teatro Inestable de Ninguna Parte).
Representación:
Teatro Villa de Molina, domingo 12 de noviembre de 2017.
Calificación:
Excelente.

Qué bendición la fuerza con la que golpean el corazón encogido del espectador, qué bendición el modo en que sobrevuelan sobre su espíritu, su estado de ánimo, su conciencia, su capacidad de sorpresa, su humanidad, dejando caer sobre lo más profundo de su ser una lluvia fina de puñales y rosas que tiene el poder de no apagar el fuego, sino que lo aviva sin alimentarlo de odio: el fuego de la indignación, la rebeldía, el amor propio y el amor al teatro, la dignidad, la memoria. Qué bendición de texto ha escrito una vez más Eusebio Calonge, qué bendición de actores -el propio Paco de la Zaranda (Francisco Sánchez), Gaspar Campuzano, Enrique Bustos-, y de iluminación -también de Eusebio Calonge- y de escenografía y de dirección -Paco de la Zaranda-. Todo tan sobrio, tan potente, tan verdadero. Tres pobres hombres, como tres tristes tigres, como tres vagabundos andaluces de Beckett, como tres antiguos reyes de la pista de un circo arrasado por un diluvio de basuras y cieno.

Tres mendigos, tres vagabundos, tres sombras que no importan a nadie, que no existen para nadie, que no importa que mueran, se arrastran con sus harapos y con sus mugrientas maletas hacia ninguna parte, desolados, inocentes, agotados. Qué bendición de viaje escénico hacia la crudeza feroz que encierran la injusticia y el abandono, qué luz tan oportuna que arrojan sobre las vidas vacías que nos acechan y seducen, qué gozada de oración escénica. Bendita Zaranda, que ilumina los teatros por los que pasa -por cierto, entre ellos algunos de los más consagrados del mundo-, rescatando a los espectadores de las tinieblas.

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